Díaz-Canel: un relevo apegado al guion

BOGOTÁ.- Nada resultó sorpresivo en el cambio de mando que vivió Cuba el jueves 19 en el Palacio de las Convenciones de La Habana, donde Miguel Díaz-Canel, el “delfín” reiteradamente perfilado por Raúl Castro como su sucesor durante los últimos cinco años, fue electo presidente de la nación caribeña con el voto de 603 de los 604 diputados de la Asamblea Nacional presentes en la sesión.

En lo que ha sido hasta ahora una transición política rigurosamente apegada al guion elaborado por Raúl Castro, Díaz-Canel dejó en claro en su primer discurso como presidente que las orientaciones de su mentor político serán mucho más que simples consejos.

Castro, dijo, “encabezará las decisiones de mayor trascendencia”.

De hecho Raúl Castro permanecerá hasta 2021 como primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), la institución central en el organigrama del poder en la isla.

Y en un país donde las instituciones del Estado funcionan de acuerdo con “los lineamientos” del PCC, el cargo en el que queda el expresidente cubano le es suficiente para mantenerse como el hombre más poderoso del país. No sólo por el liderazgo que ejerce en la estructura partidista, sino por su enorme peso en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, institución que él fundó.

Pero como dice el internacionalista colombiano Carlos Alberto Patiño, las transiciones son, por lo regular, procesos paulatinos, y lo que está ocurriendo en Cuba es el resultado de un plan configurado por la propia elite política y militar para implementarse en varias fases.

En ese sentido, asegura el profesor de la Universidad Nacional de Colombia, la llegada a la Presidencia de Díaz-Canel es un paso más hacia la entrega del mando a las nuevas generaciones.

“Este proceso está muy marcado por el fin de la era de poder de Fidel (quien murió en 2016) y Raúl Castro, y la pregunta de fondo es si Díaz-Canel va a tener la influencia y la capacidad de movilización que ellos llegaron a tener. La respuesta, en principio, es no”, señala.

Piensa que, por ello, la permanencia de Raúl Castro como un poder en la sombra ayudará al nuevo presidente a dar continuidad a las reformas económicas que ha implementado en la última década el exmandatario cubano y que, a juzgar de los expertos, se quedaron cortas por la oposición de los sectores más ortodoxos del PCC.

Díaz-Canel necesita que Raúl le ayude a contener a los comunistas “duros”.

Por eso a ninguno de los presentes en el Palacio de las Convenciones de La Habana el jueves 19 les extrañó que el nuevo presidente de los consejos de Estado y de Ministros, y por tanto el nuevo jefe del Estado y de gobierno de la isla, haya dicho que Raúl Castro seguirá mandando.

También, desde luego, prometió darle continuidad a la Revolución Cubana “en un momento histórico crucial que estará marcado por todo lo que logremos avanzar en la actualización del modelo económico y social”.

Es un hecho que para transitar hacia el socialismo “próspero y sustentable” que postula Díaz-Canel es necesario que Cuba adopte un modelo parecido al de China, con más mercado, un sector privado más robusto y empresas estatales eficientes.

Y esa apuesta pasa por ampliar en la isla el sector de trabajadores por cuenta propia, las cooperativas y la concesión de tierras en usufructo a campesinos. Esas áreas de la economía que constituyen un incipiente sector privado en la isla dan empleo a la tercera parte de la fuerza laboral, pero al menos debe duplicarse para absorber a la fuerza de trabajo que le sobra al Estado.

Díaz-Canel dijo al asumir el cargo que se harán “los cambios que sean necesarios”, pero advirtió que en Cuba no habrá espacio para una transición que desconozca o destruya la obra de sus predecesores, Fidel y Raúl Castro.

Y al referirse a sus objetivos como gobernante, planteó: “No vengo a prometer nada, como jamás lo hizo la Revolución en todos estos años. Vengo a cumplir el programa que nos hemos impuesto con los lineamientos del socialismo y la Revolución”.

Y el programa del partido es claro. Además de que el VII Congreso del PCC, hace dos años, refrendó su decisión de actualizar el modelo económico –aunque condicionó la velocidad de los cambios a que ningún cubano quede desamparado–, apenas el mes pasado el V Pleno del Comité Central aprobó “la continuidad” de ese proceso de transformaciones.

Es decir, la agenda de reformas iniciada por Raúl Castro es un mandato para Díaz-Canel y para la nueva generación de dirigentes que llegó con él a las más altas instancias de poder.

Tema generacional

Lo que ocurrió el jueves 19 en el Palacio de las Convenciones de La Habana fue más que un cambio de mando, porque el guion elaborado por la dirigencia histórica de la Revolución Cubana buscaba, principalmente, un relevo generacional.

El promedio de edad del nuevo Consejo de Estado es de 54 años, seis menos que el anterior. Y los directivos de ese organismo –un presidente y seis vicepresidentes– tienen una edad promedio de 62 años, 11 menos que sus antecesores.

Además, tres de los directivos, 42%, son afrocubanos –el primer vicepresidente Salvador Valdés Mesa, el primer afrocubano en alcanzar ese cargo, y las vicepresidentas Inés María Chapman y Beatriz Jhonson–, tres son mujeres y tres proceden de diferentes provincias, incluido Díaz-Canel, quien hizo el grueso de su carrera política en Villa Clara y Holguín. 

Y también en concordancia con el plan de transición diseñado por Raúl Castro, la tercera parte de los integrantes del Consejo de Estado no sólo son nuevos en esas tareas, sino que, además, son mayoritariamente menores de 50 años, negros o mestizos, y mujeres.

Es la generación de relevo cuidadosamente seleccionada por los viejos líderes revolucionarios que, junto con Castro, emprende un retiro gradual que debe concluir en 2021, cuando el PCC realice su VIII Congreso. 

Díaz-Canel tiene tres años para construir un liderazgo que le permita llegar a ese congreso con una auténtica voz de mando.