El opiáceo más letal

En noviembre pasado peritos de la Procuraduría General de la República (PGR) hicieron un doble hallazgo en Sinaloa al recolectar frascos e instrumentos en la basura de un laboratorio clandestino decomisado por el Ejército en esa entidad.

En primer lugar, las muestras evidenciaron que los químicos reclutados por el narco habían sintetizado fentanilo, el potente opiáceo sintético que en los últimos años ha sustituido a la heroína en el millonario mercado de opiáceos de Estados Unidos, donde más de 2 millones de personas son adictas a la droga; en segundo, descubrieron que en ese lugar se elaboraron “pre-precursores”. 

En otras palabras, se fueron un paso atrás en la cadena de producción: elaboraron sustancias que les sirvieron para fabricar los precursores químicos que, a su vez, permitieron la síntesis del fentanilo.

De acuerdo con un boletín de la PGR emitido el 23 de noviembre, en el laboratorio –localizado en el poblado El Barreal, municipio de Culiacán– se decomisaron 182 litros de precursores líquidos y 40 kilos de sustancia sólida “para la elaboración de drogas sintéticas”.

Este hallazgo aportó un elemento más a la retórica del gobierno estadunidense de Donald Trump, el cual afirma que México se convirtió en un centro de producción de fentanilo. El gobierno mexicano no reconoce oficialmente este hecho, pues la mayor parte del producto decomisado en el país proviene de China.

En 2006, las autoridades encontraron un laboratorio en Toluca, en el que detectaron trazas de fentanilo, pero sin el material para elaborarlo. Un químico detenido durante la operación dibujó la ruta de síntesis –es decir, la “receta”– para elaborar el opiáceo. 

Ello hizo pensar que México se había convertido en productor del químico, pero en los siguientes años las autoridades mexicanas no encontraron más evidencias que lo confirmaran.

El fentanilo que confiscaban en Baja California, Sonora o Jalisco se encontraba ya elaborado –en polvo, pastillas y en ampolletas–. Los laboratorios clandestinos que encontraron eran utilizados para comprimir el polvo en pastillas, las cuales resultan mucho menos peligrosas –basta inhalar una cantidad ínfima de polvo para morir– y más fáciles de traficar.

En noviembre pasado, Proceso y el New York Times revelaron que el fentanilo importado por los cárteles proviene de China, pero pasa primero por Estados Unidos, y más precisamente por los centros de redistribución de los gigantes de paquetería como FedEx y UPS. En México, los grupos elaboran sus drogas de diseño y posteriormente las envían a Estados Unidos.

Ganando a la heroína

Fuentes de inteligencia de Estados Unidos y México dicen a este semanario que el bajo precio de producción del fentanilo y sus altísimos márgenes de ganancia lo hacen más atractivo que la heroína para los traficantes, y a la larga podría acaparar el mercado de los opiáceos.

La matemática resulta sencilla: producir un kilo de heroína requiere alrededor de 10 kilos de goma de opio. En la retirada región de La Montaña de Guerrero, el gramo de goma se vende ahora a un nivel históricamente bajo de 5 pesos, por lo que producir un kilo de heroína pura cuesta 50 mil pesos, poco más de 2 mil 500 dólares. El mismo kilo se vende entre 40 y 60 mil dólares en el mercado negro estadunidense.

Un kilo de fentanilo puro, por su parte, cuesta entre 3 mil 300 y 5 mil dólares. Pero dada la potencia del producto, un solo kilo puede diluirse hasta 100 veces y producir por lo menos 500 mil pastillas. Cada una de ellas se vende en las calles entre 10 y 20 dólares, según la agencia antidrogas estadunidense (DEA, por sus siglas en inglés).

“Resulta poco claro el tamaño del mercado que el fentanilo le ganó a la heroína, ya que ambos mercados están muy vinculados. Sin embargo, algunos indicadores de la heroína sugieren que el fentanilo está impactando de manera significativa en algunas partes del mercado y, en algunos de ellos, incluso la está rebasando”, recalcó la DEA en el Reporte nacional sobre las amenazas de drogas 2017, publicado en octubre pasado.

El 93% de la heroína que la DEA encontró en Estados Unidos en 2015 provenía de México, donde se cultivan campos de amapola suficientes para producir 81 toneladas de esa droga. “El suministro de heroína en Estados Unidos, y particularmente los mercados del polvo blanco en el oriente, es altamente puro, barato y cada vez más adulterado con fentanilo”, abunda el informe.

Un agente de la DEA, entrevistado por Jesús Esquivel, el corresponsal de Proceso en Washington, sostiene que los grupos mexicanos tienen dos formas de distribuir el fentanilo en las calles de Estados Unidos: lo venden solo o mezclado con la heroína mexicana –la “negrita” o “cafecita”–, que distribuyen como si fuera de alta pureza.

El producto de la mezcla compite con la heroína asiática, que se vende a mayor precio en las grandes ciudades de la Costa Este, como Nueva York, Boston, Washington D.C. o Chicago.

A menudo, los compradores no saben que el producto que consiguieron como heroína contiene fentanilo, del que además resulta imposible conocer la concentración. “Debido a la potencia del fentanilo, sólo pequeñas cantidades se agregan a la heroína, y la potencia de la mezcla final depende de la forma en la que las drogas fueron combinadas”, según el reporte de la DEA.

Hasta la fecha, las autoridades mexicanas no han decomisado heroína mezclada con fentanilo en el país, lo cual indica que ese producto se elabora en Estados Unidos. Pero la reciente expansión del opiáceo y de las demás drogas sintéticas les impide tener un panorama claro sobre la situación. La PGR encargó el análisis de las muestras de opiáceos incautadas a su grupo especializado en heroína y metanfetamina.

Aunque el informe de la DEA planteé que “el uso creciente de fentanilo mezclado con heroína todavía no afecta el tamaño del cultivo de amapola en México”, durante una visita reciente a la región de La Montaña, este semanario constató que el precio de la goma de opio se derrumbó en el último año y que la venta se encuentra prácticamente detenida.

Los productores entrevistados no identifican el nombre del fentanilo, pero atribuyen su desgracia a una nueva droga sintética proveniente de China.

El funcionario de la DEA consultado por el corresponsal Esquivel rechaza que la reducción del precio de la goma de la amapola mexicana convenga a Estados Unidos.

“Hay menos heroína, claro, y es importante, pero hay más producción de opiáceos con fentanilo que es una combinación letal para los consumidores y una droga que genera mayores ganancias a los narcotraficantes de México”, dice.

Muerte en el norte

El presidente Trump hizo de la “crisis de los opiáceos” uno de sus principales ejes de política interna y exterior e incrementó el presupuesto para el combate al tráfico de opiáceos.

El magnate declaró una emergencia de salud pública ante la ola de muerte que arrasa a Estados Unidos: más de 42 mil personas fallecieron por sobredosis de opiáceos en 2016, una cada 12 minutos en promedio. En el vecino país del norte, el número de muertes por sobredosis ya rebasa el de suicidios, accidentes de tránsito y asesinatos con armas de fuego.

En el escenario internacional, el gobierno estadunidense multiplicó los foros e iniciativas para alinear los demás países a sus intereses, entre otros en la Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y el Crimen (ONUDC) o la Oficina Internacional de Control de Narcóticos. 

Empujó, por ejemplo, a China e India a reforzar el control sobre los precursores químicos del fentanilo, específicamente al N-fenetil-4-piperidona (NPP) y el 4-anilino-N-fenetilpiperidina (ANPP). No obstante, uno de sus principales objetivos consiste en combatir el tráfico proveniente de México.

“A pesar de que trabajamos bien con México y China, los tres debemos hacer más”, planteó James Walsh, un alto funcionario de la Oficina Internacional de Asuntos Antinarcóticos y Procuración de Justicia, el martes 3.

Agentes de inteligencia y químicos forenses mexicanos se reúnen cada dos meses con sus homólogos de Estados Unidos en el hotel Sheraton de la Ciudad de México para compartir avances y definir estrategias.

El año pasado, la embajada del vecino país organizó en México la Conferencia Nacional de Químicos Forenses sobre Fentanilo –que financió con fondos de la Iniciativa Mérida–, en la que agentes de la DEA y de la PGR capacitaron a peritos “de cada estado de México” sobre el tema.

“Mi gobierno ha declarado claramente que detener el flujo de opioides y de otros estupefacientes ilegales que entran a Estados Unidos es una de nuestras principales prioridades, junto con el aumentar el acceso a los tratamientos por adicción”, subrayó la embajadora Roberta Jacobson, quien próximamente termina su encomienda diplomática en México.

Como los demás opiáceos, el fentanilo actúa principalmente en el cerebro: al colocarse en los receptores opioides, ralentiza el sistema nervioso central y produce sensaciones de relajación y euforia. Inyectado, el opiáceo actúa con mayor potencia, pues sube de inmediato y sin filtro al cerebro.

Una sobredosis ocurre cuando los opiáceos desbordan los receptores opioides y ocupan la zona vecina del cerebro que controla la respiración. El cuerpo “olvida” respirar y el oxígeno deja de llegar a los órganos vitales, entre ellos el cerebro y el corazón. Sin una atención rápida, se puede perder consciencia, caer en coma o morir.

La potencia del fentanilo lo hace altamente peligroso: bastan dos miligramos del opiáceo sintético para saturar el sistema nervioso de una persona no acostumbrada para provocar una reacción potencialmente letal, contra 200 miligramos en el caso de la heroína –por esto se dice que el fentanilo es 100 veces más potente que la heroína–.

En 2016, las autoridades estadunidenses decomisaron 287 kilos de fentanilo, 72% más que el año anterior. Entre las confiscaciones, la DEA encontró un lote de pastillas que contenían 1.8 miligramos del opiáceo: una cantidad peligrosamente cercana a la mortal.