Convergencias de Paz y Mario Lavista

El jueves 19 se cumplieron 20 años de la ausencia de Octavio Paz, el escritor e intelectual mexicano más influyente de la segunda mitad del siglo XX y nuestro único Premio Nobel de Literatura. Esa noche el músico Mario Lavista estrenó en El Colegio Nacional, durante el homenaje al poeta, una cantata compuesta en su honor con base en el poema “Maithuna”. Proceso conversó con el autor sobre dos relaciones: La de la música y la poesía, “que siempre ha pertenecido al ámbito de los sueños”, y la armonía entre ambos creadores.

Tras dos décadas del fallecimiento de Octavio Paz, el compositor Mario Lavista duda que a los jóvenes de hoy les entusiasme la poesía erótica del Nobel de Literatura 1990 tanto como a él, quien le ha musicalizado versos desde hace más de medio siglo, mientras algunos panegiristas del escritor parecen profesar mayor atracción por libros de su ideología liberal.

“Me parece formidable la poesía erótica de Paz. No sé, a lo mejor digo alguna barbaridad, pero ¿se conocerá la poesía erótica de Paz?”, cuestiona el discípulo de Carlos Chávez (1899-1978), fundador de la revista Pauta hace 36 años y miembro de la Academia de las Artes 1987.

“Porque México tiene la imagen de Paz como un escritor de visión política, siempre polémico cuando habla o escribe de las dictaduras de derecha o de izquierda; me pregunto si realmente el grueso de los lectores en México y nuestra juventud han leído su magna poesía erótica”, añade el también Premio Nacional de Ciencias y Artes y Medalla Mozart (ambos en 1991), citando Árbol adentro (1987) como “un libro maravilloso” sobre el Paz amatorio.

“Insisto, a mí me parece un alto poeta erótico, hay otro poema que si mal no recuerdo se llama ‘Cartas de creencia’. ¡Realmente extraordinario lo que dice Paz, especula sobre el erotismo, estupendo, y cómo lo deslinda completamente de la pornografía! Es decir: el amor es otra cosa para él, tiene que ver con lo sagrado, no con cuestiones profanas.”

Tal vez amar es aprender

 a caminar por este mundo.

El ensayo del catalán Manuel Durán (1925) La huella del Oriente (1990) y el de la poeta Elsa Cross (1946) Los dos jardines (1971), apuntan al sendero erótico sagrado que anima la charla Lavista y Paz, quien en “Arte moderno universal” de Los privilegios de la vista (FCE) confesó:  

La música es arquitectura hecha de tiempo, pero arquitectura invisible e impalpable: cristalización del instante en formas que no vemos ni tocamos y que siendo tiempo puro, suceden. ¿Dónde? Fuera del tiempo… Por todo eso no me he atrevido a hablar de ella.

Lavista detiene el panegírico:

“Pero yo no estoy realmente muy capacitado para hablar de su poesía. Simplemente lo digo sin falsa modestia, soy un lector común y corriente. Leo lo que me recomiendan mis amigos. Y soy músico, por eso utilizo los textos de Paz. Uno nunca acaba todo lo que hay que leer, no soy un lector especializado; pero yo creo que música y poesía podrían ser dos artes gemelas por compartir tantas cosas, empezando por sus misterios.”

–¿Como la mujer?

–Exactamente. Ahora, yo creo que el ponerle música a un poema es algo que siempre ha existido. La unión poesía y música es algo muy antiguo, yo pienso que el sonido, la palabra, la sílaba, la música, nacieron simultáneamente del corazón del hombre; me cuesta mucho trabajo imaginar un tiempo en el que no haya existido la unión música y palabra.

“Es una relación tensa… Esta conexión pertenece más al mundo de la imaginación, de la fantasía, mucho más que al de la mera especulación teórica. La relación entre la música y la poesía siempre ha pertenecido al ámbito de los sueños. Es una conversación, diría yo, en última instancia, en la que intercalan sus mutuos misterios. No tengo absolutamente ninguna teoría en cuanto a cómo ponerle música a un poema.”

Epifanías

A las convergencias entre el músico y el poeta, repica el hecho que el horóscopo védico corresponda a Mesha Angaraka, y en el Occidental el carnero de la constelación Aries, los dos con elemento fuego: Mario Lavista Camacho nació el 3 de abril de 1943 y Octavio Irineo Paz Lozano el 31 de marzo de 1914.

–¿Cuándo y cómo lo conoció?

–Yo recuerdo que en 1966. Yo daba clases en la Casa del Lago, que dirigía en ese entonces Juan Vicente Melo y me encargó una obra, la primera que alguien me encargaba. Me pidió unas canciones y yo decidí hacerlas con textos de Octavio Paz.

Paz era el embajador de México en la India (1962-1968) y Lavista le pidió al escritor veracruzano Melo (1932-1996) que le solicitara su autorización de usar los poemas breves “Palpar”, del libro Salamandra, y “Reversible”, dedicado al pintor Alberto Gironella (1929-1999), de Días hábiles, para que Lavista los musicalizara con una mezzosoprano y piano.   

“Yo tenía 23 años, estudiaba en el taller de composición de Carlos Chávez y daba clases en la Casa del Lago de la UNAM gracias a Eduardo Mata, quien era maestro de música allí pero lo acababan de nombrar director de la Orquesta de Guadalajara. Entonces Eduardo me pidió que me hiciera cargo de sus clases.”

Octavio Paz contestó “una carta, muy amable, dándome el permiso para que yo utilizara sus textos y entonces escribí esas dos canciones”. Aunque lo conocería personalmente muchos años después, “cuando en 1984 Paz cumplió sus setenta y los intelectuales y los poetas en Francia decidieron rendirle un gran homenaje en Aix-en-Provence, ciudad donde está el estudio de Claude Cezanne” (1839-1906)”.

“Pero antes que eso, el director de Bellas Artes, Juan José Bremer [1944], nos encargó a tres músicos escribir la música para celebrar los setenta años, que se tocaría en Bellas Artes con la asistencia de Paz.”

Manuel Enríquez (1926-1994) eligió “Manantial de soles”; Daniel Catán (1949-2011) “Mariposa de obsidiana”, y Lavista en sólo nueve minutos creó “Con los ojos cerrados”, “Pasaje” y “Maithuna, primer fragmento”, de Hacia el comienzo, “que es un libro de poesía erótica que Paz escribió a mediados de los sesenta”, sin duda influido por una epifanía que marcó su destino: en el solsticio de verano de 1964 se reencontró por la calle a Marie-José Tramini, su adorada Mari-Yó, una bella francesa la cual se había aparecido en su vida dos años atrás (https://www.nytimes.com/es/2018/04/19/octavio-paz-india/). La obra se estrenó en el Festival Cervantino de Guanajuato.

“Los tres conocimos a Paz allí en su casa, Mississippi se llamaba la calle, creo, en su departamento, se portó como siempre, un caballero, estaba muy agradecido que utilizáramos sus textos para rendirle un homenaje. Yo escribí tres canciones para mezzosoprano y orquesta. De ‘Maithuna’ sólo fueron los primeros cuatro versos porque es un poema muy largo. Paz estuvo allí muy satisfecho, muy agradecido, y muy poco tiempo después lo invitaron de Francia para ir a Aix-en-Provence, a hacerle su homenaje y entonces sugirió que los tres músicos presentáramos nuestras obras allá.”

Paz explicó en Obra poética I (1935-1970) (FCE, 1997): Maithuna.- Las parejas eróticas que cubren los muros de ciertos templos budistas e hindús; la unión sexual, el camino de la iluminación, en el budismo y en el hinduismo tántricos, por la conjunción de karuna (la Pasión) y prajña (la Sabiduría). Karuna es el lado masculino de la realidad y prajña, el femenino. Su unión es s’unyata: la vacuidad… vacía de su vacuidad. El fragmento séptimo de este poema es una imitación de Li Po. [Anoche/ en tu cama/ éramos tres/ tu   yo   la luna].

Lavista musicalizó en 1966 Tres canciones chinas, con poemas de Li Po, Po Chu Yi y Wang Wei, de la dinastía Tang.   

–¿En aquel primer encuentro de su departamento, se hallaba Marie-Jo?

–Sí. Gente de primerísima, evidentemente, fue un encuentro espléndido, charlamos de poesía, de música…

–Hay intelectuales que piensan que a la poesía no se necesita ponerle música, porque posee su propia musicalidad interna. 

–Sí, lo que pasa es que yo no creo que la poesía tenga música. Lo que tiene son ciertos elementos comunes a la música, por ejemplo el ritmo y la métrica. Pero no es música, definitivamente es poesía. Cuando yo escribí aquellas dos canciones era muy joven, ya en los setenta tenía mucho mejor dominio del oficio y también un mayor conocimiento de la poesía de Paz.

–¿Qué le dijo Paz de aquellas dos primeras canciones?   

–¡Noooo, hombre!, Paz siempre se comportó como un caballero. Digo, estaba muy satisfecho. Con decirte que en sus programas televisivos México en la obra de Octavio Paz, en la edición de Héctor Tajonar ilustrada a través de las imágenes de Gironella, quiso que yo le compusiera esa rúbrica con clarinete. Tal gentileza habla mucho de una cierta deferencia hacia mi música.

(https://www.youtube.com/watch?v=vZbPy0QTIbI)

20° Homenaje 2018  

Cuenta Lavista que cuando se construía la Sala Nezahualcóyotl él trabajaba en la UNAM, deseaba invitar al compositor californiano John Cage (1912-1992) para venir a México y le pidió a Paz que le ayudara a convencerlo, toda vez que además de haber escrito “Lo idéntico. Anton Webern, 1883-1945”, le había dedicado los versos “Lectura de John Cage”, en Ladera este.

“Eran muy buenos amigos y Paz fue un fantástico intermediario para que yo pudiera escribirle a Cage, invitarlo a México y él aceptó, dio unas conferencias memorables en la biblioteca Benjamín Franklin, y hubo una maravillosa reunión en Cuernavaca…”

Lavista acudió con el cineasta de Cabeza de Vaca, Nicolás Echeverría (1947) –cuya música hizo– al “encuentro extraordinario de viejos amigos” que pronto llameó.

“John Cage en ese entonces estaba a favor del indeterminismo en la música y en el arte, creía que la participación del autor no era tan importante, que había que dejarlo un poco al azar. Y Octavio Paz defendía exactamente el punto opuesto, es decir, la presencia, la importancia y la responsabilidad del autor. Fue una discusión muy inteligente, no hay que olvidar que [en 1969] ya había escrito Cage un libro que se llama Del lunes en un año [Biblioteca Era, 1974], A Year from Monday, en traducción estupenda de Isabel Fraire, dedicado a Octavio y Marie-Jo. El prólogo habla de que se encontraron en un momento dado, no sé si en Europa o en la India ocho amigos, y quedaron de verse el lunes en un año, de ahí el título. Y cuenta Cage que él fue el único que se presentó ese lunes después de un año, nadie más.

“Yo tomé partido por Octavio Paz –suelta la carcajada–. Sigo creyendo que el autor es importante. Aunque en un momento dado en esa época de la vanguardia, yo como músico realicé varias obras con la intervención del azar y del indeterminismo. En lo que nunca coincidimos Octavio y yo fue en la ópera, a él no le convencía y para mí es un género fascinante. Invariablemente le hablaba de usted a las personas y conmigo era igual.”

En diciembre de 2016, Lavista presentó por encargo del Centro de Experimentación en el Teatro Colón en Buenos Aires, Argentina, el estreno mundial de una nueva obra con el mismo tema de “Maithuna”, escrito por Paz, con Lourdes Ambriz y Mercedes García Blesa (sopranos, percusión); Virginia Correa Dupuy y Cecilia Jakubowicz (mezzos y percusión), dirigidos por Pablo Piccinni y Juan Stafforini.

“Cuando Marie-Jo me llamó a participar musicalmente en el 20° Aniversario Luctuoso de Octavio Paz el jueves 19 de abril en el Colegio Nacional, le sugerí estrenar en México esta nueva versión de Maithuna, con el cuarteto Streghe de Lourdes Ambriz [la Aura de su ópera homónima basada en la novela de Carlos Fuentes, con libreto de Juan Tovar]. Accedió halagada y para mí ha sido estupendo reanudar este mágico diálogo con Octavio Paz así.”

Sin embargo, Marie-José Paz no asistió a El Colegio Nacional. En el acto hablaron Enrique Krauze, Christopher Domínguez Michael, Malva Flores y Jesús Silva Herzog Márquez. Lavista explicó su nueva obra y el ensamble Streghe interpretó Maithuna dos veces: en la apertura del evento y al cierre. (ver acto en https://www.youtube.com/watch?v=onMbE9BiQh8)