El boicot al “Excélsior” de Scherer

Testimonios como el de Juan Sánchez Navarro sobre la participación y presión que ejercen los empresarios como bloque en diversos momentos políticos, así como los “pases de charola” que el PRI hizo entre los dueños del país en tiempos electorales, fueron documentados por el fundador de Proceso, Julio Scherer García.

Por ejemplo, en su libro Los Presidentes, narra:

“–¿Absolutamente dices?

“–Sí, eso digo.

“–Cuéntame –lo apremié.

“A juicio de la cúpula de los organismos privados en el país, el Comité Coordinador Empresarial que presidia Sánchez Navarro, Excélsior perdía objetividad en la presentación de las noticias y peligrosamente torcía el rumbo a la izquierda. Alarmados por la orientación del periódico más importante del país, industriales, banqueros y comerciantes exponían sus temores al presidente Echeverría. Él los escuchaba con los ojos entrecerrados y sin despegar los labios, igual que un sacerdote atento a la perversión del mundo, pero inerme frente a ese mundo que se le viene encima.

“Fue durante una comida en la casa del ingeniero Bernardo Quintana que el tema dejó de ser un soliloquio para los empresarios. Se miraron unos a otros, sorprendidos, cuando Echeverría les dijo que ellos eran los responsables de que la situación hubiese llegado a extremos que juzgaban inaceptables. Mencionó la publicidad, sostén de la cooperativa, y habló de los muchos millones de pesos que por decisión propia canalizaban a la caja de Excélsior. Pronunció una frase redonda, clave en la maquinación:

“–De qué se quejan –les dijo Echeverría–, si ustedes tienen el pandero en la mano.

“–¿Así fue Juan, así lo dijo?

“–Hay datos que se me pierden, pormenores confusos que a la distancia de los años no podría precisar con certeza absoluta. Pero no me cabe duda acerca de la frase textual que te refiero. ‘Ustedes tienen el pandero en la mano’, nos dijo. ‘La frase la recuerdo perfectamente. Fue nítida, impresionante’.

“Alentados por Echeverría, organizaron los empresarios el cerco contra Excélsior. El boicot sería hasta el final. Influirían en las decisiones de la cooperativa o presionarían hasta asfixiarla.

“El 6 de mayo de 1972 los directores de los principales diarios del país cumplimos con el besamanos ceremonial en Palacio. Tramitada la invitación para que el presidente encabezara el Día de la Libertad de Prensa, el 7 de junio, nos formamos en fila para despedirnos del jefe de la nación. Uno a uno avanzábamos hasta donde él se encontraba y repetíamos la escena: sonreía el primer poder, sonreía el cuarto poder, sonreían los dos poderes, sus manos enlazadas en ademán de amistad. La foto histórica eternizaba el instante.

“Para los afortunados había tiempo extra, parte del rito. A ellos les hablaba Echeverría en sordina, envuelta en el secreto la escena palaciega. Llegado mi turno, su mano fuerte y larga oprimió ligeramente mi brazo. Era la señal. Era de los elegidos. ‘Quería decirte’, empezó. ‘Diga, señor presidente’. ‘Me han llegado informes que no debes menospreciar. Tengo noticia, no confirmada aún, de que los empresarios planean represalias contra Excélsior’. Sonrió Echeverría, amistoso. Cualquier dato que tuviera, él se comunicaría conmigo. En cualquier circunstancia podría confiar en él.

“–Gracias, señor presidente.

“–Sabes que aprecio tu esfuerzo.”

(…)

“–¿Por qué me llamaste al cinco para las doce, a punto de resolverse el conflicto con Excélsior? –le pregunté a Sánchez Navarro.

“–Esa llamada representó mi última oportunidad. No tenía otra carta en la mano.

“Me cuenta:

“–Subervielle y Bailleres habían externado las primeras dudas acerca de la eficacia del boicot. El enemigo a vencer continuaba impasible y ellos resentían la ausencia de sus anuncios del Palacio de Hierro y el Puerto de Liverpool en Excélsior. Sospechaban de la buena fe del gobierno. Más que casual resultaba la sustitución de anuncios en las páginas del diario, en vez de los desplegados de la iniciativa privada, los desplegados de las paraestatales.

“–Juan, desistamos –le dijeron al líder de la cúpula empresarial.

“Sánchez Navarro les pidió un plazo. Fueron los días en que llamó a mi oficina. Intentó blofear, recurso del jugador con dominio sobre sí mismo. ‘Ganabas tú’, me dice. Había conversado con Horacio Flores de la Peña y vio desnuda la intriga. Maquiavelo sin genio, Echeverría quedaba al descubierto. Cuanto antes debía terminar la maquinación urdida en Palacio, decidió Juan.

“–Emboscadas, impudicia, componendas, inmoralidad, ansia de poder sin grandeza fueron algunas características del gobierno de Echeverría –reflexiona Sánchez Navarro–. Un destructor del país, para decirlo pronto. Siguió a Echeverría el presidente López Portillo, la irresponsabilidad política, la frivolidad a la vista de todos. A López Portillo siguió el presidente De la Madrid. Es inteligente, respetable. Todos lo querríamos de líder, pero él no quiere encabezar a la nación en crisis. Gobierna enconchado.”

La factura

“Salinas sabe dar y sabe cobrar.

“Cuando aún la desventura no lo alcanzaba, cuando se veía en la cima del mundo, convocó a los empresarios más poderosos del país a una cena el 23 de febrero de 1993 en casa de Antonio Ortiz Mena, el sempiterno secretario de Hacienda de los gobiernos del desarrollo estabilizador.

“El exmandatario quería asegurar para su partido la conservación del poder y la continuidad de su proyecto neoliberal. En el comedor de la casa de Tres Picos casi esquina con Rubén Darío, en Polanco, Salinas se dirigió a los magnates:

“–Son ustedes hombres triunfadores, exitosos, con gran poder de convocatoria, gracias a lo cual están en condiciones de reunir los 75 millones de nuevos pesos…

“Esa cantidad les había solicitado para que el PRI siguiera siendo, dijo, el gran partido de México, la mejor opción para la nación.

“Los hombres que estaban sentados a la mesa valían su peso en oro. Fortuna conjunta sin medida posible. Los millones crecen día a día, minuto a minuto. Entre otros, estaban ahí celebridades del mundo de los negocios como Jorge Martínez Huitrón, Raymundo Flores, Ángel Losada, José Madariaga, Carlos Hank Rhon, Claudio X. González, Carlos Slim, Eloy Vallina, Carlos Abedrop, Jerónimo Arango, Emilio Azcárraga, Alberto Bailleres, Antonio del Valle, Manuel Espinosa Yglesias, Bernardo Garza Sada, Adrián Sada, Diego Gutiérrez Cortina, Jorge Larrea, Gilberto Borja, Roberto Hernández, Lorenzo Zambrano. No podía faltar Miguel Alemán, doble invitado: multimillonario y secretario de Finanzas del PRI.

“Cálculos hechos entre bromas y veras, a los postres ya habían dicho que por supuesto contribuían con los 75 millones de pesos cada uno a las arcas del PRI, nada más faltaba que no… Al final todos, sonrientes, brindaron con la copa en alto.

“Carlos Salinas de Gortari sólo estaba pasando la factura.

“¿Qué podrían significar 75 millones de pesos para los magnates a los que su política neoliberal y el traspaso de buena parte del patrimonio nacional los había convertido en multimillonarios miembros de la lista de afortunados de la revista Forbes?

“Gracias a Salinas, por aquel entonces México aventajaba en número de multimillonarios a Gran Bretaña, Arabia Saudita, España e Italia…

“Carlos Salinas de Gortari quiso el poder. Llegó a él en 1988, bajo sospecha de fraude electoral.”

La cena de los 75 millones

En el libro Estos Años, Julio Scherer consigna:

“A Miguel Alemán Velasco le gusta contar historias que brotan de sus labios como burbujas de jabón, multicolores.

“Un viernes concurrido se unió a la mesa que preside Sánchez Navarro en el Club de Industriales y narró sin matices el epílogo de la famosa cena en casa del licenciado Antonio Ortiz Mena el 23 de febrero de 1993.

“Ante los hombres de mayor riqueza en el país habían hablado el anfitrión, el licenciado Genaro Borrego, presidente del PRI, y el presidente de la República. En lenguaje coincidente habían abordado la razón de la cita: reunir dinero para el partido y limpiar la imagen de órgano subsidiado por el gobierno. Una cuota única pidió Ortiz Mena a sus invitados: 75 millones de nuevos pesos.

“Los detalles del ágape se conocen. Azcárraga llegó tarde, ofreció sus disculpas al presidente, hizo mofa de los empresarios y cayó en el desafío:

“–He ganado tanto dinero en estos años que me comprometo a aportar una cantidad mayor.

“Bernardo Garza Sada aprovechó el viaje y apenas ocultó el acto fallido:

“–Ya que Emilio se comprometió a dar más, yo promedio con él para que nos quedemos con los 25 millones de dólares.

“Terminada la cena, terminado el café, terminados los coñacs, el presidente buscó el sitio adecuado para despedir, uno a uno, a la treintena de empresarios convocados. Alemán, secretario de Finanzas del PRI, se mantuvo a su lado.

“–Los escuché a todos –refiere. Una notable mayoría aprovechó la ocasión para hacerle alguna petición al presidente.

“–¿Qué peticiones? –pregunté.

“La respuesta flotaba:

“Franquicias, facilidades, su bienestar, sus negocios.

“No sorprendió a Sánchez Navarro el relato de Alemán. Cuarenta años líder de los empresarios le han permitido llegar al fondo de las motivaciones de la gran mayoría: su rendición al poder con la mente en sus cuentas bancarias.

“A mí tampoco me sorprendió la narración. A Pedro Aspe le escuché, en nuestra primera conversación real:

“–Sólo por unos cuantos empresarios metería la mano en el fuego. Tres, para ser preciso. Uno tu amigo Juan.

“–¿Se lo has dicho?

“–No.

“–¿Te importaría si le platico?

“–No, por supuesto.

“También escuché al secretario de Hacienda en los días del escándalo de Carlos Cabal Peniche, en agosto de 1994.

“–Siento asco.

“–¿Seguirías en Hacienda?

“–Creo que no.

“Aspe pudo haber contado la historia del sexenio a partir de un dato personal: al iniciarse el gobierno se trasladaba en motocicleta de la Secretaría de Hacienda, en el Zócalo, a su casa, en San Ángel.

“En el ocaso del régimen, al fondo de un automóvil blindado, llegaba a su casa entre parejas de guaruras.”