Francisco Zamudio

Pese a que exactamente hace dos meses el propio Francisco Zamudio dio la noticia de que el cáncer había regresado a su cuerpo y que sus amigos y colegas deseaban y daban por hecho su recuperación, la noticia de su fallecimiento la madrugada del domingo 15 los tomó por sorpresa.

Paco Zamudio fue una figura muy querida y respetada en el medio periodístico musical por su eterna defensa al rock hecho en México. Autor de innumerables textos dedicados a los creadores e intérpretes del género en los que informaba y analizaba nuevas propuestas musicales, siempre quiso hacer comunidad, tanto entre periodistas como con músicos, y por esa razón en septiembre de 2016 lanzó el sitio de internet Tunación Rock, en el que se propuso dar cuenta del acontecer rockero nacional.

Su pluma crítica recorrió prácticamente todas las publicaciones, y no cedía ante el amiguismo, algo de lo que no muchos pueden presumir; sus palabras siempre dejaban algo en qué pensar o invitaban a investigar.

Pero aparte de ser un gran profesional, Zamudio fue mucho mejor persona: todos aquellos que tuvimos la suerte de conocerlo podemos hablar, por ejemplo, de su eterna sonrisa que no se borraba ni cuando comía. Tuvo palabras de aliento para todos, y pese a esa pinta de tipo rudo –hombre corpulento de casi dos metros de altura–, en su interior era una persona noble y desinteresada.

Parte de su historia personal fue intensa, pues hace 14 años se le diagnosticó cáncer, pero logró salir del trance aunque al parecer siempre tuvo la sospecha de que esa historia no había concluido. Apenas en agosto pasado su esposa, con quien había estado desde 1997, falleció a causa de la misma enfermedad. En aquellos días Paco decía que probablemente pronto la alcanzaría.

El pasado 13 de febrero escribió en su página de Facebook una especie de despedida al anunciar que la enfermedad lo había atacado nuevamente.Sus amigos, colegas y seguidores, decididos a no dejarlo solo, acudieron al llamado de otro periodista, Chava Rock, e hicieron una coperacha para que no tuviera que preocuparse por el tema económico, al menos por un rato. Dos días después, sobrecogido, escribió:

“Por todas sus muestras de apoyo y de cariño… Gracias infinitas. Por sus palabras de aliento… Gracias infinitas. Por sus oraciones y sus buenos deseos… Gracias infinitas. Por su ayuda monetaria, que me ha dejado completamente abrumado y conmovido… Gracias infinitas.”

Francisco Zamudio nunca buscó el protagonismo, eso se lo dejaba a los sujetos de sus textos, él sólo hacía lo que le gustaba. Para él van las líneas de esta columna, una columna que debió escribirse dentro de mucho tiempo.