Peor para Trump, la demora en la renegociación del TLCAN

El jueves 17 se cumplió el plazo que tenía la Casa Blanca para enviar al Capitolio la versión renegociada del Tratado de Libre Comercio de América del Norte… y no lo hizo, por lo que ahora el Congreso de Estados Unidos podrá hacer su propia revisión del acuerdo. Dos temas tienen todo atorado: el incremento a las reglas de origen del sector automotriz y los aranceles al acero y aluminio mexicanos. Son caprichos de Trump, quien, en opinión de un experto, no se ha dado cuenta de que se le revertirán en sus aspiraciones de reelección, pues cancelar el tratado comercial le pegará a la economía del grueso de sus votantes.

 

WASHINGTON.- “Era un deseo, más que una probabilidad” el intento de terminar las renegociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en mayo, debido a la inflexibilidad del presidente estadunidense, ­Donald Trump, a quien no le conviene sacar a su país del acuerdo.

Esto es lo que sostiene Luis de la ­Calle, economista y experto en comercio internacional que formó parte del equipo ­mexicano en la negociación original del TLCAN con Estados Unidos y Canadá. Añade: “Pensar que en mayo iba a estar listo, cuando en Estados Unidos no ha habido ­flexibilidad en los temas más importantes, era un deseo no necesariamente alcanzable, dados los ­calendarios electorales”.

El jueves 17 se cumplió el plazo impuesto por las leyes comerciales de Estados Unidos para que Trump enviara al Congreso de su país la versión renegociada o ­modernizada del TLCAN.

El fracaso del gobierno de Trump implica la posibilidad legislativa de que el Capitolio haga cambios al tratado cuando se complete su fase de renovación. La autorización legal que tenía el Ejecutivo estadunidense para congelar las posibilidades de cambios legislativos era que el compromiso tripartita se aprobara a más tardar el 1 de julio y para ello debió haber enviado el TLCAN al Capitolio el jueves 17.

En Washington se asentó como causa de ese fracaso la posición de Trump de querer incrementar los porcentajes en las reglas de origen de la industria automotriz ­estadunidense e instrumentar la “cláusula sunset” (del ocaso) que define la fecha de terminación del acuerdo cada cinco años.

“La propuesta de Estados Unidos está equivocada. Trump trata de proteger los coches del pasado que tienen una regla (de origen) que ya es muy estricta”, dice De la Calle en entrevista telefónica con Proceso.

Por medio de los oficios de Robert Lighthizer, representante comercial especial de la Casa Blanca, el gobierno de Trump exige imponer a los automóviles una regla de origen estadunidense de 75%. Vigente desde 1994, el TLCAN cuenta con una regla de origen para la industria automotriz de 62.5%, calificada a escala mundial como la más estricta entre los tratados de intercambio comercial.

La renegociación del TLCAN –e incluso una eventual salida de Estados Unidos del compromiso, si su modernización no cumple con los deseos del mandatario– es una de las promesas electorales que hizo Trump en su campaña de 2016 para ­generar más empleos en su país.

De la Calle afirma que el mandatario estadunidense se equivoca. “Si a la regla de origen la hacen demasiado estricta, van a ocasionar que América del Norte pierda competitividad y que al final del día se produzcan menos coches en la región. Se debió encontrar un balance. México y Canadá pusieron ideas en la mesa que Estados Unidos no ha querido todavía considerar seriamente”, matiza el experto, que ha sido consultado por el equipo mexicano que renegocia el tratado.

Por encima de la actual regla de origen de 62.5%, en promedio los automóviles producidos en América del Norte cumplen con una regla de 72% y los que no la tienen, necesitarían mayor inversión para poder llegar a ese nivel, lo que afecta negativamente la competitividad.

“En el ánimo de encontrar un acuerdo, se puede mostrar cierta flexibilidad, pero el que tiene que mostrar flexibilidad es Estados Unidos más que México o Canadá”, insiste De la Calle.

La falta de voluntad en las renegociaciones para abrirse a las propuestas de sus dos socios comerciales estadunidenses, muestra a un Trump aferrado a cumplir sus promesas político-electorales, sin tomar en cuenta los daños colaterales de su posición.

El experto consultado por este semanario expone que la ausencia de un compromiso adecuado a las metas impuestas por Washington puede ser incluso benéfico para México: “El punto más importante es que no hay ningún impedimento legal ni político, en el caso mexicano por lo menos, para no seguir negociando en mayo, junio, julio y agosto. Era un poco artificial decir: lo vamos a terminar en mayo para que el Congreso de Estados Unidos pueda votar en una sesión lame duck (en la etapa final de un periodo legislativo) en noviembre o diciembre”.

Esta observación de De la Calle se sustenta en el hecho de que el TLCAN sigue vigente, que no se terminó por el fracaso de la renegociación.

El flanco electoral

En el futuro inmediato de la modernización del tratado tripartita se atraviesan las elecciones presidenciales mexicanas del 1 de julio y cuatro meses después, las legislativas federales de medio periodo en Estados Unidos, el 6 de noviembre.

En esos comicios estará en juego la formación de toda la Cámara de Representantes y más de un tercio de la de Senadores. En estos momentos las tendencias electorales en Estados Unidos favorecen a los demócratas para recuperar el control representativo de las dos cámaras. De esta posibilidad emana la urgencia de la Casa Blanca de acabar lo antes posible con la renegociación del TLCAN para que con mayor facilidad lo aprobara un Congreso controlado por los republicanos, incluso en la agonía de la actual legislatura, en noviembre o diciembre de este año.

De la Calle considera que es hasta favorable el hecho de que no se haya terminado la fase de renegociación en mayo: “Es preferible un buen acuerdo negociado con más tiempo que un mal acuerdo terminado al vapor. Insisto, no se logró porque Estados Unidos tomó algunas posiciones extremas de las que tiene que retractarse, por lo menos parcialmente”, enfatiza.

En términos reales el proceso electoral de México no tendría ningún efecto en la renegociación del TLCAN.

“Ninguno de los candidatos se ha mostrado opositor al TLCAN; el ambiente en México no es desfavorable a una negociación continuada. Obviamente en México tenemos la necesidad a que se quite la incertidumbre del TLCAN para que no haya una afectación en la economía de las personas y en la inversión”, resalta De la Calle.

Del fracaso de las promesas de Trump, México puede incluso salir beneficiado por no doblegarse a las imposiciones de ­Washington, si se toma en cuenta otro hecho electoral, explica el economista consultado por este semanario: “Hay una cosa muy importante, el 1 de septiembre tendremos un nuevo Senado. Para aprobar el tratado se requieren dos tercios de los votos y para conseguir dos tercios en el Senado mexicano se necesita que el tratado sea bueno para México. De no ser así, el Senado lo va a rechazar”.

El panorama electoral en Estados Unidos no pinta favorable para los objetivos políticos de Trump, quien incluso enfrenta oposición entre los republicanos por su posición respecto al TLCAN que pretende.

La posición del gobierno de Trump es unilateral. Busca un TLCAN que beneficie sólo a Estados Unidos, lo que política y económicamente no es viable para Canadá ni para México.

“La ironía de todo esto es que hay varias cosas que están en la mesa de negociación que no son aceptables en Estados Unidos. A pesar de que México y Canadá aceptaran un acuerdo en algunos elementos, por ejemplo en la cláusula sunset, en el Congreso de Estados Unidos ha habido oposición a eso.

“No es sólo que Canadá y México hayan rechazado algunas posturas de Estados Unidos, sino que el sector privado mexicano y el Congreso estadunidense han rechazado algunas posturas de Lighthizer”, agrega el economista y experto en comercio internacional.

En referencia específica a la cláusula sunset que propone Estados Unidos, De la Calle resalta que es un sinsentido “porque en cinco años no se le va a pedir a las empresas que se readapten a una nueva regla de origen. Les van a dar 10 años para adaptarse y a los cinco años se puede terminar el TLC. Así, ¿quién va a querer invertir?

“La propuesta sunset, como está escrita, es inaceptable para Canadá, para México y para el comercio de Estados Unidos. Hay que cambiarla.”

La posición asimétrica que asumió Trump respecto al TLCAN desde que era candidato a la Presidencia es el fondo del problema de la renegociación. El trasfondo de los argumentos del mandatario estadunidense –y él lo ha dicho abiertamente– es que quiere que baje la inversión en México, algo que el gobierno mexicano, hasta el de Enrique Peña Nieto, repudia.

Un retiro de Estados Unidos del acuerdo norteamericano por prerrogativa de Trump no implicaría el fin del mundo para México, de acuerdo con el análisis económico del exnegociador.

“Es mejor no tener una negociación que tener una negociación que políticamente puede ser inviable o que es negativa y que será negativa para los próximos 30 años”, dice De la Calle; quien no cree en que la amenaza de la Casa Blanca del retiro pueda cumplirse por los intereses político-electorales contraproducentes que conllevaría.

“Es poco probable que se acabe saliendo, porque la oposición en Estados Unidos a salirse viene de los estados del Medio Oeste, y Trump necesita al Medio Oeste para mantener la esperanza de conservar la Cámara de Representantes en manos de los republicanos en las elecciones de noviembre y luego para reelegirse.

“La animadversión que le valdría a Trump salirse del TLCAN con la comunidad agropecuaria del Medio Oeste no debe ser minimizada, ya que sería la más afectada, porque México dejaría de comprarles sus productos”, acota De la Calle.

Aluminio y acero

Por encima de la indefinición de las renegociaciones pesa otra amenaza unilateral de Trump; la de imponer aranceles a las exportaciones de acero y aluminio de México y Canadá a partir del próximo 1 de junio.

En estos momentos, y por el fracaso de la renegociación, Trump prorrogó la imposición de aranceles para el acero y el aluminio que venden en su país los otros dos socios del TLCAN.

Expertos en materia comercial, integrantes de la iniciativa privada estadunidense y de la comunidad financiera mundial, consideran un error los aranceles unilaterales que desea establecer Trump, porque pueden desatar una guerra internacional de comercio.

De hecho, Estados Unidos ya enfrenta una disputa arancelaria con China, aunque la posición del mandatario estadunidense se ha ido menguando por la respuesta del coloso asiático. “Los aranceles deben ser excluidos. Si México no es excluido, junto con Canadá, debe tomar represalias para que Estados Unidos levante los aranceles. México y Canadá no son un problema de seguridad nacional para Estados Unidos en materia de acero y aluminio”, dice De la Calle.

Conforme a la sección conocida como la 232, las fracciones arancelarias que se aplican al acero y al aluminio mexicano y canadiense representan 75% y 44% del mercado mundial para Estados Unidos, respectivamente.

Tomando en cuenta que, por ejemplo, México es un consumidor importante de aluminio y acero estadunidenses, la reacción mexicana ante un ataque arancelario de Trump no le conviene a Estados Unidos. De la Calle no tiene empacho en aconsejar que el gobierno mexicano tome represalias si este 1 de junio Trump impone los aranceles al acero y aluminio. “Van a sufrir las consecuencias”, reitera.

Las estadísticas comerciales respecto a la realidad del TLCAN le dan la razón a De la Calle y a todos los sectores que se oponen a la amenaza y decisión que debe tomar la Casa Blanca el 1 de junio.

En el rubro del acero y bajo la reglas de la 232, las exportaciones del producto mexicano a Estados Unidos en 2017 alcanzaron 2 mil 500 millones de dólares frente a las importaciones de acero estadunidense, que acumularon 4 mil 400 millones de dólares en el mismo periodo. Un superávit de mil 900 millones de dólares para Estados Unidos.

En contraste, Canadá importó 5 mil 800 millones de dólares en acero de Estados Unidos y exportó 5 mil 200 millones de dólares.

“México es deficitario en los rubros de acero en la 232. Estados Unidos se estaría dando un balazo en el pie si impone los aranceles, porque tiene un superávit”, puntualiza De la Calle.

Respecto al aluminio, la realidad es diferente tanto para México como para Canadá.

Las importaciones de aluminio estadunidense en 2017 representaron para México un gasto total de 262 millones de dólares, respecto a las exportaciones que fueron por 3 mil millones de dólares.

Canadá importo el año pasado 7 mil millones de dólares en aluminio estadunidense y exportó 2 mil millones de dólares.

“Tenemos estos números porque producimos conjuntamente; le mandamos productos de aluminio a Estados Unidos que se incorporan luego en los coches –y a la inversa– y en las latas. Eso representa la integración. Por ello la decisión del 1 de junio es importante, por el hecho de que no se llegó a un acuerdo. Es una decisión complicada por los plazos que puso Trump, pero pegarle a sus países aliados y no pegarle a China parece una locura”, concluye De la Calle.

Proceso buscó a la Secretaría de Economía de México para conocer la posición frente al fracaso de la renegociación del TLCAN. Hasta el cierre de esta edición la dependencia federal no había dado respuesta a la solicitud de entrevista planteada por el reportero.