La pesadilla de informar bajo amenaza

Italia se ha convertido en uno de los países europeos más riesgosos para ejercer el oficio periodístico. Desde 2006 hasta marzo de este año, 3 mil 603 personas debieron ser inscritas en el registro de periodistas amenazados por el crimen organizado. El Estado italiano respondió favorablemente: ahora hay 19 informadores con protección permanente de la policía y otros 150 son seguidos de cerca por las autoridades. En años recientes, la mano de la mafia siciliana se ha dejado sentir incluso en otros países, como Eslovaquia y Malta.

ROMA.- “Los matan y ya… se escapan. Van una decena, unos cinco, seis de (la ciudad siciliana de) Catania, en automóviles robados (…) uno aquí, otro allá… en la noche, apenas los encuentran, salen… lo atacamos. ¡Y bum! ¡Todos (caerán) al suelo! (…) Como en los años noventa, cuando ni se podía caminar en la calle… ¡De vez en cuando un murticeddu (muerto, en dialecto de Sicilia) sirve, es necesario, para que se calmen todos estos muchachitos, estos que están enfermos con la mafia! Un murticeddu…”

El anterior es un extracto de una conversación telefónica entre el empresario Giuseppe Vizzini y sus hijos, grabada por la policía italiana y recogida, en enero de este año, en el sumario de la investigación que reveló que el hombre, vinculado con la Cosa Nostra siciliana, planeaba matar con un coche-bomba al periodista italiano Paolo Borrometi y a sus cinco escoltas, por algunos artículos incómodos escritos por el reportero. 

“Llevo años viviendo en este infierno. Me han puesto cinco condenas a muerte cinco clanes mafiosos distintos”, dice Borrometi a Proceso. “Incluso me agredieron físicamente”, afirma este periodista que en 2015 tuvo que irse de su natal Sicilia luego de que incendiaran la puerta de su casa y lo agredieran físicamente, fracturándole la espalda, lesión de la que todavía no se repone. 

Italia es uno de los países europeos más riesgosos para ejercer el periodismo. Desde 2006 hasta marzo de este año, 3 mil 603 personas fueron inscritas en el registro de periodistas amenazados que elabora la organización Articolo 21, apoyada por la Federación Nacional de Prensa Italiana (FNSI) y el Colegio de Periodistas Italianos.

Todo por haber investigado sobre redes mafiosas o bandas criminales, aunque según los observadores, un fenómeno también en aumento es el de los reporteros que caen en la mira de la delincuencia por sus investigaciones sobre la constelación de grupos soberanistas, nacionalistas y xenófobos que han aparecido en el país. 

“En mi caso, fue por una serie de investigaciones sobre el multimillonario tráfico de productos agrícolas, que en la actualidad es el segundo negocio ilegal de las mafias en Italia”, explica Borrometi, presidente de Articolo 21.

El Estado ha respondido. En la actualidad, 19 periodistas italianos están bajo protección permanente de la policía y otros 150 son seguidos de cerca por las autoridades, según las cifras de estas organizaciones. Además, ninguno ha muerto desde 1993, cuando fue asesinado Giuseppe Alfano, en la época más dura de la lucha contra la Cosa Nostra. 

No-vida 

En Italia las actividades de investigación son apoyadas por una de las legislaciones antimafia más avanzadas en el mundo; aun así, las mafias siguen ejerciendo presión, intimidando y asesinando a los reporteros. Y hay pocas esperanzas de que la situación cambie pronto.

En marzo pasado, Ján Kuciak –periodista eslovaco que investigaba presuntos vínculos entre políticos y la mafia italiana– y su novia fueron asesinados a tiros en Eslovaquia. Las investigaciones de la policía local apuntan a una autoría del crimen organizado de Italia. 

Otro es el caso de Federica Angeli, periodista del diario La Repubblica y madre de tres niños, quien vive protegida por escoltas desde 2013, después de que fuera secuestrada por un mafioso de Ostia y, posteriormente, se convirtiera en un testigo clave en un juicio contra los clanes que operaban en ese barrio de la capital italiana.

“La escolta me la pusieron en 48 horas. Porque decidí que no me iba a ir, que iba a quedarme en Ostia, el barrio donde nací y crecí, para luchar desde allí contra este virus. Fue muy duro; al principio nadie me creía, nadie me daba importancia”, cuenta Angeli a la reportera. 

“Las primeras amenazas se remontan a 2013; luego hubo muchas más en estos cinco años: líquido inflamable debajo de la puerta de casa, la señal de la cruz a mi hijo de ocho años por parte del capo (mafioso) por la calle, amenazas a través de las redes sociales”, dice.

Sus ojos muestran una melancolía infinita, a ratos sus gestos son nerviosos; su cara, la imagen de la vulnerabilidad. No deja de hablar al tiempo que manda y recibe mensajes por su celular.

“Es muy difícil vivir así. Yo tengo confianza en que un día esto acabe, quizá cuando haya una sentencia definitiva sobre el juicio en el que soy testigo”, confía Angeli.

Reconocimiento, premios y elogios, fama, haber logrado que algunas investigaciones periodísticas acabaran en acciones de la justicia, en juicios contra mafiosos, tienen ese precio a pagar: vivir rodeado de armas y carabineros, no poder ir al cine o tener una relación sentimental. 

“Vivir así no es fácil. Yo tengo miedo, claro. Y vivo una no-vida. No puedo salir con una chica, ir al cine o ir a la playa en el lugar en el que crecí. Creo que el error que hemos cometido hasta ahora ha sido el de considerar cada caso como un asunto nacional, cuando en realidad las mafias son trasnacionales”, añade Borrometi.

Y aun así, el reportero se dice afortunado en una época en la que, además de Kuciak en Eslovaquia, otra informadora, la maltesa Daphne Caruana, fue asesinada en Malta en 2017. Más aún que, según sospechan los investigadores, el explosivo que la mató podría haber sido llevado precisamente desde Sicilia, donde nació la Cosa Nostra. 

El homicidio de Caruana todavía no ha sido esclarecido.

Problema mundial

En este sentido, según el presidente de la FNSI, Giuseppe Giulietti, Italia se encuentra en esa lista de países en los que hay graves violaciones contra la libertad de prensa y expresión, como también ocurre en México. 

“Turquía, México, Malta o Eslovaquia son también países en los que la situación es muy difícil”, afirma Giulietti. 

El directivo dice que se están planteando llevar adelante próximamente una manifestación en Italia para sensibilizar sobre los problemas de los periodistas en el mundo, que son “los problemas de la democracia”, insistió. En el acto, señala Giulietti, se está estudiando la participación también de periodistas mexicanos o que trabajan para medios mexicanos.

“Quisiéramos que intervenga algún colega de México”, explica y hace hincapié también en la necesidad de proteger a aquellos periodistas más vulnerables, como los eventuales o free lance. 

“Hay muchos jóvenes sin contrato y que trabajan en condiciones precarias, lo que es la situación más peligrosa en el mundo”, asevera. 

De acuerdo con Reporteros Sin Fronteras, Italia se encuentra en el lugar 46 de la clasificación mundial de la libertad de prensa. 

México está en el lugar 147 y empeora año tras año. Eslovaquia se halla, en cambio, en el puesto número 27, mientras Turquía está en el 157, algo que se debe a los encarcelamientos masivos de informadores llevados adelante por el gobierno de Recep Tayyip Erdogan. 

“Ver restringido el derecho a la información es algo que no sólo ocurre en un país en guerra o donde hay un conflicto; también sucede en muchos países en los que se censura y se descalifica a los periodistas, algo que impide una correcta información”, indica Giulietti. 

Es el caso de Hungría, donde recientemente el primer ministro, Viktor Orbán, forzó la salida de la ONG Open Society, luego de que el Ejecutivo húngaro aprobara más restricciones a los medios de comunicación. 

De hecho, el alejamiento de Open Society se enmarcó en reiterados ataques de Orbán a George Soros, de origen húngaro, quien desde hace meses es el principal objetivo de los ataques del gobierno local, que lo acusa de haber maquinado un plan, en connivencia con la Unión Europea, para imponer a los Estados comunitarios la acogida de millones de refugiados.