Otra vez mugre en la UdeG

Hace muchos años, cuando la generación del 68, hubo entre los estudiantes udegeístas un personaje a quien siempre se le encontraba entre los fieles de la grey etílica. Jamás faltaba a una celebración colectiva, de obvia gratuidad. Interrogado por cualquiera en torno a cómo se hallaba o en qué la rolaba, su respuesta era infalible: ‘Pos aquí nomás, en el mero epicentro del desmadre’. Cuando se le pasa revista a nuestra universidad estatal, sus conocedores reales podrían patentar la respuesta de aquel pícaro de nuestra juventud: otra vez en el epicentro del desorden financiero, de la desmesura simuladora, del raquitismo intelectual. Otra vez, pues, en el epicentro de los escándalos, muestras de su descomposición real, aunque sus panegiristas se esfuercen en encubrirla.

Por los días que corren regresaron a candilejas algunos de sus puntos negativos. Vino el asunto de la construcción del estacionamiento subterráneo en la plaza de Mexicaltzingo, una obra pública del ayuntamiento tapatío, como muchas otras que promueve Enrique Alfaro, el alcalde. Éste llegó a encabezar el ayuntamiento con una votación muy amplia a su favor. De inmediato buscó mostrar a su universo de votantes que no habían errado en su apreciación, que sería un alcalde con sensibilidad colectiva.

Dentro de lo actuado en este sentido, la decisión de favorecer al cine Diana y al barrio de Mexicaltzingo con un estacionamiento en los sótanos del jardín de dicho barrio, no tendría mayor complicación. Es posible que hasta hubiese recibido el aplauso mayoritario, aunque nunca falten detractores. Sin embargo el asunto generó tirria y oposición en cuanto se dio a conocer. La molestia se manifestó de golpe y no únicamente entre los vecinos, que son los posibles afectados directos, sino también entre otros bloques de la urbe tapatía.

Para explicarse la razón de la molestia, habrá que entender una de las fuentes clave en la simpatía por la que se volcó el electorado a favor de Alfaro. Una, y no la menos importante, provino de su declaración abierta de antipadillismo. Desde que Alfaro quiso ser candidato a gobernador por el PRD, Padilla y sus turiferarios le llenaron de piedritas el buche para impedirle que lograra tal objetivo. No fue candidato por el PRD. De ahí provino la ruptura abierta entre ambos personajes. La simpatía del público tomó partido por Alfaro.

La lección de este enredo es sencilla de captar. Si el público hizo suya la postura de Alfaro dentro de tales lances confusos de la vida política, le avaló para que enfrentara al cacique universitario. Le entregó la estafeta del poder para que pusiera freno a un dinosaurio local. Los saurios son arbitrarios con el pandero político. Algunos resultan más deleznables que otros. Padilla ya ha avanzado demasiado lejos en estos atajos. Si Alfaro prometía detenerlo, había que apoyarlo. Hace tres años no logró llegar a gobernador. Pero la alcaldía la consiguió con suficiencia de votos. No se benefició sólo él con este bono democrático, sino que llevó a la palestra de las alcaldías a sus equiperos de otros ayuntamientos de la zona metropolitana, como Zapopan y Tlaquepaque.

Por tanto, ahora resulta obtuso para toda la población tapatía el dato de escuchar, de labios de la administración alfarista, que construirá un estacionamiento subterráneo en la plaza del barrio tradicional de Mexicaltzingo para favorecer al grupo Padilla. ¿Fueron engañados los tapatíos cuando tomaron partido por Alfaro en su enfrentamiento con el cacique de la UdeG? ¿Fueron falsos los deslindes declarados, que le generaron a Alfaro el torrente electoral con el que aplastó al equipo del denostado cacique en la disputa abierta por curules y alcaldías? ¿Es Alfaro otro político más, de los que abundan en nuestra parcela de rutina de la grilla, mentiroso e insufrible?

Mal se iba aplacando un tanto el bochinche del estacionamiento, cuando aparecen en el escenario dos bólidos nuevos de difícil interpretación. El primero de ellos, la declaratoria expresa de Ricardo Padilla Gutiérrez de tener abierto interés por convertirse en el próximo rector de nuestra máxima casa de estudios. El segundo tronó con fuerza toda plana explicativa. Desde la tribuna de la Secretaría de la Función Pública inhabilitó a la UdeG para licitar obra pública.

La SFP dio a conocer recién el dictamen de inhabilitación a la UdeG en materia de construcción en el que se informa que la prohibición se extiende a un año. El castigo le viene por falsear información sobre la construcción de una clínica del IMSS en Los Cabos, BCS. Es apenas punta de manga de los dolos que se han de encubrir en dicho rubro por parte de la UdeG. ¿En qué otras partes del país o tal vez del mundo promoverá obras de construcción? Y más: ¿desde cuándo anda nuestra bella universidad local metida en tales bretes y en calidad de qué? ¿Qué anda haciendo en otros lados buscando lo que no se le perdió?

Si están acostumbrados los que le mueven sus giros escondidos a no rendir cuentas o a falsearlas, si es que aportan informes, esos cuándos y esos dóndes vienen a ser relevantes para tomarle el pulso a tales manipuladores. Los críticos de los malos manejos de nuestra universidad se han esforzado mucho en pintar nada más el perfil de su cacique. La literatura sobre el diseño de la personalidad de Padilla es más que abundante. Pero está claro que es tarea pendiente desentrañar muchos otros capítulos oscuros y confusos, suyos y de los malandrines que le rodean y que han sido poco trabajados. Los bufetes de ajustes fiscales y administrativos, incrustados en la maraña del no rendimiento de cuentas y de la impunidad asfixiante que padecemos, lo han facilitado.

Dicen algunos que todo apunta a que se anuncian nuevos tiempos en los controles de la UdeG; que este apretón de tuercas desde la federación es mensaje abierto al equipo de Padilla. Así fuera tan sólo para enderezar lo que ha estado tanto tiempo chueco, sería una buena noticia, de ser cierta. Pero se sostiene con alfileres la postura de que ya venga el relevo del equipo que medra y despluma el presupuesto de la UdeG. El titiritero puede ser relevado por quienes lo impusieron y sostienen, cuando ellos lo quieran. Pero los actuales escándalos no apuntan con solidez a afirmar la intención de tal medida. Quizás buscan sus jefes hacer que corrija nada más, que reparta, que bombee para arriba los recursos que obtiene aprovechando la oscuridad de la noche financiera.

De seguir con sus malas prácticas, ya recibió un jalón de orejas. Padilla y sus secuaces sabrán si corrigen o no la plana. Pero suponer que tal equipo será desaforado y suplantado, que entrará al relevo un personaje ya defenestrado antes por el propio Padilla, el tal Ricardo Padilla Gutiérrez, el tal Chuki, el tal medio hermano de Raúl, es fantasear demasiado. De estos nexos y quimeras habrá que ocuparse un poco más en artículos posteriores. Salud.