Ante una agenda para la democracia, Ortega opta por la represión

La Conferencia Episcopal de Nicaragua, que sirve de mediadora en el Diálogo Nacional –en el que participan representantes del gobierno y de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, que agrupa al movimiento estudiantil, al sector privado y a la sociedad civil–, presentó una Agenda de Democratización como vía para salir de la crisis política que enfrenta el país centroamericano. Este plan propone, entre otras medidas, realizar elecciones anticipadas bajo la dirección de un nuevo poder electoral y con la presencia de observadores internacionales. Sin embargo, el gobierno la rechazó por considerarla un golpe de Estado… y arreció la represión.

MAnagua.- 23 de mayo. Seminario Nacional Nuestra Señora de Fátima. El canciller de Nicaragua, Denis Moncada Colindres, luce evidentemente incómodo con la agenda planteada por la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) para la tercera sesión del Diálogo Nacional, en el que los obispos fungen como mediadores y testigos.

La agenda, denominada Democratización y expuesta por monseñor Rolando Álvarez, obispo de la Arquidiócesis de Matagalpa, aborda los mecanismos constitucionales para realizar un proceso electoral transparente en el país; entre éstos, reforma parcial de la Constitución Política en el presente año, a fin de adelantar las elecciones presidenciales, municipales, legislativas y de las regiones autónomas, a la brevedad posible.

Entre las acciones propuestas a discutirse y aprobarse en dicha agenda también están la reducción del periodo de las autoridades de los Poderes del Estado: Consejo Supremo Electoral, Corte Suprema de Justicia y de la Controlaría General de la República, Ministerio Público, Procuraduría General para la Defensa de los Derechos Humanos. 

Además, plantea que la reforma suprima la diputación al expresidente y el exvicepresidente, así como al que quede en segundo lugar (en) las elecciones presidenciales; asimismo, volver al porcentaje para resultar electo como presidente vigente en 1995 y prohibir la reelección presidencial y de cargos públicos sujetos a elección popular.

Y, finalmente, la Agenda de Democratización propone aprobar una Ley Marco para la transición y gobernabilidad democrática con el propósito de implementar los Acuerdos Políticos del Diálogo Nacional y establecer las líneas de acción para garantizar los planteamientos del 21 de mayo pasado, incluyendo que los garantes fuesen la Organización de Estados Americanos (OEA), la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Unión Europea. 

También propone que las elecciones adelantadas sean observadas por misiones de la OEA, de la UE y del Centro Carter, entre otros organismos y organizaciones internacionales.

El canciller Denis Moncada, jefe de la delegación gubernamental en el Diálogo Nacional, se queja en tono pausado y suave de que la propuesta de Agenda de Democratización no la recibieron con anticipación. Pero también, abandonando su lenguaje diplomático, rechaza de plano la intencionalidad de la proposición.

“La agenda que estamos viendo, monseñor Álvarez, estimados miembros de la Conferencia Episcopal, si ustedes se fijan tiene aproximadamente 40 puntos y es una agenda que, al verla en su forma concentrada, nos lleva a un solo punto: El diseño de una ruta para un golpe de Estado, la ruta para cambiar el gobierno de Nicaragua, el gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, al margen de la Constitución, al margen del ordenamiento jurídico de Nicaragua, violando la Constitución, violando las leyes”, afirma Moncada.

Y, en lugar de dicha Agenda de Democratización, el canciller propone abordar en plenario la suspensión inmediata de los “tranques” (bloqueos de caminos) establecidos a lo largo de casi 50 puntos del territorio nacional por pobladores y campesinos, ya que éstos, a su juicio, representan una violación total de derechos humanos y están causando daños económicos y sicológicos, y llevando al país a una crisis. 

Al final de la tarde, los obispos someten a votación del plenario ambas mociones: discutir la Agenda de Democratización o la suspensión inmediata de “los tranques”. Ninguna de las mociones alcanza el consenso entre los participantes. 

En consecuencia se suspende temporalmente el plenario del Diálogo Nacional y se propone la conformación de una Comisión Mixta –de 3 + 3 integrantes– para llegar a un consenso sobre la agenda y superar el impasse. 

Minutos después, el cardenal Leopoldo Brenes, presidente de la CEN, insta a los dialogantes a encontrar un pronto consenso, ya que del Diálogo depende “en gran parte” la paz en Nicaragua y la vida de muchos nicaragüenses.

29 de mayo. Hotel Intercontinental Metrocentro, Managua. La misión de Amnistía Internacional, encabezada por Érika Guevara Rosas, directora de AI para las Américas, y la activista global por los derechos humanos Bianca Jagger están frente a una batería de periodistas nacionales y extranjeros para dar a conocer públicamente su informe preliminar titulado Disparar a matar: estrategias de represión de la protesta en Nicaragua, resultado de una misión de trabajo en el país entre el 4 y el 13 de mayo. 

“…La respuesta del gobierno nicaragüense ha sido básicamente ilegítima y plagada de serias violaciones de derechos humanos, e incluso crímenes de derecho internacional”, apunta el informe en sus conclusiones.

Han transcurrido apenas ocho días desde que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dio a conocer también su informe preliminar sobre Nicaragua, y la cantidad de muertos en ese lapso de tiempo se ha elevado a 99 personas, la mayoría jóvenes y pobladores civiles. Los heridos llegan casi al millar. Dos hospitales privados, que atienden voluntariamente a los lesionados por armas de fuego, están sobrepasados en sus capacidades de insumos médicos y de presupuesto. Surgen entonces en las redes sociales llamados a donar voluntariamente para continuar brindando esa labor.

AI “también concluye que la estrategia elegida por las autoridades nicaragüenses, que ha tenido como resultado, entre otros, un alarmante número de personas fallecidas y personas gravemente lesionadas, tenía la finalidad de castigar las voces disidentes, desincentivar la continuidad de la crítica ciudadana y encubrir las violaciones de derechos humanos y crímenes de derecho internacional cometidos”, sostiene el informe. 

Agrega: “El alarmante número de muertes, así como de personas lesionadas en el marco de la protesta, indica que el gobierno empleó la fuerza de manera desproporcionada, excesiva, y en algunos casos de manera innecesaria, permitiendo que las personas que se manifestaban fueran deliberadamente atacadas. La evidencia y los patrones analizados en este informe indican que las fuerzas policiales y cuerpos antimotines directamente atacaron a los manifestantes”.

Bianca Jagger, de origen nicaragüense y presidenta de la Fundación para la Defensa de los Derechos Humanos, se pone de pie, levanta la portada del informe y relata que cuando Érika Cuevas, directora de AI para las Américas, le mostró el título del reporte –“Disparar a matar…”–, ella pensó que estaba un poco fuerte y le preguntó a su colega: “¿Estás segura que ese debe ser el título?”.

El día anterior, al ser testigo de un ataque de las fuerzas policiales y de los grupos de choque contra estudiantes de la Universidad Nacional de Ingeniería, Jagger se convenció. “No hay un título más apropiado. Disparos a matar es lo que he visto en los pocos días de estar en Nicaragua”, dijo la activista de los derechos humanos, quien en los años ochenta apoyó la Revolución Sandinista.

“Aquí tenemos una guerra sucia contra los jóvenes estudiantes, contra la población civil que está desarmada”, apuntó. “Hoy estoy aquí para pedirle al señor Ortega y a la señora Murillo: por favor, dejen de matar a nuestros estudiantes, los están matando como perros”.

30 de mayo. Inmediaciones de la Universidad Centroamericana (UCA). 4:30 PM. El pánico se ha apoderado de miles de nicaragüenses que marchan pacíficamente cuando se escuchan cerca ráfagas de fusiles AK-47 y se oyen gritos de desesperación. 

“¡Están matando a los chavalos!”, insiste alguien, y centenares de personas indefensas –entre ellos señoras de la tercera edad y niños– corren hacia las instalaciones de la Universidad Centroamericana (UCA).

Por la señal de televisión abierta del Canal 100% Noticias –que fue censurado al inicio de las protestas cívicas– se distinguen imágenes en vivo de la represión policial y de grupos de choque afines al gobierno. Una mujer llora desconsolada abrazando a un muchacho. El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) confirmará luego, en el Comunicado No. 4, que se trata de Jorge Guerrero Rivas, quien fue asesinado frente a su madre cuando estaba concluyendo la marcha pacífica. 

Además de él, el Cenidh reporta cinco fallecidos más y 47 heridos de “munición viva” en Managua, en tanto que en Estelí, ciudad ubicada a unos 140 kilómetros al norte de la capital, se contabilizan cuatro fallecidos y 32 heridos. El organismo responsabilizó de estos nuevos asesinatos al jefe supremo de la Policía Nacional, Daniel Ortega Saavedra.

Igual responsabilidad denunció la UCA, recinto donde se refugió la población civil desarmada. “Huyendo de los ataques, más de 5 mil personas lograron ingresar mientras muchos huyeron en otras direcciones. Un sinnúmero de heridos fue atendido por voluntarios y voluntarias inmediatamente en el campus y se consiguió que ambulancias trasladaran a todos los heridos a centros de atención médica”, refiere la Nota Informativa No.1 del centro universitario jesuita.

Su rector, José Alberto Idiáquez, sacerdote jesuita, fue testigo del ataque. “Esto es una salvajada, es irracional, no hay explicación alguna. Tengo la impresión de que el gobierno está dispuesto a matarnos, que ya no podemos vivir en paz. No es justo, era una marcha pacífica, multitudinaria”, expresó.

El padre Idiáquez, quien participa también en el Diálogo Nacional en representación de las Universidades, agregó: “Ante los hechos, decía Santo Tomás, no valen los argumentos. Esto es una masacre todos los días. Ya llevamos más de 90 muertos, desaparecidos, torturados… Esto no tiene nombre. No sé qué están pensado. Vamos a seguir así, derramando sangre por el capricho y el aferramiento de dos personas al poder”, dijo en alusión a Ortega y a su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo.

30 de mayo. Avenida de Bolívar a Chávez. 4:30 pm. A esta misma hora en que la marcha “Madres de Abril” está bajo ataque, Ortega está por concluir su discurso en el acto organizado por su esposa. 

Una multitud se ha reunido bajo el lema de “Oración por la Paz y Cantata a las Madres Nicaragüenses”. 

“Hoy que estamos en el Día de las Madres, 30 de mayo, cuánto dolor. El dolor que viene recorriendo estos días desde el 18 de abril (fecha en que estalló la rebelión cívica en Nicaragua) hasta la fecha… Desgraciadamente, estamos viviendo momentos en los que el odio, el odio está sacando las uñas, el odio, el demonio sacando las uñas”, dijo Ortega.

Al igual que en su fallida campaña electoral de 1996, Ortega viste de camisa blanca y pantalón oscuro. Los organizadores han invitado a las madres de los héroes de San José de las Mulas –más de 30 jóvenes que en 1982 cayeron en un enfrentamiento desigual con el ejército irregular de los “Contras”. Ahora, ellas son señoras de la tercera edad, de cabello canoso, que cargan aún las fotos de sus cachorros.

“…Todavía ellas están en vida y han venido arrastrando ese dolor por años, y las que tienen el dolor ahí reciente, por el respeto a esas madres, a las madres nicaragüenses, nuestro mayor compromiso, nuestra mayor obligación, es luchar y defender la paz que tenemos que recuperar los nicaragüenses”, concluyó Ortega. 

31 de mayo. Managua. La CEN emite un comunicado en el que expresa que ha vivido con “profundo dolor” los acontecimientos violentos perpetrados contra la población civil el miércoles 30 por grupos armados afines al gobierno y condena estos actos de represión.

“Queremos dejar claro que no se puede reanudar la mesa del Diálogo Nacional mientras al pueblo de Nicaragua se le siga negando el derecho a manifestarse libremente y continúe siendo reprimido y asesinado”, concluyeron los obispos.