Magnates cercanos a Putin, los beneficiarios del Mundial

De acuerdo con el responsable de la organización Transparencia Internacional en Rusia, Dmitry Sukharev, el presidente Vladimir Putin confía en hacer del Mundial de Futbol la plataforma de lucimiento para su cuarto periodo en el poder. Para ello, desplegó toda la fuerza política y económica que ha acumulado. Sin embargo, advierte el activista, detrás de las impresionantes obras de infraestructura que se realizan para esta competencia internacional, se mueven enormes sumas de dinero público que pueden beneficiar a un reducido grupo de magnates cercanos a Putin.

París.– Vladimir Putin quiso organizar su Mundial de Futbol y lo obtuvo. Cueste lo que cueste. El legado y la fama son demasiado beneficiosos para que el superpotente mandatario detenga las locuras de grandeza de su cuarto mandato. No importa si la deuda rusa aumenta o si el presupuesto explota: el nombre de Rusia debe de permanecer en alto. Y el de Putin para la eternidad.

“Nunca se debe de subestimar a Rusia si quiere obtener algo. Es más que un país. Es un gran continente, una verdadera potencia”, opinaba Joseph Blatter, presidente de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) antes de que ese país fuera designado como sede del Mundial. Putin siempre quiso devolverle su rostro a la antigua Unión Soviética, luego de su desmantelamiento y del fracaso de la ideología comunista. 

Con tal evento deportivo visto por más de la mitad del planeta, quiso organizar el Mundial más caro de la historia: 21 mil millones de euros. Una suma vertiginosa. En comparación, el comité organizador brasileño gastó 8.1 mil millones para el Mundial 2014. En el torneo anterior Sudáfrica desembolsó 3.28 mil millones y Alemania “solamente” 430 millones de euros para remodelar y construir los estadios para el certamen en 2006.

El presupuesto se disparó con el tiempo: en diciembre de 2010, el día siguiente de la designación de su Rusia como sede, Putin declaró: “Según los cálculos preliminares, la construcción de los estadios y de la infraestructura tendrá un costo de 300 mil millones de rublos (cerca de 10 mil millones de dólares)” una cantidad equivalente a la que se gastó durante la preparación del Mundial de Sudáfrica”. El optimismo reinaba: “Tenemos suficientes recursos financieros”.

Gazprom, la cortina de humo

Transparencia Internacional (TI) es una organización no gubernamental que promueve medidas contra crímenes corporativos y corrupción política. El coordinador de la organización en Rusia, Dmitry Sukharev, explica que “el fuerte incremento del presupuesto del Mundial de Futbol fue causado por una caída del rublo”. Pero no descarta que hubiera irregularidades: “Sabemos que hay una ineficacia frecuente de las autoridades públicas para administrar grandes proyectos de construcción”.

Estos más de 20 mil millones de euros de presupuesto global también tienen que ser adicionados a lo que ya se había gastado unos años antes para otro evento internacional. En 2014 la ciudad de Sochi, abrazada por el Mar Negro y la cadena montañosa del Cáucaso, albergó los Juegos Olímpicos de Invierno. El respectivo comité gasto 36 mil millones de euros para las instalaciones y el flamante estadio olímpico de Sochi, en forma de “concha de mar”, con aforo total de 48 mil espectadores y adonde se jugará el partido Alemania-Suecia, adversarios de la Selección Mexicana en el grupo F.

En total, para seducir a los integrantes del Comité Ejecutivo de la FIFA, venales y corruptos, Rusia propuso construir nueve estadios y renovar tres de los que ya existían. El de Samara, ciudad ubicada 800 kilómetros al este de Moscú, se enfrentó a varios problemas económicos y estructurales. Sólo a finales de abril pasado se terminó la obra. Mejor tarde que nunca.

Otro recinto conoció retrasos y polémicas. El estadio Krestovsky de San Petersburgo iba a costar 7 mil millones de rublos (100 millones de euros). Al final ascendió a 40 billones (577 millones de euros) y Gazprom, la empresa de gas más poderosa de la Federación Rusa, iba a contribuir para este recinto en forma de nave espacial. Una joya arquitectónica con capacidad para 68 mil 134 espectadores, donde jugarán las selecciones rusa, brasileña y argentina, que además será escenario de una semifinal.

Sin embargo, en enero de 2009 el medio informativo St. Petersburg Times reportó que el proyecto sería realizado por el gobierno de San Petersburgo, pues Gazprom prefirió construir un rascacielos al lado del estadio para albergar sus oficinas. No por casualidad esa empresa es “la columna vertebral de la economía rusa”, en palabras del presidente Vladimir Putin. Finalmente, el estadio “fue financiado por el presupuesto de la ciudad, lo que significa que el Estado fue responsable de la totalidad de su financiamiento”, denuncia Sukharev.

Ahora un guía de turistas suele hacer una broma que cobra actualidad en estos días. Señala con el dedo índice el estadio Krestovsky y dice: “Ahí pueden ver al estadio en forma de aeronave. Le cuesta al contribuyente ruso mil millones de euros… No, señora, ni con tanto dinero logra despegar”.

Los amigos de Putin

Uno de los beneficiarios de este torneo es muy conocido: “Stroytransgaz, la compañía de Gennady Timchenko, construyó dos recintos, el de Volgograd y el de Nizhniy Novgorod”, explica Sukharev, y Timchenko es el fundador de Gunvor, una empresa que se especializa en el comercio de productos petrolíferos.

Ese oligarca es considerado por la revista Forbes como el noveno multimillonario de su país. En marzo de 2014, cuando Rusia se anexó ilegalmente la región ucraniana de Crimea, Timchenko fue incluido en la lista negra del Departamento del Tesoro de Estados Unidos por su cercana relación con Putin. El presidente ruso “invierte en Gunvor y podría tener acceso a los fondos de Gunvor”, según la dependencia estadunidense. La compañía negó dicha información en su cuenta de Twitter. Otro rumor afirma que, igual que el presidente ruso, Timchenko es un exagente del KGB, el servicio secreto soviético.

El objetivo de este certamen es seducir al mundo y atraer más turistas (se esperan alrededor de 2 millones), así que las autoridades se propusieron renovar la infraestructura pública. También se tuvieron que acelerar las obras debido al retraso en la organización del Mundial.

“El propietario de la red de aeropuertos regionales, que acogerá a los fanáticos de futbol en Ekaterinburg, Nizhniy Novgorod, Samara y Rostov del Don, es Aeroporty Regionov, la compañía de Viktor Vekselberg”, abunda Dmitry Sukharev. En realidad, Aeroporty Regionov es propiedad de Renova Group, un conglomerado con intereses en petróleo, telecomunicaciones y transportes dirigida por Vekselberg.

Forbes informó en agosto de 2015 que la fortuna de Vekselberg se estima en 13.6 mil millones de dólares. Es la cuarta persona más rica de su país. La publicación estadunidense Esquire lo apoda “el oligarca de los oligarcas” y, en efecto, es muy cercano al Kremlin. En abril pasado sus actividades y amistades le valieron ser integrado a la lista negra del Departamento del Tesoro.

Además, los gastos en aeropuertos y construcciones no tendrán utilidad a largo plazo, explica el responsable de TI en Rusia: 

“Hay fuertes probabilidades, que los aeropuertos y los hoteles de cuatro o cinco estrellas no tengan ningún interés después del Mundial. Antes había un vuelo diario a Moscú, pero según la página web ya hay tres. Y los boletos para las salidas nacionales estarán en venta a partir de finales de mayo, pero no para todas las ciudades sedes del Mundial.”

Los aficionados tendrán que pasar por Moscú o Ekaterimburgo y desembolsar más dinero. Aficionados de Dinamarca o Panamá, cuyos equipos jugarán en ciudades distintas de San Petersburgo y la capital rusa, “tendrán que pasar por Moscú o Nijni Novgorod para alentar a sus equipos: un negociazo para las compañías y el dueño de Aeroporty Regionov. Después del Mundial, los aeropuertos no tendrán ninguna utilidad”, dice Sukharev.

“Corrupción masiva”

En cuanto a las otras infraestructuras de transporte, los gastos son inconmensurables. Se tienen que construir una nueva carretera circular alrededor de la capital, un tren de alta velocidad entre Moscú, Nizhni Novgorod y Kazán, con una extensión hacia la parte asiática del país, a Ekaterinburgo. 

A decir de Sukharev, el tren “sólo servirá durante el torneo, pues la población rusa no necesita dicho transporte… Los estadios, las carreteras y los aeropuertos fueron construidos y puestos en operación a pesar de la corrupción masiva”, acusa. Como dato ilustrativo, en febrero de este año salió a la luz la última encuesta sobre la corrupción. De 176 naciones evaluadas, México ocupa el puesto 123, con una calificación de 3/10, mientras que Rusia está en el peldaño 131 con 2.9/10.

“Al contrario de los Juegos Olímpicos de Sochi, los gastos totales del Mundial fueron clasificados. Los nombres de las compañías que construyeron los estadios y las cifras se ocultan del público”, lamenta el representante de TI.

La mayoría de los ganones de este Mundial ruso son los amigos de Putin. “Estamos seguros de que el campeonato Mundial de Futbol beneficiará a 10 o 15 rusos que aparecen en la lista de (las mayores fortunas del planeta, que publica la revista) Forbes –añade Sukharev–. Para el resto de la población no será más que una satisfacción moral”. Las infraestructuras, dice, “fueron construidas para un negocio totalmente diferente del futbol y no con la mejor calidad, pero estarán listas para albergar el Mundial”. Cueste lo que cueste.