Exhibe la “ignorancia” del fiscal de Oaxaca en torno a la muerte del niño Edward

Señor director: 

En noviembre de 2017, el niño Edward Luna Trujillo sufrió una caída y se fracturó el codo. Fue trasladado a un hospital privado de la ciudad de Oaxaca y ahí fue intervenido quirúrgicamente. Desafortunadamente, el pequeño presentó una reacción anafiláctica al anestésico, lo que ocasionó su fallecimiento.   

Los padres fueron asesorados por abogados que lucran con el dolor de las personas, sesgando la información a tal grado que el fiscal general de Justicia del estado de Oaxaca, Rubén Vasconcelos Méndez, declaró que se trataba de un “homicidio doloso”.

Al respecto, me permito dirigir una carta abierta al fiscal general del estado sobre sus afirmaciones, las cuales demuestran un alto nivel de ignorancia médica:

Usted basa su acusación de “homicidio doloso con agravante de responsabilidad médica”, refiriendo que “el doctor Luis Alberto Pérez Méndez tenía conocimiento de que la clínica en la que se llevó a cabo el procedimiento quirúrgico no contaba con una unidad de terapia intensiva”.

Respetuosamente, le informo que el concepto de terapia intensiva no radica en un lugar o en aparatos de alta tecnología; es una actitud ante el enfermo establecida desde la Guerra de Crimea (1854) por la enfermera Florence Nightingale, considerada la creadora de este concepto ante los pacientes.

Dicho concepto significa que el médico y la enfermera deberán estar al lado de cualquier paciente grave durante el tiempo que sea necesario para su completa estabilización, teniéndolo que trasladar a una unidad de alta especialidad si el caso lo amerita.

Por ello, en los hospitales existe un área para llevar a cabo este concepto. Primero, se improvisa la terapia intensiva en una habitación; si se presentan varios casos, se establecerá de manera definitiva para ahorrar recursos.   

Con la sobrevida actual y el aumento de cirugías complejas se ha establecido un lugar físico con especialistas en esta rama médica. Desafortunadamente, no existen suficientes, no sólo en nuestro país sino también en el resto del mundo. 

Debido a lo anterior, en todos los hospitales públicos y privados existen áreas con tal designación, donde los pediatras generales manejan la terapia intensiva de los niños, y los internistas, a de los adultos, porque en la mayoría de estas instituciones no existen especialistas intensivistas. 

Tal es el caso del hospital en el que laboro, en Quintana Roo. Ahí sólo existen dos especialistas en terapia intensiva pediátrica y uno de ellos no ejerce porque tiene un cargo administrativo. 

Entonces, en Oaxaca, por la grave reacción que presentó el enfermo ante la anestesia, se debió tomar la actitud de terapia intensiva con un pediatra médico, sin necesidad de contar con un servicio de “terapia intensiva”. 

De lo contrario, según su criterio ignorante, cualquier cirugía electiva o urgencia común, como una fractura, deberían atenderse sólo en hospitales que cuenten con aparatos costosos y médicos especialistas o se tendrían que trasladar a la Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey, urbes donde no habría suficiente espacio para la gran cantidad de cirugías que se realizan.

En el ejercicio de la medicina existen tres clases de faltas: por un acto mal realizado en el paciente que se desvíe de los estándares aceptados por la comunidad médica y que causa un daño, acto denominado negligencia (o sea, no hacer lo que se tiene que hacer); por impericia, que resulta por no tener la experiencia y habilidad suficientes para hacer cualquier  procedimiento, y por imprudencia, que sería realizarlo sin contar con los medios suficientes de seguridad y conociendo las posibles complicaciones. 

Su acusación de “homicidio doloso” demuestra una total ignorancia en la misión del médico, que primero es prevenir, después curar, aliviar y, por último, consolar.

Espero haber aclarado un poco sus acusaciones y comentarios negligentes, faltos de criterio y de conocimiento.

Atentamente:

Cirujano pediatra certificado Francisco González Durán de León