Los palestinos se retiran del proceso de paz

Por primera vez en 22 años, el Consejo Nacional Palestino (CNP), máxima autoridad de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), celebró una asamblea con 606 de sus 747 miembros.

Y después de 25 años de que esta agrupación, considerada internacionalmente representante de todos los palestinos (tanto los que permanecen en sus antiguos territorios como los refugiados en el extranjero), firmó los Acuerdos de Oslo y reconoció oficialmente el derecho a existir del Estado de Israel, el Consejo resolvió “suspender” tal reconocimiento en tanto el gobierno israelí no le dé el mismo trato a un nuevo Estado palestino.

Las resoluciones de este Consejo son históricamente trascendentales, pues representan la retirada de los palestinos de un largo proceso de paz que consideran un engaño y del que salen llevándose la peor parte.

El reloj retorna así a antes de 1993, aunque en condiciones más dramáticas que las que prevalecían entonces.

Sin embargo, una equivocación –que puede haber sido intencional– de Mahmud Abás, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, hizo que estas decisiones pasaran inadvertidas por la opinión pública, que se enfocó en cambio en una más de las repetidas polémicas en las que se ve envuelto este experimentado político cada vez que hace comentarios racistas contra el pueblo judío, de los que después se desdice.

Desde el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, hasta líderes de la ONU, Estados Unidos y los países europeos, denunciaron el antisemitismo de las palabras de Abás en su discurso de apertura de la asamblea del Consejo, el 30 de abril. El mandatario respondió tras finalizar el cónclave, el viernes 4: “Si alguien se ofendió por mi declaración, especialmente la gente de fe judía, me disculpo con ellos”.

El escándalo no sólo dejó en segundo plano la resolución del CNP de romper los acuerdos con Israel; tampoco puso en claro cómo va a ser implementada. Además, esta asamblea fue aprovechada por Abás para, a sus 82 años, excluir rivales y fortalecer su poder. El gobernante, cuyo periodo en la Presidencia debió terminar en 2009 pero lo ha extendido sin convocar a elecciones, está más sólido en el cargo que nunca.

El recurso de la polémica

“Desde el siglo XI hasta que tuvo lugar el Holocausto en Alemania, esos judíos, los que migraron a Europa Occidental y Oriental, fueron sometidos a masacres cada 10 o 15 años”, dijo Abás ante los miembros del CNP. “Pero, ¿por qué ocurrió? Ellos dicen: ‘porque somos judíos’”.

Negó que fuera así. Dijo conocer “tres libros escritos por judíos” que contienen la evidencia de que “la hostilidad contra los judíos no se debe a su religión, sino a su función social”, que está “relacionada con los bancos y la usura”.

No es la primera vez que Abás les atribuye a los judíos características negativas como etnia, genéricamente. En 1982, tituló su tesis doctoral El otro lado: la relación secreta entre el nazismo y el sionismo, en la que cuestionó las dimensiones del genocidio nazi. Desde entonces, de tanto en tanto genera controversia con declaraciones en ese sentido, que después apaga con disculpas o señalamientos de supuestos malentendidos.

Ahora lo hizo mediante un comunicado de su oficina, en el que se afirma que rechaza “el antisemitismo en todas sus formas” y que considera que “el Holocausto es el crimen más atroz en la historia”.

En el bando contrario, sus enemigos no estaban dispuestos a dejarlo escapar tan fácilmente y continuaron las acusaciones. Uno de los más destacados, Avigdor Lieberman, el ministro israelí de Defensa, que actualmente dirige las operaciones militares contra los manifestantes en Gaza, descalificó la rectificación de Abás y lo describió como “un desgraciado negacionista del Holocausto”.

En portadas de diarios y noticiarios de televisión, las noticias sobre el conflicto israelí-palestino se dividieron entre la violencia en Gaza y la polémica creada por Abás.

No se advirtió, en cambio, que el CNP fue convocado por primera vez desde 1996, a pesar de que debería reunirse cada dos años; ni que había tomado decisiones de tal importancia como instruir al Comité Ejecutivo de la OLP para que suspenda el reconocimiento al Estado de Israel hasta que éste reconozca al Estado de Palestina con las fronteras del armisticio del 4 de junio de 1967, revoque su anexión de Jerusalén Oriental y detenga la colonización judía de territorios palestinos.

También, a cesar toda colaboración con Israel en materia de seguridad y a terminar con la dependencia económica hacia los vecinos.

Además anunció que el periodo de transición y las obligaciones establecidas en sucesivos acuerdos firmados en Oslo en 1993, El Cairo en 1994 y Washington en 1995 dejan de tener validez.

Precisó que éste es el resultado de la política exterior impuesta por Donald Trump –expresada en el traslado de la embajada estadunidense de Tel Aviv a Jerusalén Oriental (lo que no sólo implica el reconocimiento de que Jerusalén es la capital israelí, también de la anexión de la mitad oriental de la ciudad, de mayoría palestina, en violación de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU), y de que el gobierno de Netanyahu ha seguido apropiándose de tierras palestinas y extendiendo los asentamientos judíos.

Los palestinos críticos del presidente han señalado, sin embargo, que otro órgano de la OLP, el Comité Central, ya había tomado decisiones parecidas en 2015 y 2018, que, sin explicación, no fueron implementadas. El objetivo, ahora, sería aplacar el descontento entre los palestinos y magnificar la estatura de Abás, pero no generar reacciones internacionales adversas: la polémica sobre los judíos serviría entonces para simular liderazgo y, al mismo tiempo, distraer a la opinión pública mundial.

Fue útil, además, para encubrir las maniobras políticas de Abás: reunir al CNP después de más de dos décadas se justificó por la gravedad de los asuntos que debía resolver: nada menos que el rompimiento con Israel, bajo cuyo ejército viven los palestinos.

Al presidente le sirvió, sin embargo, para no llamar a elecciones para los 18 lugares del Comité Ejecutivo de la OLP, con candidatos compitiendo por los votos; en lugar de eso impuso una lista única integrada por sus seguidores, con lo que pudo excluir a políticos que aspiran a ocupar el sillón presidencial.

A la reunión sólo acudieron miembros de su partido, Fatah, y grupos menores, y fue boicoteada por otras facciones de la OLP, como el Frente Popular para la Liberación de Palestina y el Frente de Liberación Palestina, que criticaron la premura de la convocatoria y la lista única, mientras que las milicias Yihad Islámica y Hamás no fueron invitadas. No fue más que “una fiesta de aplausos”, declaró esta última.

Abás dijo que había dejado tres asientos vacíos para esos grupos “si abrazan la unidad nacional”.

“No se sabe qué buscaba Abás con este espectáculo, además de solidificar su control sobre las instituciones palestinas”, escribió el analista palestino Osama al Sharif en el diario Arab News. “Ciertamente, la reunión no hizo nada para cerrar la brecha entre palestinos o adoptar una nueva estrategia para enfrentar la ocupación israelí.

“Para una nación que ha luchado décadas por construir un Estado, los palestinos tenemos demasiados órganos de gobierno y legislativos”, continuó el politólogo. “Pero, como demostró la reunión del Consejo, las grandes decisiones son tomadas por un solo hombre; es un testamento para una autocracia en desarrollo”.