“Las batallas de Celaya”

Desde el 2015 se grabaron los episodios de la serie Las batallas de Celaya en locaciones de Guanajuato. Eric del Castillo, el productor ejecutivo, tuvo el apoyo del canal estatal de televisión y también actúa en la serie. Su hija Kate del Castillo participa como personaje femenino. La recreación del enfrentamiento entre los ejércitos de Francisco Villa y Álvaro Obregón no logró salir al aire sino dos años después. La compró una empresa estadunidense. Ahora toca el turno de ser exhibida en canales nacionales, TVUNAM y Canal 22.

El centenario de dicha batalla dio lugar a una gran cantidad de actos, mesas redondas, programas. El aniversario impulsó a Eric del Castillo, oriundo de esas tierras, a realizar la serie de cinco capítulos.  Sin embargo ésta no tuvo repercusión en su momento y aún hoy, tres años más tarde, sigue sin levantar entusiasmo.

Tal situación hay que entenderla en la producción, cuyo guion está apegado al género de la telenovela, vale decir a un melodrama en donde las mujeres de la película son codiciadas por dos hombres, pero ellas sólo quieren a uno. Los soldados resultan tan planos como los dos estelares: Villa y Obregón. Los parlamentos se detienen demasiado en reyertas personales.  Así el tema de fondo se diluye.

Por otra parte, la interpretación es irregular por falta de una buena dirección de actores. Los protagonistas principales no rebasan el estereotipo de Pancho Villa y Álvaro Obregón. No se les aborda desde un ángulo original, no visto. En el caso de Villa, su figura ha sido interpretada en múltiples filmes por actores estelares. Esa figura no se ha diluido con el tiempo. Se recuerdan entre otros Vámonos con Pancho Villa y Reed México insurgente en donde aparece Eraclio Zepeda como Villa. El Villa de estas batallas de Celaya carece de la fuerte personalidad del Centauro del Norte, no tiene nada nuevo que aportar. Obregón no está mejor caracterizado.

El problema mayor de la serie reside en un escaso presupuesto, debido a lo cual las batallas parecen escaramuzas sin importancia. La tropa está compuesta por escasos hombres, unos cuantos caballos, tres cañones y ametralladoras que parecen de juguete. No hubo extras ni para las calles de la ciudad. Si bien estaban en guerra, las treguas permitían a la gente salir de sus casas. La cámara, en lugar de cerrar el cuadro para que parezca un grupo nutrido, se abre demasiado. Los sitios elegidos para la acción son abiertos, con lo cual resalta la evidencia de una mala puesta en escena.

En contraparte, la vegetación no se explota. Todo aparece gris de polvo, los árboles ralos, las rocas chatas. La vestimenta de los villistas es lamentable.