La estrategia desesperada

Pese a su campaña deslucida y a las sospechas de corrupción que siguen pesando sobre él, Ricardo Anaya sigue al pie de la letra su estrategia de polarizar la elección para posicionarse como “el único que puede ganarle a López Obrador” y beneficiarse del voto útil contra el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia. Más aún, días antes del primer debate de candidatos presidenciales su estratega Jorge Castañeda comenzó a hablar de una posible alianza con priistas. 

Después de tres semanas de una campaña insípida, al frente de una alianza partidaria sin identidad, carente de un mensaje contundente y con su riqueza bajo sospecha, el panista Ricardo Anaya inicia la tercera semana de campaña electoral con un único objetivo: contrastar sólo con Andrés Manuel López Obrador.

La estrategia de polarización de Anaya, según él y su equipo, pretende consolidar su posición como el único de los candidatos que puede vencer a López Obrador llamando al “voto útil”, pero también reactivando la interlocución con el presidente Enrique Peña Nieto para eventualmente pactar una convergencia ante el hundimiento del priista José Antonio Meade.

Confiado en su destreza retórica y su dominio escénico, sin ningún ensayo especial –“no se requiere más preparación que tener claras las propuestas, hablar de frente y con la verdad; esa será mi estrategia”–, Anaya llegó al debate del domingo 22 tratando de arrebatarle a López Obrador la bandera del cambio, aunque apoyado en el statu quo.

En efecto, el candidato de la coalición Por México al Frente no sólo ha hecho suya la agenda del sector privado al que pertenece, que ve con miedo a López Obrador, sino que ha amainado sus críticas al Partido Revolucionario Institucional (PRI) y de plano olvidó su amenaza de meter a la cárcel a Peña Nieto por corrupción.

Jorge G. Castañeda, coordinador operativo de la campaña, se reunió con el magnate Carlos Slim Helú, patriarca del empresariado nacional –una reunión que atestiguó el escritor Héctor Aguilar Camín–, y Santiago Creel, el coordinador político, llevó a Anaya a cenar con el Grupo de los Diez empresarios más prominentes de Nuevo León.

El equipo de campaña de Anaya ha entrado en contacto con priistas como el secretario de Organización del CEN del PRI, Rubén Moreira, de quien fue asesor Rubén Aguilar Valenzuela, quien también tiene contacto con su amiga Vanessa Rubio, mano derecha de Meade.

Anaya también ha establecido puentes con Margarita Zavala, quien renunció al PAN para ser candidata sin partido, y su esposo, Felipe Calderón, pero no ha materializado ningún acuerdo por la alta exigencia. “Quieren que les entregue el PAN”, confió un allegado al candidato, pero la contraparte lo rechaza.

La interlocución del equipo de Anaya con sus adversarios priistas y la pareja Margarita-Calderón se intensificó tras la publicación de la encuesta del Grupo Reforma, el miércoles 18, que colocó a López Obrador con 48 puntos de preferencia electoral por 26 de Anaya, 18 de Meade, 5 de Zavala y 3 de Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco.

La encuesta cimbró a Anaya, que estaba en Tijuana, Baja California –al día siguiente de su primer mitin de campaña en esta entidad que el PAN gobierna desde hace casi tres décadas–, y convocó a una reunión a las 6:30 horas, en un salón del hotel Lucerna, para examinar la estrategia con su equipo ahí presente y a distancia.

Con un esfuerzo por ocultar su estupor ante los resultados de la encuesta, Anaya expuso, en su conferencia de prensa de las 7 de la mañana, la estrategia que seguirá hacia el debate y la elección de 2 de julio: sólo él puede ganarle a López Obador y por eso llama al voto útil, abriendo las puertas a “personas de buena voluntad”, incluyendo a priistas y a simpatizantes de la pareja Zavala-Calderón.

“Lo que hoy está absolutamente claro es que esta es una elección de dos, que yo soy el único candidato que puede derrotar a Andrés Manuel López Obrador”, subrayó. “En todos los procesos electorales, en la etapa final, se da el voto útil, es decir, la gente identifica quiénes son los que tienen posibilidades reales de ganar”.

Y puntualizó: “Me parece que hoy hay un consenso en términos de que el único que le puede ganar a López Obrador en esta contienda soy yo. Y, por supuesto, las puertas de nuestro proyecto están abiertas para todas las personas que, de buena voluntad, se quieran sumar para lograr este cambio con dos grandes objetivos: uno, darle a México un gobierno honesto, transparente, que se conduzca con ética, y segundo, un gobierno eficaz que dé resultados en beneficio de la gente”. 

Al día siguiente, jueves 19, en Ciudad Juárez, Chihuahua –donde también por primera vez hizo campaña en el estado gobernado por el panista Javier Corral–, reiteró que “en función de todas las encuestas que se han publicado es que nuestra coalición es la única que puede derrotar a López Obrador, nosotros vamos a seguir trabajando con mucha fuerza, con mucha intensidad, trabajando en equipo y con las puertas abiertas para todas y todos aquellos que de buena voluntad se quieran sumar con este objetivo de darle a México un gobierno honesto y de resultados en beneficio de la gente”.

–¿Invitaría a Margarita Zavala en su momento?

–Lo que he dicho, con toda claridad, es: toda persona que quiera venir a sumar de buena voluntad es bienvenida a nuestro proyecto.

–¿Incluidos priistas?

–Toda persona que quiera venir a sumar, de buena voluntad y con honestidad en nuestro proyecto, es bienvenida.

Calderón, adulación; Peña, olvido

En esta estrategia de inclusión y llamado al “voto útil”, Anaya modificó radicalmente su discurso respecto de Peña y de Calderón. En el caso de este último elogió su gobierno en materia de economía y energias renovables.

En su conferencia de prensa del viernes 20, dos días antes del primer debate entre candidatos prsidenciales, que él minimizó como “un episodio más” de la campaña, dio un vuelco a su discurso y pasó de la amenaza a la adulación.

Hace apenas un mes y medio, el 7 de marzo, Anaya advirtió que, de ganar la elección, investigaría a Calderón por casos de corrupción como la Estela de Luz, que su gobierno construyó con favoritismo y sobreprecios, igual como amagó con meter a la cárcel a Peña Nieto si se comprueba corrupción.

“Lo he dicho con absoluta claridad: este principio aplica a todos sin distingo, sin importar la jerarquía del cargo público y sin importar el partido político en el que la persona milite: el que la haya hecho la tiene que pagar. Ni perdón ni olvido, sean del partido que sea.”

Pero este viernes, cuando formuló propuestas sobre energías renovables, elogió a Calderón, quien sigue militando en el PAN pero ha sido un duro crítico de Anaya y aun declaró que está “tocado” por sus escándalos de corrupción.

“Sí, por supuesto, reconozco que el expresidente Calderón durante su sexenio trabajó de manera muy importante por impulsar las energías renovables y por establecer políticas públicas que aportaran a detener el cambio climático”, subrayó Anaya.

“Y no solamente eso, también reconozco que al final de su sexenio la economía cerró creciendo 4%, es decir, al doble de lo que hoy está creciendo la economía. La inflación era de menos de 4%, otra vez, la mitad de lo que es prácticamente la inflación hoy en día, y el tipo de cambio se mantuvo estable entre 11 y 13 pesos por dólar, muy por debajo de lo que hoy tenemos como tipo de cambio”.

Y rubricó: “Entonces por supuesto que yo reconozco esos avances, no solamente en materia ambiental, en donde además hoy es un referente en todo el mundo, sino también en materia de estabilidad y crecimiento económico”.

No obstante que en el equipo de Anaya afirman que existen contactos para una negociación con Calderón, en el equipo de Zavala lo desmienten. “No tenemos comunicación, no existen puentes para dialogar en ningún sentido. Margarita no está pensando en declinar o favorecer a Ricardo Anaya”, comunicó Joge Camacho a Proceso, a solicitud del reportero.

Anaya también ha cambiado radicalmente su discurso respecto de Peña, sobre todo después de que la Procuraduría General de la República (PGR) amagó con proceder en su contra por el negocio de 54 millones de pesos que hizo con la venta de la nave industrial en Querétaro a su amigo Manuel Barreiro, acusado de lavado de dinero.

El 4 de marzo culpó directamente a Peña Nieto de los ataques en su contra y le exigió mantenerse al margen del proceso electoral: “Señor presidente, le digo con respeto, serenidad y firmeza: así no. Saque las manos del proceso electoral y deje que el pueblo de México elija en completa libertad”.

Y al día siguiente fue más lejos al amagar con investigar a fondo los actos de corrupción del gobierno de Peña, a través de una fiscalía autónoma y de una comisión de la verdad con asistencia internacional. “Nosotros sí vamos a ir a fondo en el combate a la corrupción, eso los tiene francamente preocupados y eso explica toda esta andanada de acusaciones en mi contra”.

–¿Sí metería a la cárcel a Enrique Peña Nieto?

–Ya lo he respondido con absoluta claridad: si se demuestra que él cometió actos graves de corrupción, por supuesto que sí. Ya estuvo bueno de que haya intocables en nuestro país. Aquí el que la haya hecho la tendrá que pagar, y esto incluye al presidente de la República, Enrique Peña Nieto.

Sin embargo, Anaya ya se olvidó de ese amago: en su discurso de campaña en mítines y reuniones de proselitismo no existe Peña, sino “los gobiernos del PRI”, en general, y aun en las tres visitas que ha hecho al Estado de México, entraña del Grupo Atlacomulco, ha omitido toda referencia al presidente.

En su primera visita al estado, el miércoles 11, en un mitin en la Alameda Central de Toluca al que llegó más de una hora tarde –algo habitual en sus mítines–, el panista pronunció un discurso de apenas 13 minutos en el que criticó en lo etéreo a “los gobiernos priistas” sin mencionar a Peña ni a su primo, el gobernador Alfredo del Mazo, como sí lo hizo en la campaña de gobernador de 2017. 

Ante unos 3 mil panistas, perredistas y emecistas de la coalición Por México al Frente que resistieron lluvia y frío, Anaya preguntó si se debía dar al PRI otra oportunidad de gobernar.

“Dicen otra vez los del PRI que tengamos paciencia, que con ellos ahora sí se va a recuperar la paz y la tranquilidad. Yo les pregunto: ¿le vamos a dar otra oportunidad al PRI?”

–¡No, no! –le respondieron.

–¿Vamos a permitir que el PRI gobierne otros seis años?

–¡No, no!

–¡Les vamos a decir fuera, fuera, fuera! —instruyó.

–¡Fuera, fuera! –lo siguieron.

“Hoy con los gobiernos priistas México no va por el camino correcto”, arengó el candidato, en lo que es el mismo discurso en todos los actos de campaña, y dio las cifras de violencia, pobreza y corrupción, y la única ocasión que mencionó el cargo de presidente de la República fue para decir que en México no debe haber impunidad para nadie.

“El México que soñamos es aquel en el que reina la ley, en el que no hay impunidad, en el que la ley aplica desde el presidente de la República hasta el último de los ciudadanos.”

La segunda visita al estado que gobernó Peña Nieto fue el sábado 14, en Ecatepec, municipio sumido en la violencia del que fue alcalde el exgobernador Eruviel Ávila, subcoordinador de Meade. Además de la omisión a Peña, lo único relevante fue la reaparición de Josefina Vázquez Mota, la candidata que llevó al PAN al cuarto lugar y será senadora.

Y el viernes, en Tlalnepantla, pronunció un discurso de 10 minutos efectivos y, una vez más, Peña no existió. 

“Contraste, contraste, contraste”

Aunque la encuesta del Grupo Reforma encendió las alarmas en el equipo de Anaya, por los 22 puntos de ventaja que le atribuye a López Obrador, desde antes otras mediciones ubicaban la diferencia al menos en 10 puntos, como es el promedio de la encuesta telefónica de Massive Caller, coincidente con la de Buendía y Laredo, el encuestador que trabaja para el PAN desde principios de 2017.

El martes 10, antes de un mitin de Anaya con la candidata a jefa de gobierno, Alejandra Barrales, en la Plaza de Tlaxcoaque, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, el presidente del PAN, Damián Zepeda, se ufanó de que la campaña va en ascenso.

–¿Ya hay arreglo con Peña? –le preguntó el reportero.

–¡No! –respondió–. Vamos a ganar sin estridencias. Sólo contraste, contraste, contraste.

 Pero Castañeda, el coordinador estratégico, rompió un acuerdo tomado el lunes en el equipo de campaña para que nadie diera entrevistas antes del debate del domingo 22, incluido Anaya, y lo hizo sólo para admitir, en entrevista con el diario Reforma, que no descarta un acercamiento con el PRI.

Después de difundida la entrevista, Castañeda aclaró en su cuenta de Twitter: “Ningún pacto con el PRI o EPN, pero sabemos que en ese partido y en Morena hay militantes víctimas de la camarilla que los gobierna, si esos militantes o simpatizantes entienden que llegó el momento de apoyar un proyecto verdaderamente democrático, en el frente serán bienvenidos”.

La precisión de Castañeda obedece a las tensiones internas, no sólo en la coordinación bicéfala de campaña, sino en la Coordinación Nacional Ejecutiva, que encabezan los presidentes de los tres partidos, Zepeda (PAN), Manuel Granados (PRD) y Dante Delgado (MC). Hay posiciones encontradas sobre la crítica y la búsqueda de un pacto con Peña.