Solo a tres voces

La editorial Grano de Sal1 está a punto de sacar a la luz un libro llamado Necesidad de música, del insigne teórico de la cultura George Steiner (París, 1929). El volumen está conformado por una atinada recopilación de textos que se publican por vez primera en español.2 Como su título advierte, el libro ilustra la notable faceta  en torno a los sonidos ordenados. Con respecto al quilate intelectual del autor, basta con saber que es profesor emérito de las universidades de Cambridge y Oxford, colaborador del Times Literary Supplement y haber recibido importantes galardones. Entre éstos, los premios Príncipe de Asturias y Alfonso Reyes.

El texto más extenso del libro versa sobre una hipotética conversación entre un músico, un matemático y un poeta, cada uno exaltando la supremacía de su disciplina. Dado el interés del tema y las ramificaciones que de él se suscitan, esta columna elaboró una apretada síntesis que ha sido autorizada por el sello editorial.3

El MÚSICO: ¿Por qué habría de hablar si puedo cantar? La música es más antigua que el habla. La escuchamos en la harmonia mundi de Pitágoras y Kepler y en el “ruido de fondo” de los modelos de la astrofísica actual. Si el hombre desapareciera, la música persistiría. El habla apareció después y se astilló en innumerables lenguas. Muchas culturas no tienen literatura, pero ninguna comunidad humana carece de música. Es el único idioma planetario. Es compartido por todos y para todos inteligible. Aunque carece de “sentido”, está cargada de significado. Ésa es su esencia. Cura una mente afligida o la enardece, sin embargo, ¿qué contenido ideológico posee? De ahí el acertijo de que composiciones idénticas puedan utilizarse para fines políticos opuestos. La parte coral de la Novena Sinfonía de Beethoven puede utilizarse como una marcha nazi, como un himno comunista o como una oda para celebrar la caída del Muro de Berlín. Nada hay en la Tierra más potente que la música. Sólo la música está más allá del bien y del mal. Por sí misma es trascendente, lo que equivale a decir que no se sujeta a los límites del entendimiento. El lenguaje es inútil frente a la muerte. Los esfuerzos verbales para demostrar la existencia de Dios son mera verborrea. Sólo la música sugiere la posibilidad de alguna forma de ser más allá de nuestras vidas empíricas. Que no podamos explicar racionalmente su penetración en los “otros” indica, precisamente, las limitaciones de todo discurso. En una fuga de Bach o en un adagio de Mahler, la inmediatez de lo trascendente se manifiesta ante nosotros. La música suspende la banalidad de la muerte.

EL MATEMÁTICO: No, amigo. La música no es un lenguaje universal. Muchas personas consideran aburridas las composiciones que invocas. A su vez, hay muchos para quienes el pop es una cacofonía deshumanizante. Sólo hay un código semántico que abarca a todos: el de las matemáticas. El idioma silencioso de la geometría y el álgebra es universal. Sólo las matemáticas son perennes. En principio somos primates que calculan. Las especies animales se comunican por medio de un sonido organizado. Los simios y los raperos braman. Afirmas que la música está más allá del bien y del mal. No estoy seguro. Si la música es inmune al bien y al mal, no es menos extrínseca a la verdad y la mentira. Por ello no puede postular ni verificar ninguna proposición humana. Es esa capacidad la que las matemáticas poseen. Las lenguas están tejidas con mentiras. ¿Qué dogma puede someterse a una prueba auténtica? ¿No es la “verdad” una floritura retórica? Los números habitan el reino de la verdad absoluta. Las matemáticas exhiben una radiante belleza y no es una metáfora. Es, por el contrario, una cualidad precisa. Su belleza es difícil de caracterizar, pero el ingenio humano la percibe. En suma, representan la única pasión desinteresada del hombre. Tienen la inocencia de lo absoluto. La identidad que Keats plantea entre verdad y belleza no puede demostrarse ni con la música ni con el lenguaje.

EL POETA: Caballeros, los he escuchado con deleite. He notado la destreza de sus citas, y ése es el punto. Su instrumento ha sido el lenguaje. La vida humana es lingüística. Articulamos la realidad en la medida en que podemos expresarla. Es la evolución lo que nos hizo humanos. Como han señalado, las insinuaciones de lo trascendental son sólo eso: escenarios simbólicos, circunscritos por las convenciones del discurso. Sólo a través del lenguaje el hombre cuestiona. El habla es tan pródiga como la vida. Es tan funcional en el lenguaje como lo es en la música. En el principio era el Verbo, no la melodía ni las ecuaciones. Estamos tan inmersos en el lenguaje que no valoramos su poder. El tiempo humano gira en torno de los tiempos verbales. Los tiempos futuros nos capacitan para postular y analizar fenómenos más allá de nuestra muerte. Es esta ventaja la que ha generado las artes y las ciencias humanas. No, amigos: me regocija la música y me admira el resplandor de las matemáticas, pero mi ser le pertenece al lenguaje.

EL MÚSICO: ¡Qué elocuencia! ¿Qué podría decir un pobre músico como yo? Que su materia llega de manera directa a lo más hondo de la naturaleza humana. Hace que participe la totalidad de la persona. Sin duda, el lenguaje es fundamental en nuestra vida, pero es una adquisición tardía. La música sí provoca respuestas primordiales. ¿Qué es lo que le da a la música poder sobre nuestros sentimientos? Su poder transformador.

EL POETA: Estoy de acuerdo en cuanto al imperio que la música ejerce sobre lo que es imperfecto. Y concedo que tales elementos son fuente de impulso creativo. Yo estoy sujeto al éxtasis que desata. Pero no la escucho con frecuencia, me altera. Esta sensación de estar fuera de uno mismo le es común al autómata ensordecido en un concierto de rock. Su fenomenología es la del narcótico y la hipnosis colectiva. Las bocas se abren, el cerebro se cierra. La música es una droga. Nuestras reacciones físicas y psíquicas pueden convertirse en adicción. Mientras que el lenguaje es nuestra barrera contra la animalidad, contra el eclipse de la razón. De ahí un correlato decisivo: es a través del lenguaje que el Homo sapiens progresa. La música no lo hace. No activa el ascenso del hombre.

EL MATEMÁTICO: ¿Estás seguro? La intolerancia y el fanatismo derivan su poder del lenguaje. Cuando la civilización cayó en la bestialidad del siglo xx, lo hizo bajo la oratoria de Hitler; el lenguaje puede decir y ordenar cualquier cosa. Preside no sólo el progreso sino la involución humana. Sólo las matemáticas avanzan. Un razonamiento matemático no permite retroceso. Es evidencia del crecimiento de la razón.

EL POETA: Un crecimiento tan esotérico que sólo es accesible a una fracción de la humanidad. ¿Cuántas personas pueden comprender las hipótesis de Riemann? ¿En qué sentido pueden estos arcanos representar un progreso que depende del lenguaje?

EL MATEMÁTICO: Curioso argumento, si se toma en cuenta quien lo esgrime. 

Una y otra vez, desde Píndaro hasta Mallarmé, las innovaciones en estilo y forma han sido inteligibles sólo para iniciados. Salvo a un nivel rudimentario, el conocimiento de las letras ha sido patrimonio de una élite y un principio de poder.

EL MÚSICO: De nuevo, es la música la que mantiene el equilibrio. Dado que internaliza el tiempo, la música es intemporal, por ende, exenta de corrupción. Y, a diferencia de las matemáticas, aún la música más “difícil” es audible para todos.

EL POETA: No creo que logremos convencernos. ¿No sería más fructífero considerar los elementos comunes? La poesía comparte criterios con la música. Un poema busca el equilibrio entre sentido y sonido. A fin de cuentas, la expresión poética apunta a esas esferas más allá de la racionalidad; una búsqueda inherente a la música.

EL MÚSICO: ¡Digámosle amén a eso! Cuando a un poema se le pone música ocurre un acto de interpretación vital, además de que nuestro parentesco con las matemáticas es enorme. Las progresiones armónicas nos son indispensables a ambos. Por lo tanto, hay ahí más que una alegoría a la intuición de que la música es matemática en movimiento.

EL POETA: Celebremos entonces la fortuna por la cual “un animal bípedo” engendró tres lenguas majestuosas. Miremos con asombro las creaciones en las que se combinan las tres. Nuestro comportamiento es todavía intelectualmente primitivo y nuestra codicia y sed de sangre no terminan. Pero cuando recitamos un soneto de Shakespeare, cuando interpretamos la Misa en Si menor de Bach o cuando luchamos con la conjetura de Goldbach logramos trascendernos. En verdad, no hay “mayor maravilla que el hombre”.  

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1 Esta editorial, mexicana publica “libros para mantener viva la duda razonable y su catálogo abarca obras de ciencias, humanidades y artes..

2 Tanto el prólogo como la selección y la traducción de los textos corrió por cuenta de Rafael Vargas Escalante.

3 Este lunes 23, a las 18:00 hrs, el texto completo será escenificado dentro de la Fiesta del libro y la rosa de la UNAM por un poeta, músico y matemático verdaderos. Entre ellos el redactor de esta columna. Para escuchar algunas de las músicas propuestas en el texto acuda a la página: proceso.com.mx