El debate de las portadas de Proceso La más escandalosa trampa de Anaya

Habían transcurrido 94 minutos del segundo debate de candidatos presidenciales cuando López Obrador mostró la portada de Proceso 2168. Con más de 16 millones de personas como testigos –ha sido el más visto en la historia de México– las cámaras enfocaron la imagen impresa de Ricardo Anaya y su esposa, Carolina Martínez Franco, haciendo la “V” de la victoria sobre el encabezado: “Los turbios ingresos de los Anaya”.

De esa forma el tabasqueño respondía los señalamientos del panista, que lo llamó hipócrita por criticar que su familia viviera en la ciudad estadunidense de Atlanta, cuando uno de los hijos del morenista estudió en España. 

–¿No que muy nacionalista? –lo retó Anaya. 

Fue entonces que López Obrador le mostró la revista en que el reportero Álvaro Delgado documentó con evidencias bancarias que Anaya y su esposa han acumulado una fortuna muy superior a la que han declarado. Y le dijo: 

“Ricky Riquín Canallín: no tiene nada que ver lo de mi hijo con que tú hayas mantenido a tu familia en Atlanta. Hoy, en la revista Proceso, miren… Para esto la utiliza. Es un corrupto este señor. Engañatontos.” 

De inmediato el equipo de producción televisiva del INE partió la pantalla en dos y enfocó al panista. Ricardo Anaya buscó deprisa en su material de apoyo, sonrió, se levantó de su asiento y presumió una cartulina con la reproducción de otras dos portadas de este semanario. Sin voz, por tener el micrófono apagado, las exhibió durante 10 largos segundos. 

Las portadas con las que Anaya contrarrestó el embate de López Obrador corresponden a los números 2155 y 2156 de la revista. En el primero aparece una fotografía del fundador de Morena con la frente altiva, en primer plano y con fondo negro. “Los ricos de López Obrador”, resalta en letras doradas el titular, que remite al reportaje de Arturo Rodríguez, donde se revelan los nombres de los magnates que apoyan la campaña del candidato de la coalición Juntos Haremos Historia. 

La segunda, bajo el encabezado “Pacto de impunidad. Corrupción en Sedesol y Sedatu”, José Antonio Meade y Rosario Robles son los protagonistas. En el reportaje principal de esa edición, Jenaro Villamil documenta los desvíos de recursos millonarios de la Sedesol de Robles, encubiertos por Meade cuando fue secretario de Hacienda. 

El moche

Montados los adversarios en la información de Proceso, el enfrentamiento se trasladó a la arena digital. 

La madrugada siguiente al debate, el activista y defensor de los derechos humanos Jesús Robles Maloof descubrió que Anaya había censurado parte de la portada con que quiso exhibir a Meade. Al amanecer, la noticia explotó en las redes sociales cuando Robles Maloof relató su hallazgo en el portal informativo Sin Embargo. 

Decepcionado como cientos de miles de mexicanos por la pobreza de ideas de los candidatos, incapaces de intercambiar otra cosa que insultos ante tragedias humanitarias como la migración y la guerra despiadada en la frontera –el motivo de que el debate se realizara en Tijuana–, el activista escribió:

Como millones de personas vi el debate presidencial con la esperanza de obtener respuestas. No las encontramos. Con una sensación de malestar me fui a la cama. Dormí poco. 

A las 5:30 horas, regresé al video del debate en búsqueda de las claves de mi malestar. Justo después que Andrés Manuel muestra la portada de la revista Proceso que alude a la riqueza de Ricardo Anaya, el panista mostró dos portadas que hablan de José Meade y de AMLO. Me detuve ahí. Su sonrisa me perturbó.

Me he dado cuenta que la sonrisa exagerada y a veces notoriamente fingida, habla de lo que no es evidente. Pensando en esa sonrisa, la primera vez no aprecié la disparidad entre las portadas que mostraba, pero al ver el video más despacio advertí que a la primera le faltaba el cintillo, propio de todos los ejemplares de la revista Proceso. Fui a buscar la edición original y advertí que el cintillo recortado decía “El Frente de Anaya también recluta fichas negras”.

¿Cómo es posible que un candidato presidencial presente a su favor una portada de Proceso alterada frente a millones de personas? ¿En serio Anaya pensó que no nos daríamos cuenta?

En efecto, Anaya mutiló la portada, pues ese cintillo se refería a otro reportaje de Álvaro Delgado sobre la incorporación de personajes oscuros a la campaña del panista, como José Luis Chanito Toledo, principal operador político y financiero del exgobernador priista Roberto Borge; Manuel García Corpus, secretario de Gobierno del también exgobernador priista Ulises Ruiz o Luis Octavio Murat, familiar directo de José y Alejandro Murat, padre e hijo que se hicieron con el gobierno de Oaxaca.

Del ataque a la evasión

A las 8:35 de la mañana (dos horas antes que en el centro del país por los husos horarios) Anaya apareció en las salas de abordaje del Aeropuerto Internacional de Tijuana. Lo acompañaban su esposa, Salomón Chertorivski y Dante Delgado, el expriista que en los años noventa fue imputado por enriquecimiento inexplicable, peculado y abuso de autoridad, pero que hoy dirige el partido Movimiento Ciudadano.

Ya desatada la indignación colectiva por el engaño, sumado a la copia de ideas en discursos y en la propaganda de Anaya, este reportero le preguntó en tres ocasiones por qué había manipulado la portada de Proceso en su material de apoyo para el debate.

Dante Delgado intentó impedir que respondiera y atajó: 

–Yo te contesto.

–La pregunta es para el candidato –se le explicó a Delgado, que se encolerizó y embistió: 

–Proceso es una mafia. Por órdenes de sus dueños presentó una portada que lo favoreciera (a López Obrador) el día del debate. Quiero que sepa la gente que en Proceso son unos facciosos.

Se le recordó que fue Anaya quien, tal vez pensando que lo favorecían, presentó dos portadas del semanario con reportajes en que se informa sobre las coaliciones que encabezan Meade y López Obrador.

–No, no, no. Son unos facciosos que siguen instrucciones de sus dueños –gritó al aire el dirigente de MC.

En la tercera oportunidad, antes de abordar el avión en el que volaría rumbo a la capital del país, Ricardo Anaya respondió al fin:

–No voy a polemizar con un medio de comunicación.

–No es polemizar. Nada más respóndame por qué recortar la portada…

–Es que no sé de qué me estás hablando.

–Ayer presentó dos portadas de Proceso y recortó la parte que dice que usted también reclutó fichas negras. En redes sociales se dice que usted manipuló esta “prueba”.

–Simplemente estaba haciendo énfasis en que mejor hablaran de las portadas que los aludían a ellos –se excusó el aspirante panista.

La respuesta quedó registrada en un video que en menos de 24 horas fue reproducido más de 1 millón de veces. Las notas derivadas del suceso provocado por la aparición de los ejemplares de la revista en el debate y la manipulación de Anaya acumularon más de 2 millones de visitas en el portal de internet de Proceso. 

Finalmente, de gira por Colima, el miércoles 23 a Ricardo Anaya no le quedó más remedio que reconocer que habían alterado la portada de la revista.

“Ese no era mi interés en lo absoluto. Lo que yo quería mostrar es que también había portadas respecto a ellos, pedí las fotografías y así fue como me las pusieron (…) mi equipo y sin ningún afán de engañar a nadie.”

Cuestionado por Álvaro Delgado, autor de los reportajes que lo exhibieron, intentó evadirse:

“Las resoluciones de los juzgados son clarísimas. Yo puedo ver a la gente a los ojos y decirles que siempre me he conducido con honestidad.”