Impune, el maltrato animal en Guadalajara

La creación de una instancia municipal para proteger los derechos de los animales en Guadalajara no es un avance real, puesto que no realiza sus funciones. Al menos es el caso de los caballos utilizados para jalar las calandrias en el centro histórico de la capital jalisciense, que trabajan hasta la extenuación aunque padezcan severas lesiones.

La Dirección de Gestión Integral de los Derechos de los Animales, encargada de dar seguimiento a casos de maltrato en Guadalajara, no ha sancionado el agravio que sufren los caballos de calandrias en el centro histórico de la ciudad, denuncia Anayeli Gálvez Robles, activista por los derechos de los animales y exmiembro de la asociación AnimaNaturalis.

La dependencia municipal, a cargo de Merilyn Gómez Pozos, recibe 275 mil pesos mensuales para su operación y conoce las malas condiciones en que se encuentran los animales mencionados, pero no hace nada al respecto, insiste la abogada penalista Gálvez Robles:

“Si bien la actual administración es la primera que cuenta con una Dirección
de Protección Animal, no ha funcionado. Se está haciendo una simulación de trabajo; su propio reglamento no lo hacen valer. No cuentan con los expedientes adecuados. Su trabajo es una simulación.”

El pasado 23 de julio falleció mientras jalaba una calandria un caballo llamado Pantera, de nueve años, que según el reporte correspondiente presentaba una lesión en pata trasera. Se pidió el apoyo al ayuntamiento, pero nada pudo hacerse para salvarlo.

Antes se habían registrado al menos dos incidentes que revelan la grave situación de los equinos. El 12 de agosto de 2015 uno de esos animales se desplomó en el cruce de la avenida Vallarta y la calle Argentina. El 29 de julio de 2016, otro sucumbió al peso de su carga sobre avenida Chapultepec, lo cual indignó a quienes fueron testigos y ocasionó que se suspendiera seis días el servicio de calandrias.

A raíz de estos hechos, la Unidad de Protección Animal (UPA) sometió a los animales a una revisión. Entre otros resultados, se retiró del servicio una yegua que presentaba fractura de cadera.

Gálvez Robles solicitó conocer, vía Infomex, si se habían aplicado sanciones por los incidentes que revelan maltrato a los animales, y la respuesta fue que hasta la fecha “no ha habido alguna sanción administrativa en contra de algún calandriero”, pese a que el maltrato animal está tipificado como delito en el Código Penal de Jalisco desde mayo de 2014.

“Guadalajara ya no está para que circulen calandrias jaladas por caballos, el caballo va detrás del camión oliendo monóxido de carbono”, señala Gálvez Robles.

Reglas rotas

La Dirección de Gestión Integral de los Derechos de los Animales incumple su propio reglamento en diversos apartados del artículo 46, que se refiere al “cuidado de los animales considerados para el trabajo, como son los de tiro, carga o monta recreativa”.

En primer lugar, dicho artículo estipula que la UPA está obligada a realizar revisiones médicas a los caballos “al menos cada tres meses”, para certificar si se encuentran en condiciones para desarrollar sus labores.

A través de la solicitud de información con folio 01925817, se pidió evidencia de la “condición médica de los caballos de calandrias que transitan en el municipio de Guadalajara”, así como las fechas de revisión desde octubre de 2015 a la fecha.

En la respuesta se comprobó que sólo se ha realizado una revisión a los caballos, en julio de 2016, posterior al incidente en avenida Chapultepec.

En la gráfica de revisión de los caballos se pudo observar que al menos 80 equinos son obligados a trabajar a pesar de presentar lesiones severas. Tal es el caso de Malboro, un macho de 15 años que tiene los cascos resecos e inflamación en sus cuatro patas, y de Paloma, una hembra de 17 años que trabaja a pesar de tener inflamación crónica en sus cuatro miembros.

Otro de los apartados del artículo 46 dice que los calandrieros deberán contar con permiso expedido por la Dirección de Padrón y Licencias. No obstante, un documento del que este semanario tiene copia comprueba que esta dependencia no otorga permisos para la operación de calandrias.

Además, existe una importante discrepancia en la información, ya que mientras los cocheros afirman contar sólo con 110 caballos y 55 calandrias, el municipio registra 120 y 60, respectivamente. En cuanto al precio, es de 200 por un servicio de 30 minutos y 300 por una hora.

Sin revisión médica

A decir del exlíder de los calandrieros Ignacio Aceves Esparza, la Dirección de Protección Animal (PA) y la Universidad de Guadalajara (UdeG) revisan periódicamente a los animales que tiran de esos carros.

La información anterior fue corroborada por PA. Sin embargo la Coordinación de Transparencia y Archivo General de la UdeG lo niega en su oficio CTAG/UAS/1131/2017.

“La información requerida resulta inexistente en virtud de que no se ha suscrito acuerdo de colaboración entre la Universidad de Guadalajara y el Municipio de Guadalajara, ni media petición de la Dirección de Protección Animal de Guadalajara para que se emitan certificados médicos de los caballos de calandria”, dice la respuesta, fechada el pasado 25 de mayo.

Además, la casa de estudios “no ha emitido oficio de comisión al médico veterinario zootecnista Rubén Anguiano Estrella a colaborar con la Dirección de Protección Animal de Guadalajara”.

El veterinario del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA) de la UdeG, Anguiano Estrella, es dueño junto con el líder calandriero Pedro Aguilar del caballo El Cabito, según consta en el registro de calandrias expedido este año.

Por su parte, Aceves Esparza se ha convertido en un férreo defensor del modelo “tradicional de las calandrias” ante las modificaciones que pretende hacer la autoridad tapatía y asociaciones civiles. El 25 de junio el ayuntamiento aprobó en comisiones las dos propuestas del presidente municipal, el emecista Enrique Alfaro Ramírez, para sustituir los caballos de las calandrias por motores.

A decir de Aceves Esparza, las asociaciones protectoras de animales “opinan a veces sin tener argumentos, sin ni siquiera llegar a un acercamiento con nosotros. Si en realidad son protectoras de animales se debe de proteger al animal, no cortar de tajo una tradición de más de 100 años”.

Añade que se ha dedicado toda la vida a las calandrias y teme que él y su familia se queden sin empleo si éstas cambian su modo de operación. Lo cierto es que hasta hace poco se encontraba suspendido del servicio por diferencias con Pedro Aguilar Bautista, actual líder de los calandrieros.

No obstante, reconoce que en ocasiones las jornadas de entre ocho y 10 horas (“dependiendo del turismo”) son agotadoras para los caballos.

El nuevo modelo

Aunque las propuestas de Alfaro Ramírez para motorizar las calandrias podrían aprobarse en la siguiente sesión de cabildo, todavía no existe ningún plan para realizarlas.

Mediante una solicitud de transparencia de Infomex (folio 01266917) se requirió información sobre la “gestión del cambio de caballos de calandria por vehículos de motor”, y la respuesta fue que “el ayuntamiento no ha destinado recursos y por lo tanto no tiene forma de hacer convocatoria alguna para tal tema”, por lo cual las propuestas del alcalde son contradictorias.

El último 26 de abril, Alfaro Ramírez declaró al periódico El Occidental: “Estamos afinando detalles y creo que va a ser algo muy padre para la ciudad, nos va a permitir una tradición, mantener los empleos de quienes dan el servicio con respeto a los derechos de los animales, y espero que regresando de vacaciones podamos presentar el proyecto. Ya tenemos cómo financiarlo y va a estar listo en unos meses más”.

El pasado 2 de mayo, en el programa de televisión Mexicánicos se presentó un prototipo de calandria motorizada a petición del presidente municipal de Guadalajara, que apareció acompañado del líder de calandrieros Aguilar Bautista.

“Nos había prometido el presidente municipal que iba a haber un cambio drástico con nosotros, pero que nos iba a beneficiar. El proyecto era traer calandrias nuevas o remodelarlas, sin tocar a los caballos”, objeta Aceves Esparza.

No obstante, el pasado 21 de junio Alfaro Ramírez reiteró ante los periodistas que el próximo agosto se llevará a cabo la transformación de las calandrias de tracción animal a motor eléctrico. Confirmó que ya existe el presupuesto y que 55 calandrias serán entregadas al municipio en comodato para ofrecer el servicio, pero omitió el nombre del donador y cuáles serían los beneficios para las partes involucradas.

Para la abogada y activista Gálvez Robles, quien dialogó con los calandrieros y se comprometió a conseguir patrocinadores para los nuevos carros, lo que Alfaro busca “es salir en la tele”.

Uno de los grupos que más ha pugnado por un cambio en la forma de operar de los calandrieros es la asociación civil Tierra Nueva por los Animales, a cargo de Lorena Pulido. El 19 de abril de 2016, el presidente municipal de Zapopan, Pablo Lemus, responsabilizó a la organización por el fallecimiento de un lince mientras lo trasladaban de Villa Fantasía al Bioparque, en Pachuca, y de cobrar 350 mil pesos por cada uno de los cuatro felinos transportados. Pulido desmintió a Lemus.

La opinión de los ciudadanos se encuentra dividida: el señor Raúl, que suele pasear con su familia en el centro histórico, dice que “es muy lindo venir al centro y observar a los caballos, incluso nos hemos subido varias veces y el servicio no es caro”. En tanto que el preparatoriano Emmanuel Vázquez señala que no es justo que se maltrate a los caballos obligándolos a tirar de las calandrias hasta agotarlos.