“Rusalka”, la ópera de Kvapil y Dvorák

Una ondina que quiere ser humana para amar al hombre del que se ha enamorado. Una historia de desamor y condena; de mundos sin posibilidad de integrarse. Una ópera mágica con universos fantásticos que evocan a la imaginación y a realidades mitológicas.

Rusalka es una ópera que nació del libreto del poeta checo Jaroslav Kvapil y a la que Antonin Dvorák escribió la música. Fue aclamada desde su estreno en Praga en 1901 y acaba de presentarse en México en el Palacio de Bellas Artes. La corta temporada de Rusalka, como suelen ser las temporadas de ópera,  fue encabezada por el director concertador serbio Srba Dini´c y el director de la puesta en escena Enrique Singer, actual director de la Compañía Nacional de Teatro.

La escenografía espectacular de Jorge Ballina y el impresionante diseño de iluminación de Víctor Zapatero, al igual que el vestuario de Eloise Kazan, nos transportaron a mundos naturales y quiméricos para escuchar y ver el periplo de una ondina, ninfa, ola, espíritu de las aguas, que con un brebaje de la hechicera Jezibaba se convierte en humana pero pierde la voz. Advertida por su padre de perder también la inmortalidad y ser condenada por sus hermanas, Rusalka toca tierra pero no puede concretar su amor. Su frialdad, su falta de esencia humana y la presencia de la princesa, lo llevan a rechazarla y ella vuelve derrotada a las profundidades del lago con el maleficio de traer la muerte a los humanos. El príncipe, que no ha dejado de amarla, la busca; y con un beso que concreta un amor imposible, muere enamorado. La ondina ha experimentado el amor, pero se quedará viviendo en un lago de muerte.

El libreto de Jaroslav Kvapil está inspirado en los cuentos de Erben y Nemcová sobre la mitología eslava, la novela gótica Ondina de Fouqué, La sirenita de Hans Christian Andersen, La campana sumergida de Hauptmann, El anillo del nibelungo de Wagner y algo de El pescador y su alma de Oscar Wilde. Con esta riqueza de referencias, en Ruselka la poesía de Kvapil embelesa y los mundos mitológicos que recrea elevan el alma; aquella que Ruselka busca incansablemente. Salen las lágrimas y se enchina la piel ante la hermosa y apasionada voz de la soprano argentina Daniela Tabering en su Canto a la luna, pidiéndole que le diga a su amado que es ella, la ola, la que lo abraza.

Una de las dificultades de esta ópera es la simultaneidad y la fantasía de los espacios que plantea; espacios naturales como el lago y el bosque, el castillo y las profundidades. Enrique Singer conjunta con inteligencia una visión espacial y de movimiento que permite este juego. Las olas del mar son también montículos de tierra, el salón de baile está rodeado de ondas azules circulares y en movimiento que bajan y suben, que dan el contexto, y en otro momento sumerge a los personajes/cantantes en ese lago donde flotan o corren saltando las olas. La hechicera, con la poderosa voz de la mezzosoprano mexicana Belem Rodríguez aparece en un túnel verde dentro de las aguas y el impresionante barítono Kristinn Sigmundsson acompaña a su hija en su desasosiego.

Rusalka se presentó por primera vez en Latinoamérica en el 2011, en el Palacio de Bellas Artes. Era la ópera prima de Enrique Singer como director de escena en la ópera; y el año pasado, esta misma propuesta se llevó a cabo en el Teatro Colón de Buenos Aires.

Rusalka es una ópera especial que sucede en un mundo surreal, en medio de la naturaleza, el agua y el campo; con una luna material que transita al fondo del escenario y una música y una poesía que sublima los sentidos.