Posdebate

La llegada al pos debate del primer encuentro mediático de los cinco candidatos a la presidencia de la República, muestra la inequidad en el reparto de medios de comunicación. Sólo Morena y AMLO carecen de una plataforma radiofónica y televisiva. Los otros cuatro se han asegurado el favor y el espacio de comentaristas, locutores, periodistas que les garantizan mucho halago y poca fiscalización.

Lo anterior se deriva del reparto inequitativo de frecuencias. Éstas se han otorgado por cientos, a partir del reciente cambio a lo digital, a la empresa privada: canales televisivos, combos radiofónicos. Algunas más corresponden al gobierno, pues las emisoras de SPR están adscritas a la Secretaría de Gobernación. Únicamente 15 se encuentran en universidades. 

La estructura de medios que prevalece afianza la capacidad del sistema para reproducirse. Cotidianamente se refuerzan las creencias establecidas por la oligarquía con el fin de sujetar a la población a esquemas de sometimiento voluntario. Gracias a ese control de medios, las mentiras y calumnias pueden pasar por verdades, por convicciones. Mismas que serán reiteradas de forma amplificada por todos los voceros oficiales y oficiosos. Debido a la concentración de medios, las voces discordantes se vuelven inaudibles para la generalidad de los habitantes.

En un par de años la multiplicación de frecuencias, siempre en manos de los mismos consorcios, está acabando con el nuevo cuadrante digital. Según IFETEL desde 2015 se han otorgado 153 concesiones digitales de uso social, 43 de uso social comunitario, apenas 7 de uso social indígena. Datos totales de 2016 indicaban que hay 1 745 estaciones de radio, la mayoría pertenecientes a 15 firmas. En televisión 821 y tres oligopolios: Televisa, TV Azteca, Grupo Ángeles, más otros dos grandes grupos, Multimedios y MVS.

Se está fragmentando a la audiencia en términos de canal, quizá de estilo, pero no de contenido sustancial. Las orientaciones tienden a unificar a los públicos en una audiencia conformista. Tolera las falsedades, no increpa, está satisfecha con lo que sale de su pantalla, con la violencia depositada en personajes de telenovela o en conductores de noticiarios. Acepta que le den gato por liebre. Pero no lo hace a sabiendas, la corrupción imperante le ha borrado la conciencia. Por otro lado, a los críticos el sistema los elimina.  Muerte a periodistas, amago económico a medios libres, cero anuncios a los que se salen de los parámetros. En esta vía no puede tenerse una contienda electoral sensata en donde los contrincantes emitan razones y no simples insultos.

Es la propia autoridad la que propicia tal comportamiento, primero al erogar sumas millonarias para comprar tiempo a los privados para colocar más de cuatro millones de spots. Luego abriendo paso a mensajes degradantes para la contienda hasta el absurdo. Los mejores ejemplos se encuentran en la propaganda radiotelevisiva del PRI-VERDE, PAN-PRD-MC.