AMLO y Morena se alían en Hidalgo con el cacique Sosa Castelán

Ante la fuerza que ha cobrado la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador en la mayor parte del país, el dirigente del llamado Grupo Universidad en Hidalgo, Gerardo Sosa Castelán, enquistado en la casa de estudios y en el PRI desde hace décadas, cambió su piel tricolor a Morena. Su hermano Damián hizo lo mismo desde Movimiento Ciudadano. A cambio, los hermanos Sosa recibieron candidaturas al Congreso local para su gente y desplazaron a los militantes de Morena, quienes denunciaron ante López Obrador la que consideran una perniciosa alianza, aunque no han obtenido respuesta.

 

PACHUCA, HGO.- Ante las próximas elecciones Morena pactó una alianza con el expriista Gerardo Sosa Castelán, dirigente del llamado Grupo Universidad, una organización política hidalguense implicada desde hace años en hechos delictivos y cuyo centro de operaciones sigue siendo la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).

A cambio de apoyar a Andrés Manuel López Obrador, candidato presidencial de Morena, Sosa Castelán ya logró por lo pronto que ese partido político lanzara bajo sus siglas a 11 candidatos a diputados locales y federales pertenecientes a su Grupo Universidad, quienes compiten en calidad de externos.

Sin embargo, al verse desplazados por este grupo, varios militantes de Morena están protestando contra los “acuerdos cupulares” realizados en secreto entre Sosa Castelán y su dirigencia partidista. Incluso ya le piden a López Obrador que desbarate esta alianza, pero el tabasqueño hasta el momento no les responde.

Luis Enrique Cadena García, secretario estatal de Organización de Morena y quien se siente desplazado de una candidatura a diputado local, comenta indignado:

“Mediante acuerdos cupulares realizados a escondidas, Sosa Castelán y la dirigencia de Morena acordaron esta alianza. Jamás consultaron a la militancia ni a las bases de Morena aquí en Hidalgo. Todo lo hicieron a espaldas nuestras.”

–¿Cómo se dio este pacto?

–Sosa Castelán se acercó primero a nuestro dirigente estatal de Morena, Abraham Mendoza, así como al delegado en Hidalgo de la dirigencia nacional, Octavio Romero Oropeza. Les ofreció el voto corporativo del Grupo Universidad. Y estos dos enlaces lo llevaron después a negociar con la dirigencia nacional del partido, concretamente con la Comisión Nacional de Elecciones, instancia encargada de ver lo relativo a las candidaturas.

El acercamiento de Morena y Sosa Castelán comenzó a ser evidente el pasado 17 de febrero, cuando López Obrador viajó a Pachuca para reunirse con la gente de Sosa en el Centro de Convenciones de la UAEH. Por esas fechas también se anunció que Morena tendría dos candidatas a dipu­tadas federales pertenecientes al Grupo Universidad: Lidia García Anaya, dirigente sindical del personal académico de la universidad, y María Isabel Alfaro Morales, profesora de ese centro de estudios.

Dos días después de la visita de López Obrador a la universidad, el 19 de febrero, Sosa Castelán dejó el PRI mediante una carta dirigida al entonces líder nacional del tricolor, Enrique Ochoa Reza. Ahí le dijo que renunciaba “con carácter irrevocable e inmediato”, pues el partido en el que militó por décadas ya veía “en la crítica constructiva una expresión de indisciplina, y en el debate abierto, una forma de confrontación”.

Pero corrió la versión de que la renuncia respondía a motivos muy distintos; era parte de los acuerdos entre Morena y Sosa Castelán, quien ya en los últimos años se había distanciado del PRI, al grado de que primero intentó formar un partido propio, apoyó después al PAN y luego a Movimiento Ciudadano (MC), cuyo dirigente estatal llegó a ser su hermano Damián Sosa, quien hoy también apoya a López Obrador con la estructura que se jaló de MC.

Finalmente, el pasado 15 de abril Morena dio a conocer la lista de sus candidatos a diputados locales, en la que, de sus 18 candidatos en total, incluyó a nueve externos, miembros del Grupo Universidad.

Ellos son, según los morenistas inconformes, Ricardo Baptista González, Rosalba Calva García, Rafael Garnica Alonso, José Antonio Hernández Vera, María Corina Martínez García, Humberto Augusto Veras Godoy, Noemí Zitle Rivas, Roxana Montealegre y Jorge Mayorga Olvera.

Estos nombramientos fueron la gota que derramó el vaso y levantó la protesta de la militancia local. Cuenta Cadena García:

“La madrugada de ese 15 de abril, que por cierto era el día límite para presentar la lista de candidatos al Congreso local, nos dimos cuenta que el Grupo Universidad había acaparado las candidaturas de Morena, sin siquiera pertenecer al partido. Fue un vil madruguete a la militancia. Ese día nos dimos cuenta que habíamos sido desplazados sin que se nos diera explicación alguna. Fuimos víctimas de una traición interna.”

–¿Y qué acciones están tomando?

–En la Ciudad de México fuimos a las oficinas de la Comisión Nacional de Elecciones para que nos explicaran por qué la gente de Sosa Castelán salió mejor posicionada que la militancia. Pero se negaron a mostrarnos sus encuestas. También acudimos a las oficinas de López Obrador, en la colonia Roma, pero ahí nos dicen que no tienen tiempo para darnos audiencia.

“De manera que, por lo pronto, estamos impugnando el proceso de selección de candidatos ante el Tribunal Estatal Electoral. Y aparte, ya abrimos un proceso para destituir a Abraham Mendoza, el dirigente estatal de Morena, pues fue el primero en abrirle las puertas a Gerardo y a Damián Sosa. Abraham ya no tiene legitimidad entre nosotros. El 80% de los consejeros estatales lo desconoce como su dirigente… Es un traidor.”

“Traición a la militancia”

En torno a una larga mesa, en un restaurante de Pachuca, Cadena García y otros consejeros y coordinadores distritales de Morena hablan con Proceso. Algunos de ellos aspiraban a las candidaturas que se le dieron a la gente de Sosa Castelán. Están indignados. No dan crédito a la alianza de su partido con uno de los más oscuros personajes de la política mexicana.

Yolanda Cruz Rufino, responsable territorial de Morena en el estado, dice: “Estamos realmente sorprendidos con esa alianza. Aquí en Hidalgo todos sabemos que Sosa Castelán tiene secuestrada a nuestra universidad desde hace décadas; utiliza a su alumnado, a su personal administrativo y a su planta de profesores para fines electorales. Ese voto corporativo ahora se lo ofreció a Morena y nuestro partido lo aceptó”.

La secunda Christian Pulido, coordinador de la campaña de la candidata al Senado Angélica García, quien complementa:

“Así es. Sosa Castelán tiene además el control del periódico El Independiente y de las estaciones de radio de la universidad, cuyos campus, distribuidos en algunos municipios, se utilizan como centros de operación electoral. Sosa llega a un partido y le ofrece toda esa estructura, y pues el partido dice ¡guau!… y deja relegada a su militancia.

“Pero hay que tener cuidado, pues Sosa Castelán acostumbra exagerar, no suele cumplir sus ofertas electorales y sólo lo mueven sus intereses personales. Estando en el PRI, siempre aspiró a la gubernatura del estado y nunca la consiguió. Quizá lo vuelva a intentar a través de Morena. Ya lo veremos. En estas elecciones quería ser candidato al Senado, pero Morena sólo le dio esas diputaciones para su gente.”

Heber Sánchez, coordinador del distrito III, de Actopan, y Víctor Gaspar Salinas, coordinador del distrito VII, de Tepeapulco, consideran que Sosa no tiene el poder que dice. “Nosotros trabajamos en la base, en los municipios, y sabemos bien que esa poderosa estructura electoral de la que tanto presume Sosa realmente no es tal, pues si la tuviera ya hubiera sido gobernador”.

Por eso los entrevistados consideran “una exageración” los dichos de Ricardo Baptista, uno de los candidatos de Sosa al Congreso local, quien promete darle 600 mil votos a Morena en todo el estado, y tan sólo de las huestes que Damián Sosa logró jalarse de MC.

“Morena debe andarse con cautela, pues, lejos de aportarle votos, su alianza con el Grupo Universidad más bien podría restárselos debido al negro historial de Sosa”, advierten.

Este negro historial se documentó en el libro La Sosa Nostra, de Alfredo Rivera Flores. Ahí se relatan los antecedentes de Sosa Castelán, sus componendas con los gobiernos priistas del estado, sus presuntos métodos porriles para mantener el control de la UAEH y sus nexos con José Antonio Zorrilla Pérez, quien fue titular de la Dirección Federal de Seguridad y acusado de ser el autor intelectual del asesinato del periodista Manuel Buendía, perpetrado en 1984.

Preocupados por estos antecedentes de Sosa, los militantes inconformes le enviaron una carta a López Obrador, fechada el pasado 15 de abril. Ahí le hacen ver que aquel ya “ha secuestrado al partido” en Hidalgo, “violentando los principios de no mentir, no robar y no traicionar”.

La alianza con Sosa –agregan en la misiva– viola los estatutos de Morena, que prohíben “el influyentismo, el amiguismo, el nepotismo, el patrimonialismo, el clientelismo, la perpetuación en los cargos, el uso de recursos para imponer o manipular la voluntad de otras y otros, la corrupción y el entreguismo”.

Christian Pulido señala que López Obrador no ha respondido: “Todavía no obtenemos una contestación de su parte. Por tal motivo, lo hemos abordado en sus recientes giras por Hidalgo para explicarle personalmente el problema. En Tula y Huejutla le dijimos que queremos plantearle nuestro problema, incluso le entregamos en mano un documento con nuestras inconformidades. Pero él nos ha dicho: ‘Vean su caso con mis asesores’”.

Es “política de apertura”

Al entrevistarlo sobre este problema, Abraham Mendoza, el líder estatal a quien acusan de abrirle las puertas a Sosa Castelán, afirma que sólo se ciñó a la línea de apertura de López Obrador. Argumenta:

“Soy muy respetuoso de nuestros militantes que tienen percepciones distintas. Pero yo sólo hago eco del mensaje de apertura de nuestro candidato presidencial, pues gracias a esa apertura se está construyendo Morena. No debemos minimizar a los demás ni ser más papistas que el Papa. Todos tienen su mérito.”

–¿Es cierto que usted, a través de una negociación secreta, logró aliar a Morena a Gerardo Sosa y a su gente, convenciendo a la dirigencia nacional?

–No, eso es totalmente falso. Ni siquiera he tenido pláticas con Gerardo Sosa, sino con su hermano Damián, quien se acercó a mí cuando él era dirigente estatal de MC y me dijo: “Oye, queremos participar con ustedes”. Le contesté: “Adelante, este es el procedimiento al que deben sujetarse”. Damián aceptó. Después renunció a MC y se trajo para acá a casi toda su militancia.

“Pero lo mismo estoy haciendo con líderes de otros partidos que se están sumando a nosotros. Aquí estamos construyendo una amalgama con todo el trabajo político y social que ellos realizaron previamente. Es la única manera de construir una mayoría en Hidalgo, un estado caciquil dominado por el PRI y donde no ha habido alternancia.”

Sobre las candidaturas externas entregadas al Grupo Universidad, el dirigente estatal señala que esa fue decisión de la Comisión Nacional de Elecciones, basada en criterios de “conveniencia competitiva, que es una facultad de cualquier partido”.

Exclama: “¡Yo no quito ni pongo candidatos! No tengo esas facultades. Los estatutos del partido no me lo permiten. Y ni modo, la Comisión Nacional de Elecciones en ocasiones tiene que planchar. Eso hizo no sólo en Hidalgo, sino en otros estados. También son normales las inconformidades de aspirantes a candidaturas que no quedaron seleccionados. Eso pasa en cualquier partido.

“A nuestros aspirantes que quedaron fuera les aclaré que el proceso de selección se hizo conforme a nuestros estatutos. Los exhorté a preservar la unidad y a seguir trabajando juntos. Les dije que habrá más elecciones para poder competir, que esto no se acaba, que ahorita lo importante es dedicarnos a sacar adelante las campañas y armar la estructura para defender el voto.

“Que quede claro: ni Gerardo ni Damián Sosa son candidatos de Morena. ¡Claro! Damián nos aportó su estructura montada en varias partes del estado, pero lo mismo han hecho líderes que ya se salieron del PRI y del PAN para sumarse a nuestro movimiento”.

Tan sólo en el Congreso local –refiere Mendoza con satisfacción– tres diputados renunciaron al PAN para pasarse a Morena; lo mismo hicieron un diputado del PRI, otro de MC y una diputada del PRD.

“Son seis legisladores locales que ya dejaron sus partidos para sumarse a nosotros. Estamos creciendo muchísimo. Hace tres años teníamos mil afiliados; ahora ya somos más de 60 mil”, dice.