Denuncia fraude en un juicio sucesorio radicado en Iguala

Señor director: 

Le agradecería la publicación de mi carta-denuncia en la sección Palabra de Lector, por la curiosa coincidencia entre el obispado mexicano y los candidatos presidenciales sobre el respeto al “estado de derecho”. 

Casi todo México está de acuerdo en combatir la impunidad y la corrupción para “fortalecer” el estado de derecho, como se exhortó en la Conferencia del Episcopado Mexicano, pero cuando los convocantes no predican con el ejemplo las cosas cambian y prevalece la “cultura de la corrupción y de la impunidad”. 

Tal es el caso de la asociación religiosa “San Francisco de Asís”, en Iguala, Guerrero, que pertenece a la diócesis que encabeza el obispo Salvador Rangel Mendoza, quien heredó del obispo Alejo Zavala Castro un problema legal por no asumir su responsabilidad en materia de rendición de cuentas sobre el saqueo –que por interpósita persona benefició a la mencionada asociación– de la supercuenta millonaria Che 57-01325822-9, de Santander-Serfin, según la declaración ministerial del extinto cura Emiliano Perez Sotelo.

Tampoco hay transparencia sobre el registro de procedencia de dos bienes inmuebles en el expediente abierto en favor de la parroquia de San Francisco de Asís, con registro constitutivo SGAR/543:1096 en la Subsecretaría de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación. 

Ambos casos están relacionados al acervo hereditario del expediente sucesorio 992/2009-I de Marciana Dirzo Castrejón. 

Por lo anterior, suplicamos la valiosa intervención de los obispos y de los candidatos presidenciales que pretenden impulsar la “cultura de la legalidad” para que constaten, personalmente, la abusiva interpretación y aplicación de la ley en Guerrero, y para que se detenga una sucesión plena de fraudes procesales y de “carpetazos constitucionales” que han violentado a una familia relativamente unida en los valores de la fe católica. (Carta resumida)

Atentamente:

Alfonso Javier Salgado Dirzo,

representante y apoderado legal de mi madre, 

Mercedes Dirzo Castrejón, 

de 88 años, la heredera legítima.