Reformas insuficientes Reformas insuficientes

Las reformas que Raúl Castro empezó a aplicar para rescatar la economía cubana son la tarea que heredará, el próximo jueves, quien sustituya en la Presidencia de Cuba al hermano de Fidel. Especialistas en el tema señalan que ya se dio el primer paso para la apertura al sector privado, que emplea a la tercera parte de la fuerza de trabajo pero que ha dado malos resultados en la agricultura, en la productividad de las empresas estatales y en la unificación monetaria. Y coinciden en que la continuidad de las reformas es la mejor estrategia del próximo gobierno para superar dos años de estancamiento y transitar hacia un modelo de desarrollo sostenible, como el socialismo de mercado de China y Vietnam.

BOGOTÁ.- Hace unos días, cuando el V Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) aprobó “la continuidad de la actualización del modelo económico y social” de la isla, se despejó una duda crucial de la transición cubana: si la nueva dirigencia –la que asumirá la conducción del Estado a partir de este jueves 19– tendría o no un mandato político para mantener el proceso de reformas económicas iniciado en 2006 por Raúl Castro.

Ahora que lo tiene, y que además se trata de un lineamiento formulado por el Comité Central del PCC –el organismo cúpula en la nación caribeña–, queda otra interrogante: si el sucesor de Raúl Castro en la conducción del Estado será capaz de propiciar los cambios estructurales que requiere el modelo socialista para mantener su viabilidad.

Más, cuando ni siquiera el saliente presidente cubano los pudo concretar.

La pregunta tardará meses o años en tener respuesta. La única certeza es que el jueves 19 Cuba tendrá un presidente que reemplazará a Raúl Castro, y que tal relevo ocurrirá en momentos en que la economía cubana acumula dos años de estancamiento y una severa caída de su comercio exterior.

Además, como dice el economista Carmelo Mesa-Lago, este relevo se producirá tras 11 años de reformas que quedaron por debajo de las expectativas. “Muy a medias”, asegura en entrevista.

Y la profundización de esa agenda transformadora impulsada por Castro, señala, es “la única salida” para una economía en crisis y con problemas estructurales derivados del modelo socialista de planificación centralizada.

El catedrático emérito de economía y estudios latinoamericanos de la Universidad de Pittsburgh afirma que las reformas, encaminadas a crear más mercado y reducir el tamaño del Estado –como en su momento hicieron China y Vietnam–, no pudieron avanzar con la rapidez ni con la profundidad requeridas. Esto, “por las resistencias del ala más conservadora del Partido Comunista”.

Las reformas fueron el sello de Raúl Castro desde que asumió el liderazgo de Cuba, primero provisionalmente, desde el 31 de julio de 2006 –cuando su hermano Fidel lo designó sucesor antes de ingresar al quirófano para una compleja cirugía intestinal–, y desde febrero de 2008 como presidente.

“La idea era que se expandiera el sector no estatal, especialmente el trabajo por cuenta propia, la concesión de tierra a privados y las cooperativas urbanas. Y es cierto que el sector no estatal se expandió y ahora representa 29% de la fuerza de trabajo (el doble que en 2009), pero no ha logrado el tamaño que necesita para absorber a los trabajadores estatales cuyos empleos son innecesarios”, explica Mesa-Lago.

Dice que otras reformas, como la monetaria, que es “crucial” para mejorar la productividad y acabar con las distorsiones económicas, ni siquiera ha comenzado.

Cuba mantiene dos monedas nacionales, el peso nacional, que se cotiza a 25 por dólar y es con el que operan la población y el sector privado; y el peso convertible, que equivale a un euro y es el que usan las empresas estatales.

Esa dualidad cambiaria, señala el economista, es “un obstáculo para el avance de las reformas” porque imposibilita determinar la eficiencia de las empresas estatales –que están siendo subsidiadas por un tipo de cambio irreal–, su rentabilidad y la competitividad de las exportaciones.

De acuerdo con Mesa-Lago, la unificación monetaria será una de las primeras tareas que deberá enfrentar el próximo presidente cubano.

Todos las señales y los indicadores políticos apuntan a que el sucesor de Raúl Castro como presidente de Cuba será Miguel Díaz-Canel, actual primer vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros. Para los cubanólogos, sería una sorpresa mayúscula que fuera elegido otro funcionario.

“Lo que hay que preguntarse son dos cosas”, plantea Mesa-Lago. “La primera es que si Raúl, el hombre más poderoso de Cuba, no pudo completar las reformas por la oposición de un grupo muy duro dentro del Partido Comunista, ¿cómo Díaz-Canel podrá hacerlo? Y la segunda: ¿qué piensa Díaz-Canel de las reformas? Aparentemente es un reformista, pero en Cuba hay muchas cosas impredecibles”.

De acuerdo con la ruta de sucesión que ha perfilado Castro, él dejará la Presidencia este jueves, cuando la nueva Asamblea Nacional elija un nuevo Consejo de Estado, pero se mantendría como primer secretario del PCC –la institución más importante de la isla– hasta 2021, cuando cumplirá 90 años.

Mesa-Lago, quien estudió derecho en la Universidad de La Habana, una maestría en economía en la de Miami y un doctorado en relaciones laborales y seguridad social en la de Cornell, cree que Castro podría respaldar una agenda reformadora de Díaz-Canel y contener al ala más ortodoxa del PCC, pero con muchas limitaciones por su edad y por el peso del sector antirreformas.

“Hay un problema de confrontación ideológica entre un grupo muy duro, ortodoxo –al que realmente no le gustan las reformas y es una especie de herencia de Fidel Castro–, y el grupo reformista”, señala el académico.

Esto, explica, impidió que Raúl avanzara más en los ajustes al modelo de economía centralizada, y seguirá gravitando durante la eventual presidencia de Díaz-Canel.

Escenario crítico

Por su parte Pavel Vidal, doctor en economía por la Universidad de La Habana, afirma que la transición cubana ocurre en momentos de muy bajo crecimiento y hasta de recesión.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estima que el PIB de Cuba se contrajo 0.4% en el bienio 2016-2017, aunque según el gobierno cubano hubo un crecimiento marginal.

Pero aun tomando en cuenta sólo las estadísticas oficiales, entre 2008 y 2017 el crecimiento del PIB fue de 2.4% anual en promedio, cifra lejana a la meta de 4.4% que había fijado el gobierno.

Vidal considera que la crisis económica es resultado de la profunda recesión que vive Venezuela, principal socio comercial de la isla, y de la falta de liquidez del sistema financiero cubano para asegurar las importaciones de insumos que requiere el aparato productivo.

“El escenario macrofinanciero e internacional no va a ser nada favorable para el nuevo gobierno. La situación económica es la peor desde el llamado ‘periodo especial’ de los noventa, cuando se colapsó la Unión Soviética”, señala el economista cubano y profesor de la Universidad Javeriana en Cali, Colombia.

La Cepal estima que Venezuela acumulará una pérdida de 37% de su PIB entre 2014 y 2018, lo que para Cuba ha tenido un efecto catastrófico, porque el país sudamericano era su principal comprador de bienes y servicios y su mayor proveedor de petróleo.

Cálculos de Mesa-Lago indican que Cuba llegó a realizar 44% de su comercio exterior con Venezuela, pero el año pasado ese porcentaje cayó a 17% y el suministro de petróleo, que era de 105 mil barriles diarios a precios preferenciales, se redujo a unos 55 mil.

El gobierno cubano tiene que cubrir ese déficit comprando petróleo a otros proveedores, a precios de mercado.

Además Venezuela había sido el principal comprador de los servicios de médicos y maestros cubanos. Por ese concepto, Cuba recibió divisas por 4 mil 500 millones de dólares (mdd) el año pasado, apenas la mitad de la cifra de 2013, según las estimaciones de Mesa-Lago.

Vidal afirma que Venezuela “está incumpliendo con el pago de los servicios médicos cubanos, pero Cuba sigue registrando eso como exportaciones, aunque no se estén cobrando. En las estadísticas oficiales, la caída de los vínculos con Venezuela se está asumiendo como un tema temporal, cuando en realidad todo indica que es un tema permanente y estructural”.

El economista señala que el impacto de la crisis venezolana y la caída de los ingresos por exportaciones de bienes y servicios han impedido al gobierno cubano ponerse al día en el pago de la deuda externa –que fue reestructurada en términos favorables– y con sus proveedores, y provocaron una caída de alrededor de 10% en las importaciones de la isla en 2017.

“En términos de crecimiento y de finanzas, la economía está en una situación muy vulnerable y esto se va a prolongar al menos dos años más”, puntualiza Vidal, quien en febrero publicó el ensayo ¿En qué condiciones llega la economía cubana a la transición generacional?.

Sobre el relevo presidencial en Cuba, Vidal considera que el futuro gobierno dará continuidad a las reformas bajo la guía de los documentos aprobados en los congresos del PCC, que definen la estrategia de desarrollo y el modelo económico y social.

“Cualquiera que sea la composición del nuevo gobierno, en lo inmediato va a tener que convencer de que tiene la autoridad y la disposición para completar los objetivos trazados por el partido y para profundizar el proceso de reformas económicas, sobreponiéndose a las fuerzas internas que se resisten a los cambios”, señala.

Y en el frente externo, además de la crisis venezolana hay un factor que juega contra Cuba: la política del presidente estadunidense Donald Trump frente a la isla, que va contra el proceso de apertura iniciado por su antecesor, Barack Obama, con una histórica visita a La Habana en marzo de 2016.

En noviembre pasado entraron en vigor una serie de medidas del gobierno de Trump que imponen restricciones adicionales a la inversión estadunidense en la isla, a los intercambios comerciales y a los viajes de sus ciudadanos a Cuba, lo que afectó el turismo durante las semanas finales de 2017, pero no impidió que el país llegara a 4.7 millones de visitantes, 6.4% más que en 2016.

El turismo –que genera ingresos por unos 3 mil mdd al año– y las remesas familiares –2 mil 500 mdd en 2017– son dos colchones que han permitido paliar a cientos de miles de cubanos los efectos de la desa­celeración económica.

Lo que deja Raúl

Vidal sostiene que Castro “sí hizo cambios” que convirtieron la economía y a la sociedad cubanas “en algo muy distinto a lo que eran hace 10 años”.

Asegura que se abrieron espacios de mercado y de consumo de bienes y servicios que antes no existían o estaban muy limitados: “Y lo más importante es que se dio el primer paso para la apertura de la economía cubana a un sector privado nacional, que hoy en día emplea a la tercera parte de la fuerza de trabajo. Entonces sí ha habido una reforma, pero también hubo aspectos muy decepcionantes en la agricultura, en la productividad de las empresas estatales y en la unificación monetaria, que no se ha hecho”.

Para Mesa-Lago, uno de los principales pendientes en Cuba es el adelgazamiento del sector estatal, que tiene 1.3 millones de empleos innecesarios, y el robustecimiento del sector privado, las cooperativas y la concesión de tierras a particulares para que estas áreas emergentes de la economía puedan asimilar a la fuerza de trabajo que le sobra al Estado.

El profesor emérito de la Universidad de Pittsburgh señala que mientras en China y Vietnam la tierra se da en usufructo a particulares por 50 años prorrogables, en Cuba se otorga 20 años –hasta 2017 era sólo durante 10–, “y eso, y los altos impuestos, desincentivan que los campesinos inviertan y desarrollen proyectos productivos de largo plazo”.

En los últimos siete años la agricultura en la modalidad de usufructo generó 120 mil nuevos empleos, que son pocos para los requerimientos del sector laboral, y la participación del sector en el PIB apenas pasó de 3.8% a 3.9% en ese lapso, lo que es una mala noticia para un país que importa 2 mil mdd en alimentos cada año, cifra que equivale a más de la mitad de sus exportaciones de bienes.

Mesa-Lago señala que otra reforma que está estancada es la de fomento de la inversión extranjera. Dice que el mismo gobierno cubano estima que debe recibir capitales externos por unos 2 mil 500 mdd anuales para poder crecer a tasas de 5%.

“Hay más de 400 propuestas de inversión extranjera, pero solamente se habían aprobado, hasta este mes, 33. Esto no tiene ningún sentido”, asegura.

Vidal y Mesa-Lago coinciden en que la continuidad de las reformas es la mejor estrategia que tendrá el nuevo gobierno cubano para superar la crisis, sortear con éxito la debacle de la economía venezolana y transitar hacia un modelo de desarrollo sostenible, como el socialismo de mercado de China y Vietnam.

“Es la única manera de salir del hoyo donde están”, enfatiza Mesa-Lago.