Otro caso armado “como el de Florence Cassez”

Después de que la Audiencia Nacional de España se negó a extraditar a Isabel Mazarro a México, donde se le solicita para enjuiciarla por el secuestro de una ciudadana estadunidense en presunta complicidad con su exmarido Ramón Guerra o Raúl Julio Escobar, Proceso entrevistó a su hermana Montserrat Mazarro. Ella desacredita las “evidencias” que la autoridad mexicana dice tener contra Isabel e indica que su caso se construyó como el de Florence Cassez. Además, añade que en San Miguel de Allende, Guanajuato, nadie conocía la doble identidad del supuesto Comandante Emilio ni observó indicios de sus presuntas actividades delictivas.

MADRID.- “Mi hermana Isabel es una víctima, primero de un gran engaño porque ella se casó con Ramón Guerra Valencia. Desconocía por completo que la verdadera identidad de su marido era Raúl Julio Escobar Poblete y que hubiera formado parte del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR, grupo armado de izquierda radical chileno), donde era conocido como el Comandante Emilio. Y tampoco sabía que fuera el cabecilla de una banda de secuestradores ni que cargara en su pasado con esa cauda de delitos cometidos en otros países”, dice en entrevista Montserrat Mazarro Gómez de Santiago.

Y agrega: “Peor aún, mi hermana Isabel también es víctima de la acusación que le hacen las autoridades mexicanas de que ella era parte de esa banda de secuestradores, lo cual es una locura. Está devastada y lo único que quiere es que se aclaren las cosas y vivir en paz. Todo esto ha sido un shock y un infierno para ella y para toda nuestra familia”.

El pasado martes 10, cuatro días después de que la Sala Penal de la Audiencia Nacional denegara definitivamente la extradición a México de Isabel Mazarro por el presunto delito de secuestro agravado en perjuicio de la estadunidense de origen francés Nancy Michelle Kendall, Montserrat relata lo que vivió su hermana desde que conoció a quien se hacía llamar Ramón Guerra Valencia, con el que estuvo casada un año.

“Está claro que Ramón, o Raúl Escobar como ahora sabemos que se llama, logró engañar durante 20 años a todo un pueblo, a todo San Miguel de Allende”, indica. Pero además señala que su familia encuentra en su caso inquietantes similitudes con el de la francesa Florence Cassez, sentenciada en México a 60 años de prisión por secuestro y luego amparada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación:

“En términos generales es un caso muy similar: una chica europea que se relaciona con una persona que después es acusada de secuestro, de pertenecer a una banda criminal. Se le implica a ella con testimonios o deducciones de los investigadores sin valorar su presunción de inocencia y se hace un juicio público con filtraciones a los medios de comunicación, asegurando que es parte de una banda internacional de secuestradores.”

Afirma que a la prensa mexicana y española se le han “filtrado fotografías de Isabel a cara descubierta y sin pixelar, llamándola ‘la secuestradora del ataúd’, sin respetar su presunción de inocencia y sin que hasta ahora ella haya podido hacer la más mínima declaración para aclarar la situación”.

Las autoridades de Guanajuato involucraron a Isabel Mazarro, esposa de Ramón Guerra Valencia, en la banda que supuestamente éste encabezaba en la entidad, y la señalaron como partícipe del secuestro de Nancy Kendall.

La española fue detenida en la ciudad asturiana de Gijón, adonde se fue tras la detención de su esposo, y presentada en la Audiencia Nacional española a petición del Juzgado de Oralidad Penal Región 2, con sede en Valle de Santiago, en Guanajuato.

El 8 de marzo pasado, la sección cuarta de la Sala Penal de la Audiencia Nacional acordó entregar a Mazarro a México por el delito de “secuestro agravado”, pero su defensa presentó un recurso de súplica el 14 de marzo. Al resolver este recurso, el pasado 6 de abril, el pleno de la Sala Penal revocó la extradición.

En esta segunda resolución se precisa que “la denegación de la entrega” no implica la impunidad de los hechos, por lo cual insta a las autoridades mexicanas a “trasladar el material probatorio” a los tribunales españoles, que tienen jurisdicción para conocer los hechos.

La resolución critica al sistema penitenciario mexicano e implica que los derechos fundamentales de la persona reclamada en extradición están en riesgo:

“No se trata de desconfianza en el sistema penitenciario mexicano, pero la realidad es que se vienen produciendo motines y revueltas en los centros penitenciarios de ese país, principalmente por problemas de sobrepoblación, el último el pasado 1 de abril de 2018, lo que viene a reforzar la idea de que, tratándose de una ciudadana española, en este caso procede perseguir los hechos en España.”

Versiones contrapuestas

Al preguntarle a Montserrat Mazarro qué evidencias puede tener la autoridad mexicana contra Isabel, responde que la defensa de su hermana le informó que se trata del testimonio de un policía, quien afirma que, ya detenido, Ramón llamó a su esposa para decirle que “saque el paquete del cajón”, lo que supuestamente significa cambiar de lugar a la persona secuestrada.

“Mi hermana sostiene que la realidad es muy distinta. Dice que ese 30 de mayo, como todos los días, Ramón salió de su casa (en San Miguel de Allende) para recoger a su hija en la casa de su expareja para llevarla a la escuela. Después de unas horas, él la llama por teléfono y le dice que lo ha detenido la policía y le explica: ‘Ve al escritorio blanco de arriba, coge los papeles de la camioneta porque la policía me está diciendo que mi camioneta tiene placas robadas, y llama a mi abogado, José Luis Vargas’. Le da el teléfono de éste y le indica: ‘Vente con él y con los papeles de la camioneta’ para aclarar la situación. Esa es la llamada que el policía interpreta como si se hablara del secuestro.”

Añade que no hay grabaciones de esa llamada, sino sólo el testimonio del policía. En su segunda resolución, la Audiencia Nacional confirma que la imputación mexicana se sostiene en “llamadas que no se acompañan (con audios), lo que impide su examen”.

Otra de las supuestas evidencias, dice Montserrat, es la declaración de Alan Daniel Trassier, esposo de la secuestrada Nancy Kendall.

De acuerdo con la nota verbal que México envió a España en diciembre pasado como parte de la solicitud de extradición, al enterarse del secuestro de su esposa, Alan se lo contó a su amigo Roberto Zavala. Pero al poco tiempo “Isabel Mazarro le llamó por teléfono para decirle que ya sabía sobre lo que pasaba, además de preguntarle quién se encontraba asesorándolo y que si requería ayuda ella estaba dispuesta a colaborar”.

Las autoridades mexicanas suponen que con esa llamada Mazarro “intentó ser la intermediaria para la negociación” y así “aseguraría recibir el dinero del rescate”.

Al respecto, Montserrat sostiene que Ramón conocía al matrimonio francés porque se lo presentaron Roberto Zavala y su mujer, también de San Miguel de Allende y afincados en Nayarit.

“Cuando Ramón y mi hermana decidieron casarse –abunda Montserrat–, él alquiló la casa de Alan en Nayarit para celebrar ahí la boda en 2016. Fuimos toda la familia y amigos íntimos. Yo conocí a Alan, un señor mayor, estuvimos toda la familia ahí un fin de semana y todo fue muy bien.”

Cuando desapareció la esposa de Alan, explica, “a mi hermana le llama este matrimonio de amigos que viven en Nayarit para contarle que Alan va para San Miguel de Allende porque su mujer está desaparecida y temen que sea un secuestro. Y mi hermana, por un impulso de buena fe, por humanidad, se interesa por esa terrible situación que vivía Alan, un hombre de 80 años y con Parkinson, para ver si le puede ser de utilidad.

“Pero esa llamada no dura ni un minuto, apenas le alcanza a decir que ya se ha enterado del secuestro y que si se le ofrece algo en San Miguel de Allende, pero Alan la corta diciéndole que no podía hablar, que estaba con la policía. Poco después mi hermana recibe una nueva llamada de sus amigos que le reclaman por haberle llamado a Alan, porque lo del secuestro sólo se lo había confiado a ellos.”

Aclara: “Cuando mi hermana recibe esas llamadas y hace la otra a Alan, está enfrente de una amiga española que había viajado de España a San Miguel de Allende para festejar el cumpleaños de Isabel y, de hecho, al día siguiente se fueron con más amigas a pasar unos días a las playas en el Pacífico. No veo en eso ninguna maquinación delictiva, sino un impulso de tratar de ayudar a este señor”.

Refiere que su hermana no era amiga íntima de Alan y Nancy, la secuestrada, y que únicamente se habían visto tres o cuatro veces y alguna vez salieron a cenar con ellos, “pero su llamada fue como un gesto ante una persona que estaba pasando una situación dolorosísima”.

Isabel en México

En 2014 Isabel Mazarro decidió viajar a México –donde ya estaba afincada María, otra de sus hermanas– para ver si veía perspectivas de quedarse. Hasta entonces la madrileña con estudios de preparatoria había sido maquillista; en España trabajó en una productora de anuncios y en una tienda de ropa infantil.

“Isabel nunca tuvo problemas con la justicia en España. Era una animalista convencida y completamente apolítica”, comenta Montserrat, y continúa con la historia:

“En 2015, en un evento en San Miguel de Allende, mi hermana María le presenta a Ramón y a otros conocidos que coincidían continuamente en actos en las galerías de la ciudad. Empiezan a salir e inician su noviazgo. A los pocos meses, en 2016, deciden casarse. Fuimos todos a la boda. Queríamos conocer a la pareja de mi hermana, y a todos nos pareció un hombre encantador porque cuidaba de mi hermana.”

Señala que Isabel “nunca detectó indicios de que su esposo tuviera una doble vida”:

“Ramón estaba muy integrado en la sociedad sanmiguelense. Dirigía la revista cultural Espiral, estaba en la mesa directiva de la escuela Árbol de Vida del sistema Waldorf, tenía dos casas que alquilaba y nunca se le vio un movimiento de dinero extraordinario ni tenía un estilo de vida lujoso; era un hombre normal y corriente.”

El marido de su hermana tenía 20 años afincado en San Miguel de Allende, donde tenía una vida social muy activa. Ahí también vivía su exesposa Patricia (Fernández García). “Luego supimos que su verdadera identidad es Marcela Mardones Rojas” –prosigue Montserrat–. De igual forma se enteraron de que también era buscada por la Interpol por haber sido integrante del FPMR y fue detenida en Chile como partícipe del asesinato del senador Javier Guzmán, líder de la Unión Demócrata Independiente y uno de los hombres más cercanos al dictador Augusto Pinochet.

“Yo conocí a Patricia en ese viaje para asistir a la boda de Isabel, y me pareció una persona encantadora; era muy espiritual”, dice.

–¿Conocieron a Ricardo Palma Salamanca, El Negro, también del FPRM? –se le pregunta por el otro miembro del FPRM que, a decir de la autoridad mexicana, participó en secuestros de la misma banda y quien fue detenido en el aeropuerto de París el 13 de junio de 2016.

–Sí, aunque en México se hacía llamar Esteban (Solís Tamayo). A mi hermana María se lo presentó una amiga de Playa del Carmen con quien él mantenía una relación. Él era fotógrafo de la revista que dirigía Ramón, pero los dos aparentaban no tener una relación tan estrecha. Yo lo conocí porque estuvo con otros chicos en la boda de mi hermana Isabel. Era una persona muy arrogante; eso sí, su acento parecía completamente mexicano, a diferencia de Ramón, que tenía un acento más del Cono Sur.

Además, Montserrat recuerda que Isabel le contó que “Ramón” era muy posesivo. “Por eso mi hermana se pregunta cuándo cometía este hombre esos secuestros, si siempre estaba llamándola o con ella”.

También les relató que “Ramón” aseguraba que heredó de su padre una empresa en Uruguay, que estaba vendiendo acciones de la misma y por eso hacía viajes ocasionales a la Ciudad de México o a Querétaro. “Lo llamativo es que no faltaba a comer ni a dormir a su casa, con mi hermana. No se podía sospechar que fuera un criminal”, dice.

Cambio de identidad

Montserrat Mazarro sostiene que, tras la llamada que le hizo a su mujer, Ramón se esfumó e Isabel no lo encontraba en ninguna dependencia gubernamental, por lo que fue con el abogado Vargas a presentar una denuncia por la desaparición de su esposo y una queja en la Comisión Estatal de Derechos Humanos.

“Yo me pregunto: si perteneces a una peligrosa banda internacional, ¿cómo vas a denunciar la desaparición de tu pareja?”, plantea la entrevistada.

Relata que la búsqueda se prolongó 36 horas y que desde el primer día las hermanas Mazarro fueron sometidas a vigilancia. Las seguían y videogrababan unos hombres, a los que sus conocidos y unos amigos abogados no identificaban como policías.

Después de esas 36 horas, Ramón volvió a llamar a Isabel y le dijo muy fríamente que le avisara a su abogado que se presentara en la procuraduría en Guanajuato, porque en dos horas tenía una vista oral.

Otro abogado, amigo de su hermana María, hizo sus propias pesquisas y les informó que Ramón estaba detenido y acusado del secuestro de Nancy Kendall. Igual que otros amigos, le recomendaron a Isabel que saliera del país porque, si era cierto que Ramón pertenecía a una banda de secuestradores, podrían extorsionarlo con la amenaza de hacerle daño a ella.

Prácticamente forzada por María, Isabel se fue a España aunque no quería abandonar a Ramón. “Nos decía: ‘Pero cómo lo voy a dejar ahí’. Finalmente regresó a España el 3 de junio”.

Montserrat aclara que su hermana no ha huido, que siempre estuvo en contacto con una abogada en Madrid y otro en México, dispuesta a declarar. “Estando en Gijón, en febrero pasado, cuando le notifican que se tiene que presentar en la comisaría de policía, ella acude a la de Moreda”, una calle de la ciudad asturiana. “Es cuando queda detenida, porque era inminente la extradición”, comenta.

Poco antes estuvieron en Denia (Comunidad Valenciana), donde recibieron una llamada de María. Les informó que en internet circulaba la versión de que la verdadera identidad de Ramón era Raúl Julio Escobar Poblete, el Comandante Emilio del FRMR, grupo armado de izquierda radical que operó en Chile en los años ochenta y noventa.

“Mi hermana no lo podía creer –relata Montserrat–. Se derrumbó y nos decía: ‘¡Cómo podía este hombre venir todos los días a casa y sentarse a la mesa a comer como si nada, cómo podía tener esa doble vida!’.

“Se sintió absolutamente utilizada, porque pensó que Ramón o Escobar Poblete lo que quería era un nuevo matrimonio, una nueva fachada para seguir ocultando su pasado. Eso es algo muy retorcido, sobre todo si tomamos en cuenta que los hijos de Patricia y de Ramón no tienen los apellidos verdaderos de sus padres.”

Al enterarse de ello, el abogado mexicano de Isabel promovió la nulidad del matrimonio, pero luego Isabel fue detenida porque México solicitó su extradición.