TLCAN: México traza sus “líneas rojas”

A la imposición de condiciones del gobierno de Estados Unidos al inicio de las renegociaciones del TLCAN, el de México reacciona a la defensiva y marca lo que el subsecretario de Comercio Exterior, Juan Carlos Baker, define como “líneas rojas”. Si se cruzan, advierte, nuestro país abandonaría las pláticas. En entrevista exclusiva con Proceso, en Washington, el funcionario dice que, ante las posiciones diferentes de ambos países, “no sé si nos debemos preocupar o aterrorizar”, pero “no vamos a aceptar un acuerdo sólo por tenerlo”.

WASHINGTON.- En la ceremonia de inauguración de la primera ronda de la renegociación del TLCAN, la semana pasada en Washington, el gobierno estadunidense inició el proceso con un tono de confrontación, condicionando las negociaciones al cumplimiento de los caprichos electorales de Trump.

El gobierno mexicano sostiene que no permitirá imposiciones. “Tenemos líneas rojas que no podemos cruzar”, afirma en entrevista con Proceso Juan Carlos Baker Pineda, subsecretario de Comercio Exterior de la Secretaría de Economía, que encabeza Ildefonso Guajardo.

–¿Cuáles son los puntos por los que México se levantaría de la mesa de negociaciones? –se le plantea.

–La parte de volver a reintroducir aranceles, reintroducir cuotas, volver a poner restricciones al comercio; eso por supuesto que es absolutamente inaceptable. Si vemos que la negociación va para allá, se levanta México.

El subsecretario insiste en que en los planes de contingencia diseñados por el gobierno de Peña Nieto prevén también, como motivo de retirada, cualquier intento de los estadunidenses de “quitarle derechos” ya establecidos en el acuerdo comercial.

“Eso ya no existe, no existen límites cuantitativos ni de aranceles. Si eso es parte de lo que vendrían a ponernos, claro que nos vamos, eso es inaceptable para México”, reitera.

El miércoles 16, cuando Robert Lighthizer, representante comercial de la Casa Blanca, inauguró la llamada renegociación del TLCAN, fue directo: su gobierno no pretende modernizar o actualizar el tratado, como lo manejan los gobiernos de Canadá y México:

“Sentimos que el TLCAN ha sido un fracaso para muchos, muchos estadunidenses y necesitamos mejoras mayores”, advirtió. No tuvo empacho en definir estas negociaciones como la vía para reducir o eliminar el déficit comercial de su país con México, calculado en unos 60 mil millones de dólares.

“Las reglas de origen, particularmente en automóviles y refacciones, tendrán que requerir un contenido mayor de producción y manufactura norteamericana y uno sustancial de Estados Unidos”, expuso Lighthizer. “El acuerdo debe contar con mecanismos sobre manipulación monetaria, de solución de disputas comerciales que deben acoplarse y respetar nuestros intereses de seguridad nacional, soberanía y proceso democrático”.

Al recordarle al subsecretario mexicano las condiciones que pone Estados Unidos para mantenerse dentro del acuerdo, Baker Pineda responde: “Hay cosas en las cuales es bastante evidente que tenemos posiciones diferentes. No sé si eso nos debe preocupar o aterrorizar, o algo así. En las negociaciones este es un primer saque, siempre hay cosas en donde de entrada sabes que estás en desacuerdo. El asunto es cómo encontrar un punto intermedio”.

–¿Lo encontrarán?

–Vamos a hacer todo lo posible por tenerlo, pero reitero: no vamos a aceptar cualquier acuerdo solamente por tenerlo. Hay temas como el de aranceles… y no es algo en lo que estaremos dispuestos a ceder.

Durante la entrevista en la embajada de México en Washington, Baker rechaza todas las condiciones que Lighthizer enumeró al inaugurar las discusiones, a fin de cumplir las promesas de campaña electoral de Trump, quien insiste en que si no está de acuerdo con el resultado de las pláticas, aun en caso de que se logre un compromiso sacará a su país del tratado.

En las 28 mesas de negociación instaladas en Washington para la primera ronda, se presentaron únicamente las posiciones de los tres países. No hubo novedades. Trump insistió en sus condiciones, como la eliminación del Capítulo 19, sobre la resolución de controversias; algo que Canadá considera motivo para salirse del TLCAN.

“Tenemos que mejorar los mecanismos de solución de controversias, eso incluye al Capítulo 19; pero no vamos a permitir que desaparezca, eso no está en la mesa”, señala Baker Pineda.

Con la eliminación del Capítulo 19 Estados Unidos pretende meter a Canadá y a México en disputas comerciales que tenga con otros países, aprovechando el litigio para excluir a sus socios comerciales de la salvaguarda ya definida en el TLCAN.

Esto significa que si Estados Unidos tuviera una disputa por dumping en el acero que compra a países europeos, aprovecharía mecanismos globales de resolución de disputas como el de la Organización Mundial de Comercio, o sus leyes internas, para obviar las reglas que imperan en el TLCAN desde 1994.

“Lo que quiere es incluirnos. Obviamente quieren quitarnos derechos que ya tenemos. Básicamente lo que está detrás de eso es la posibilidad de restringirle el comercio a sus socios del TLCAN, lo que para nosotros no es aceptable”, explica Baker Pineda.

El pasado 17 de julio, Trump envió al Capitolio la lista de objetivos de su gobierno en la renegociación de los 30 capítulos del TLCAN. Baker considera que el gobierno mexicano no tiene por qué reaccionar en esta etapa a todo lo que el presidente estadunidense puso en esa lista inicial:

“Venimos a trabajar en un ambiente positivo, a construir sobre lo que tenemos. Hay muchas cosas que se pueden hacer para mejorar el tratado, en eso no hay una diferencia de opiniones. El punto es cómo lo vamos a hacer.”

Diferencias evidentes

En cuanto a las reglas de origen para el sector automotriz, que Estados Unidos quiere cambiar en su beneficio, Baker pronostica el fracaso de Trump. Según la regla de origen vigente en el TLCAN, cada automóvil producido en la región debe contener al menos 62.5% de partes fabricadas y producidas en la región para que los tres países le otorguen preferencia comercial.

El gobierno mexicano argumenta que incluso las asociaciones automotrices de la región han manifestado que no les interesa un incremento en la proporción de componentes norteamericanos. Baker matiza que las reglas de origen no pueden imponerse por decreto, como pretende Trump, ya que dependen de la disponibilidad y precios de los insumos y tecnologías.

El subsecretario puntualiza: “La postura de México es: ‘¿quieren que veamos reglas de origen? Bien, caso por caso y considerando el impacto que tienen en la competitividad’”.

Al preguntarle sobre las pretensiones de Trump de bajar el déficit comercial con México, Baker Pineda ríe: “No es nuestra chamba enseñarles si el déficit es o no una medición correcta”. Añade que el gobierno mexicano entiende la posición estadunidense sobre el déficit como una práctica de restricción comercial. La solución, según el entrevistado, sería que los estadunidenses empezaran a ahorrar más dinero.

“A final de cuentas –observa– un déficit te habla de que estás comprando más productos de otro lado. ¿Por qué? No sé: porque te los comes, los manejas, te los pones, o porque son más baratos. Eso no está en la racionalidad de la gente que toma estas decisiones.

“Lo que nosotros hemos dicho del déficit es que hay toda una serie de países con los que Estados Unidos tiene déficit. Con China es seis veces el tamaño del que tiene con México. Con Japón, con Alemania tiene mayor déficit. Lo que esos países le compran a Estados Unidos es bastante menos de lo que adquiere México.”

Trump desea meter en las negociaciones un salario mínimo equiparable para los trabajadores de la región como remedio de lo que considera una fuga de empleos estadunidenses a México, la cual calcula en más de 700 mil desde que el TLCAN entró en vigor.

El gobierno mexicano rechaza absolutamente dicha medida. “Así como las reglas de origen no se pueden determinar por decreto, no pensamos que tengan la posibilidad de que por decreto se diga: ahora todo mundo va a ganar 80 dólares por hora”, indica Baker Pineda.

Y aunque esta postura se percibe como una inquebrantable defensa de los empleadores y el abandono total a los trabajadores para que obtengan un salario digno, argumenta:

“Lo que se tiene que hacer es contribuir a que las condiciones del ambiente de negocios, por sí mismas, mejoren los salarios. Es decir, cuando estás hablando de por qué la inversión sigue llegando a Alemania cuando en ese país se pagan muy altos salarios, es porque tiene una serie de condiciones que lo permiten: certeza en el estado de derecho, cuestiones de infraestructura, un régimen de apertura comercial, etcétera. Lo cual hace que cuando los empresarios estén haciendo las cuentas, obviamente les da para que tengan ese nivel de salarios y de productividad.”

–¿El gobierno de México no quiere meter las manos en la renegociación por los trabajadores?

–No podemos de ninguna manera aceptar que haya un patrón o una compañía que no esté previendo todas las cosas a las que tienen derecho los trabajadores a partir de la Ley Federal del Trabajo y otras cosas.

El funcionario adelanta que conforme avancen las negociaciones se podrá definir qué ajustes se aplicarán al aspecto laboral, que se estableció como “paralelo” en el TLCAN.

Cuando se le pide una postura sobre el interés de Trump por meter en las pláticas la manipulación de políticas monetarias, Baker contesta: “No creo que sea algo que le tenemos que estar respondiendo punto por punto”.

“No partimos de cero” 

Las “líneas rojas” que marcan las prioridades comerciales de México, Estados Unidos y Canadá podrían poner fin al TLCAN como fue concebido. Por eso se le pregunta al subsecretario de Comercio si México estaría dispuesto a retirarse del TLCAN.

–Creo que los que se retirarían son ellos (Estados Unidos).

–¿México no?

–Si Estados Unidos, México o Canadá salieran del TLCAN, eso por sí mismo no acabaría con el acuerdo; es trilateral. Si Estados Unidos sale, se seguiría aplicando entre Canadá y México, y el que no tendría sus beneficios, ¡que ironía!, sería Estados Unidos.

–¿Cuál es el punto límite en que México diría: nos retiramos?

–Hemos hecho escenarios para cada cosa que pueda pasar. Y desde luego tenemos escenarios donde hay cosas que no podemos aceptar, donde las negociaciones no salen bien y el TLCAN se acaba. Sabemos que para amortiguar mucho de esto necesitamos una agenda con otros países, con otros socios que nos permitan hacer una sustitución, por eso estamos avanzando con Brasil, con Argentina, con Europa y los países asiáticos. Es parte de una estrategia bastante desarrollada y pensada.

Añade que las negociaciones “empezaron bien, muy bien”, pero sólo en el conocimiento de las posiciones de los tres países en las 28 mesas de negociación. Los equipos se conocieron y, aunque abordaron todos los incisos del TLCAN, las pláticas concretas se iniciarán en la segunda ronda, que se llevará a cabo en la Ciudad de México entre el 8 y el 10 de septiembre, para cumplir el acuerdo de los negociadores de reunirse cada tres semanas.

Además minimiza el señalamiento de que Trump y sus promesas electorales obligaron a México y a Canadá a renegociar el TLCAN: “Hay muchas buenas razones para estar haciendo lo que estamos haciendo. Se agotan las ventajas que se dieron una vez que ya no hay aranceles. Hay buenas razones para arreglar al TLCAN de 1994 y convertirlo en el TLCAN de 2017, 2018 o 2019 y modernizarlo. Si ellos (Estados Unidos) tienen una serie de razones domésticas por las cuales están haciendo algún tema, serán decisiones de ellos; nosotros preferimos ver aquí la oportunidad en lugar de ver el riesgo”.

En cuanto a la presión que puedan enfrentar las negociaciones por los tiempos políticos de 2018, con elecciones legislativas federales en Estados Unidos y presidenciales en México, el subsecretario considera que no serán un factor decisivo, ya que la renegociación terminará en “unos meses”.

–¿Ve factible que el gobierno de Peña Nieto alcance a terminar la renegociación y firmar el nuevo TLCAN?

–Creo que sí, considerando que ya existe un acuerdo. No estamos empezando de cero, tenemos un conocimiento adquirido, una experiencia y un bagaje de más de dos décadas que nos puede facilitar el proceso. Creo que es factible terminar esta renegociación en unos cuantos meses. Después vendrán los pasos siguientes: de aprobación, firma y lo que sigue.

Cabe anotar que el subsecretario ni siquiera esperó que concluyera la primera ronda de la renegociación, que terminó el domingo 20; regresó a la Ciudad de México el viernes 18, un día después que su jefe, Ildefonso Guajardo.