Lara Zavala: el amigo, el escritor…

Telefónicamente, la mañana del jueves 12, Hernán Lara Zavala se despertó con la mala nueva del fallecimiento de su amigo Sergio Pitol.

“¡No me digas, hombre! ¿Cuándo murió Sergio? Lamento muchísimo su muerte, no sabía, me sorprende aunque ya estaba muy mal, en una situación muy delicada, prácticamente no podía escribir ni hablar pero en cierta manera yo creo que de algún modo ha sido un descanso para él.”

El autor de Charras (1990) y Península península (2008) rememora:

“Era un hombre muy universal y teníamos afinidad mutua por la literatura inglesa. Y a toda la literatura inglesa, ¿eh? Era un exquisito de la literatura inglesa. Por aquí en casa tengo un libro que tradujo a un escritor inglés poco conocido, pero tú sabes que también los libros tienen patitas y no encuentro… Es de su colección para la Universidad Veracruzana, de hecho creo que ella se llamó Sergio Pitol Traductor, ¡ah, aquí está!: Ronald Firbank.

“Pitol tuvo una vida muy azarosa. Pronto dejó México para irse a China, a Checoslovaquia, etcétera; pero hizo una carrera muy sólida un tanto en la lejanía, como cuentista y novelista. Lo que más me gusta de Sergio son sus libros de ensayos y sus libros de viaje. Posee una prosa bastante delicada, elegante, era muy buen escritor. También tiene fama de gran traductor, fue un hombre muy completo de una trayectoria muy discreta, un poco al margen.”

Lara Zavala delinea palabra tras palabra su perfil de memoria:

“Él pertenece a la famosa generación que me gusta llamar de la Casa del Lago y de la Revista de la Universidad. O podríamos decirle también el grupo de escritores de la Revista Mexicana de Literatura, porque siento que fue allí donde se unieron Octavio Paz, fundamentalmente, y un poquito a la distancia Alfonso Reyes, quienes congregaron en principio a toda esa generación integrada por los dos primeros directores de la Revista Mexicana de Literatura: Carlos Fuentes y Emmanuel Carballo [de 1955 a 1957].

“Allí se constituyó todo ese grupo muy unido y bien aglutinado. Finalmente Fuentes se fue por su lado. Y Carballo. Pero Juan García Ponce, José Emilio Pacheco, Pitol, Juan Vicente Melo, el propio Tomás Segovia, Juan José Gurrola, y… ¡ah!, Carlos Monsiváis también estuvo presente porque era muy amigo de Pitol… Entre las novelas que se publicaron cuando empezaba su carrera, a García Ponce le gustaba El tañido de una flauta [Era, 1972], una novela bastante compleja y yo diría incluso bastante abstractona que ocurre en algún lugar de Europa Central. Ya después vino su célebre trilogía con El desfile del amor [1984], su parte carnavalesca.”

[ver entrevista de Federico Campbell a Pitol en: https://www.proceso.com.mx/143078/sergio-pitol-y-su-novela-el-desfile-del-amor].

Para Lara Zavala, Pitol “fue acaso el más grande, en el sentido de que ganó el Premio Cervantes 2005 a los 72 años de edad, cosa que no estaba tan sencillo digamos en términos de reconocimiento por parte de España, ¿no?”.

–Usted ha logrado fuerte relación con la juventud como promotor de ediciones y catedrático de literatura inglesa en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. ¿Cuál fue el acercamiento de Pitol con los universitarios?

–Fíjate que yo creo que sí lo tuvo. Primero que nada, hay muchos pero muchos profesores que han sido atentos lectores suyos, ponían a leer sus libros de cuentos y novelas. La parte más importante en su relación con los jóvenes se dio hasta que se fue a vivir a Veracruz, allá en la Universidad Veracruzana,  donde se convirtió en mentor de libros traducidos al español.

“Hizo una magnífica colección de grandes autores como Henry James, con La vuelta de tuerca; como Joseph Conrad, con su prólogo al Nostromo; tiene a Chéjov, eran muchísimos autores de los que él frecuentaba y a veces traducía. Y muy variados, tenemos a Cosmos del polaco Witold Gombrowicz, por ejemplo, entonces creo que los últimos 25 años de su vida tuvo un buen acercamiento con los jóvenes. Uno de sus discípulos y gran amigo era Luis Arturo Ramos. Pero eran más bien los del grupo de la Universidad Veracruzana los que lo procuraron y lo tenían como su preceptor.”

–Usted ha dicho “Sergio Pitol es uno de los personajes vivos más interesantes de nuestra literatura. Es un prosista muy fino y un novelista inteligente, elaborado, con muy buena pluma, la obra que más me gusta es El arte de la fuga, sin que le reste mérito a las demás”. ¿Cuáles?

–Su autobiografía que escribió por 1967 con prólogo de Emmanuel Carballo en Nuevos escritores mexicanos del siglo XX presentados por sí mismos. El arte de la fuga [Era, 1996] es relativamente reciente, creo que el más reciente es El viaje [Era, 2000] sobre el viaje que hizo desde Praga a la casa de Chéjov, y de la de Tolstoi y Dostoyevski a la Unión Soviética.

–¿Cómo se llevaban usted y Pitol?

–¡Muy bien! Era un hombre muy afable, cuando iba a Veracruz lo visitaba, muy buen amigo mío. Era amante de los perros, muy dado a consentirlos. Un poco tímido. Tenía muchos amigos españoles porque vivió en Barcelona un buen tiempo. ¿Y sabes también de quién? Juan Villoro, se conocían de años; pero… en verdad me duele. Ojalá sea un descanso para él.

Entre los ensayos publicados por Hernán Lara Zavala en torno a Sergio Pitol se encuentran Tríptico del carnaval y Peregrino de su patria.