El fallo en favor de El Bronco preludia una “elección de Estado”

Señor director:

Por la trascendencia históricamente negativa del reciente fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), en el que validó la candidatura presidencial de Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, le solicito, atentamente, la publicación de esta opinión ciudadana que, muy probablemente, tienen millones de mexicanos.

Salvo una errónea apreciación del suscrito, el fallo del TEPJF es una más de las contundentes pruebas de que en el actual proceso electoral se cometerá la más grande elección de Estado en décadas; por tanto, sólo los ciudadanos con una descomunal inocencia podrán suponer que habrá legalidad en los comicios y que se respetará el voto de los mexicanos.

Me causa impotencia y enojo permanente cuando observo la frivolidad y la impunidad de los candidatos presidenciales y de sus partidos cuando gastan miles de millones de pesos. Se trata de recursos que aliviarían, en gran medida, la situación de millones de mexicanos, si en verdad fueran empleados con honestidad.

Sin embargo, dichos recursos beneficiarán, principalmente, a todos los participantes de esta diabólica comedia electoral, como encuestadores, publicistas, asesores de todo tipo, analistas políticos, medios de comunicación deshonestos, etcétera. 

Nadie en su sano juicio, o después de analizar el problema sin fanatismo ni falsas esperanzas, podrá creer que Andrés Manuel López Obrador, candidato presidencial de Morena, y Ricardo Anaya, aspirante del PAN y del PRD, están jugando a perder con árbitros electorales, quienes, según todo indica, serán agresivamente parciales para fabricar e imponer una elección de Estado.

Por lo tanto, el que los candidatos acepten competir en desigualdad, sin solventar las reglas ni sanear las instituciones antes de la elección, da pie para presumir que también son cómplices del desaseo y de la parcialidad que ya se observa en las instituciones electorales, gubernamentales, legislativas y judiciales. 

Desde mi modesto punto de vista, si los candidatos y los partidos políticos que los apoyan no corrigen el proceso electoral, los ciudadanos podríamos suponer que no quieren el poder presidencial, sino sólo ampliar sus cuotas de poder en el legislativo, en el gobierno y en cuanto al tráfico de influencia.

También podríamos suponer que sólo desean los miles de millones de pesos disponibles en el próximo sexenio, amasando riquezas para ellos y sus familias durante generaciones, a costa, una vez más, de gran parte de la sociedad que, estando en la pobreza, no tiene una esperanza real de un mejor futuro. 

Atentamente:

José Manuel Guerrero Ramos