“Encender un fósforo”

¿Cuál espectador se es en el arte contemporáneo de la danza y la coreografía?, ¿a qué convocan sus artistas? Son interrogantes surgidas en el marco del Festival Encender un fósforo, que está itinerando en varias sedes de esta ciudad: Instituto Goethe, Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), Teatro de la Danza, Salón de Danza de la UNAM, Centro Cultural España, Museo Universitario del Chopo.

Y presenta proyectos que resultaron del diplomado ¿Cómo encender un fósforo?, además de otros nacionales e internacionales.

Por ejemplo, el grupal Paisaje del encuentro, integrado por Dehli Amelia (Sonora), Andrea Cabrera, Alberto González e Itzamná Ponce (CDMX), Alejandra Ibáñez (Jalisco), Ámbar Luna y Edith Toledo (Chiapas), usa toronjas como materia principal de la interacción entre todos ellos, a modo de pícnic, en la terraza del MUAC.

Estimula los sentidos del gusto, del olfato y del tiempo o cronocepción (la neurociencia actual reconoce más de los cinco sentidos clásicos, uno de ellos es la noción temporal que el cuerpo percibe pero no localiza en un solo lugar como la boca al gusto o la nariz al olfato).

En el proyecto ¿Cómo se zapatea un gol?, de Alberto Montes (CDMX), los sentidos interpelados son el auditivo y el táctil, asociados al sonido. Él usa la bota de folclor en el pie derecho y el taco de futbol en el izquierdo. Realiza jugadas futbolísticas sobre una tarima, convirtiéndolas en percusión rítmica. En el auditorio del mismo museo, Montes pide al espectador poner alguna parte de su cuerpo directamente sobre esa superficie (manos, espalda, pecho, pies) para percibir el sonido de las jugadas como vibraciones que entran por la piel y recorren el cuerpo.

Figuras del paisaje, de Jael Orea (CDMX), es un proyecto que induce mayormente a la vista por el uso de la imagen, tanto fija como en movimiento, a través de la fotografía y el video. Destaca en él un plano secuencia (toma sin cortes) de las trayectorias de una pequeña piedra perforada con un gis blanco, que parecía un trompo mesoamericano.

Y el proyecto Sabi, del Colectivo Moho, conformado por Julia Barrios y Mariana Landgrave (CDMX) y Flor Firvida (Argentina), comparte la materia orgánica con Paisaje del encuentro, sólo que usa manzanas en lugar de toronjas. Ellas han colocado filas de aquellas frutas, unidas minuciosamente con hilo, que narran el proceso de descomposición natural y juegan con las sensaciones placenteras y repulsivas del espectador. Su instalación dura dos semanas y se dirige a la cronocepción de una temporalidad más larga.    

Ambos proyectos fueron estrenados en el lobby del Teatro de la Danza.

Por último, Ensayos fakeclóricos, de Rolando de Namzug, Carmen Maya, Alberto Montes y Patrick Trigoso (CDMX) y Rosa Landabur (Chile), es una propuesta que demanda del oído el reconocimiento de la práctica de zapatear. Usa el blackout escénico mientras el público está zapateando unido en el foro, para desconectar la vista de dicha experiencia y sentir el zapateado solamente con la audición y el resto del cuerpo.

Los cinco proyectos corresponden a las sedes MUAC, Teatro de la Danza y Museo Universitario del Chopo, donde el festival tendrá su clausura como conjunto de experiencias escénicas que llaman a los sentidos (que todo espectador posee intrínsecamente para apreciar la danza y la coreografía expandidas).

El encuentro es una iniciativa de la bailarina, coreógrafa y maestra Alma Quintana, con la colaboración del curador y periodista Silverio Orduña, para replantear la relación entre el artista y el público desde los sujetos, mas no en el objeto del arte, entre otros temas.