“Cinema 35”

En un cine de medio pelo en donde todavía se proyectan películas de 35 milímetros, tres empleados conviven en medio de una rutina de trabajo poco gratificante y absolutamente monótona.

La obra de teatro Cinema 35 de Annie Baker está ubicada en un pueblo de Massachusetts, justo cuando la digitalización de la proyección cinematográfica se instala y pocos cines conservan el formato tradicional. José Rendón la traduce y la dirige en el Foro Lucerna con las actuaciones de Ana González Bello, Martín Altomaro y Pierre Louis.

La adaptación de esta obra de teatro es parcial. Los actores hablan con el slang de nuestro México de una manera estupenda, en contraposición con la traducción que rigurosamente la ubica en un pueblo norteamericano: se habla en dólares, se citan calles, lugares y de más referencias de por allá. El director y adaptador desaprovecha la oportunidad de acercarla a nuestra realidad y potencializar la propuesta. Es claro que cuando de repente hay alguna referencia a lo nuestro, saltan las risas y la atención del espectador. El cine, con sus carteles locales, poco tiene que ver con nuestros cines, aunque los personajes fácilmente pueden ser universales, y no por eso interesantes. 

Ya en 1985 habíamos visto la emblemática obra de teatro De película, de Julio Castillo, donde el escenario era la butaquería de un cine viejo y los espectadores estaban ubicados en el lugar que ocupa la pantalla. Uno de los éxitos abrumadores de esta obra tenía que ver con el recorrido que hacía a partir del cine que se veía en México hasta los sesenta, y se centraba en los espectadores que asistían a esa sala y cambiaban según la época y la película que estaba proyectándose.

En Cinema 35 se enumeran películas como un juego de retas que los empleados suelen hacer. Son norteamericanas, en su mayoría, claro, como sucede en la actualidad en nuestros cines, y por tanto en nuestro imaginario; pero las referencias cinematográficas y la pasión por el cine se queda en sólo eso, una enumeración y en la oposición de uno de los personajes al cambio digital.

La obra Te Flick (traducida como Cinema 35) se presentó en el Off-Broadway. Ganó el Pulitzer en 2014 y aun así es larga y aburrida. Las problemáticas de los personajes se quedan a un nivel superficial y los temas que dicen tratar, como el racismo, la discapacidad y la soledad, son tan frugales que no llevan a ningún lado.

Sam, Rose y Avery están ahí por diferentes circunstancias. Avrey (Pierre Louis) acaba de llegar a trabajar en la limpieza con la ilusión de estar cerca del proyector y en algún momento poder manejarlo; Rose (Ana González Bello) es la proyeccionista desfachatada, sin pelos en la lengua y con ganas de pasar el rato; y Sam (Martín Altomaro) es un cuarentón que vive con su madre y ha aceptado su trabajo como una forma de vida. 

Son buenas las actuaciones de Ana González Bello, Martín Altomaro y Pierre Louis. Ana González Bello brilla por su naturalidad; es fresca y chispeante. La presencia escénica de Martín Altomaro es fuerte y la forma que interpreta su personaje, entrañable. Y Pierre Louis cumple su papel aunque un tanto estereotipado. 

Cinema 35 nos habla de un momento de transición en el cine y de tres personas que viven por vivir, aunque no saben hacia dónde van… Como la obra de teatro The Flick, de Annie Baker.