Los fanats: de aficionados a grupos de choque

Inspirados en los hooligans británicos, los aficionados ultrarradicales de Rusia, conocidos como fanats, irrumpieron en la década de los noventa y hoy suman más de 5 mil. Según el especialista francés Ronan Evain, el Kremlin los tolera por mero pragmatismo, pero conforme se acerca la inauguración del Mundial, Putin decidió alejarlos de los estadios para evitar la violencia.

PARÍS.– En vísperas del Mundial de Rusia 2018 vuelven a la mente las imágenes de hordas de hooligans (fanáticos) rusos persiguiendo a aficionados británicos en el Puerto Viejo de Marsella.

La violencia extrema de esos enfrentamientos de junio de 2016 –al margen del partido Inglaterra-Rusia de la Eurocopa de ese año– rebasó a las fuerzas policiacas galas desplegadas en la ciudad y dejó un saldo de 35 heridos.

“Los 150 o 200 fanats rusos que llegaron a Marsella eran hombres superentrenados en deportes de combate cuyo objetivo era provocar peleas con los ingleses. La Eurocopa era su última oportunidad de combate fuera de Rusia antes del Mundial 2018. Sabían que pronto el Kremlin iba a apretarles los tornillos. Por eso se desataron. Su mayor orgullo fue haber aplastado públicamente a los ingleses, lo que les permite ahora proclamar el fin de la supremacía del hooliganismo británico y el inicio de la dominación rusa”, enfatiza Ronan Evain.

Experto francés del hooliganismo ruso, tema al que dedicó la tesis de doctorado que defendió en el Instituto Francés de Geopolítica de la Universidad de París VIII, Evain dirige la Football Supporters Europe (FSE), una federación independiente de asociaciones de aficionados de futbol de 49 países de la UEFA (Unión de Federaciones Europeas de Futbol). 

Contactado vía telefónica en Moscú, donde suele reunirse con el Comité de Organización de la Copa Mundial de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), el especialista comenta que prefiere usar la palabra rusa fanats en lugar de la inglesa hooligan para referirse a los aficionados más radicales de Rusia.

Evain empezó a interesarse en los fanats en 2010:

“Me impresionaron las manifestaciones que provocó en diciembre de 2010 la muerte de un fanat del Spartak de Moscú en una pelea callejera con jóvenes rusos de origen caucásico –dice–. La manifestación más dura se dio el 11 de diciembre al pie del Kremlin. Fue casi un motín de 5 mil hombres enardecidos que entonaban cantos agresivos contra el poder y se enfrentaron con la policía. Se notaban muy bien organizados y con gran poder de convocatoria, lo cual es inédito en Rusia, cuya sociedad civil es relativamente apática. Decidí que ese fenómeno merecía ser estudiado.”

Evain estableció contactos con distintas “firmas” (grupos) de aficionados de los grandes clubes de futbol de la capital rusa, como el Spartak de Moscú, el Lokomotiv y el CSKA, así como con el Zenit de San Petersburgo. Descubrió un mundo heterogéneo y complejo.

Según explica, existían grupos de aficionados de futbol en la Unión Soviética, pero el movimiento de seguidores radicales inspirado directamente en el hooliganismo inglés surgió con el derrumbe de la Unión Soviética en la década de los noventa y se consolidó en la primera década del siglo XXI.

Ese movimiento se dotó rápidamente de un sistema jerárquico interno muy estricto que rige las relaciones en el seno de un mismo grupo, entre los diferentes grupos de aficionados de un mismo equipo y entre los grupos de fanáticos de distintos clubes deportivos a escala local y nacional. 

Las “firmas” más poderosas son las que pueden demostrar a la vez mayor capacidad de movilización y animación en los estadios –ambas actividades les corresponden a los ultras– y la superioridad de sus fanats en los combates. 

Las peleas pueden darse entre dos grupos de aficionados de un mismo equipo, pero las más frecuentes son las que oponen a fanáticos de clubes antagónicos. 

El surgimiento de los fanats 

Al inicio del hooliganismo ruso los enfrentamientos ocurrían en los estadios y alrededor de ellos, pero con la llegada de Putin al poder empezó a cambiar el panorama. Las autoridades gubernamentales y deportivas rusas multiplicaron medidas coercitivas para erradicar la violencia de los recintos deportivos.

Nació entonces un fenómeno que sólo existe en Rusia: los fanats optaron por citarse a pelear en los bosques que rodean la mayoría de las ciudades del país. Estos combates se llaman fights, oponen a 30 o 40 fanats de grupos diferentes y son implacables.

“Los fights son muy codificados y los combatientes deben respetar reglas estrictas. Queda prohibido golpear a un hombre caído, precisa Evain. Son los líderes de cada grupo que eligen a quienes participan. Y la selección es drástica. Por eso la mayoría de los fanáticos pasan gran parte de su tiempo libre en clubes de artes marciales. Son tan perfeccionistas que se vuelven casi profesionales del combate.”

Agrega el investigador:

“Son tipos así los que actuaron en Marsella. Su organización, su estrategia y su combatividad causaron tanta estupefacción, que medios de comunicación franceses e internacionales ‘serios’ –y no sólo los tabloides– empezaron a hablar de comandos especiales o de paramilitares ‘teledirigidos’ por el Kremlin. Es absurdo. Insisto: se trata de hombres superentrenados cuya pasión es el combate físico.”

–Varios medios europeos publicaron fotos de Vladimir Putin junto con Alexandr Shprygin, uno de los líderes de los hooligans rusos –se le comenta.

–Existen contactos entre los dirigentes de estos grupos y las más altas instancias del futbol ruso, también con los servicios de seguridad. Putin pudo haber coincidido en algún evento deportivo con Shprygin, pero eso no significa en absoluto que los fanats le obedecen.

“Por el contrario, pueden representar un problema para el poder porque esa forma de subcultura urbana, que cuenta con unos 5 mil adeptos de armas tomar, es la más organizada y reactiva del país. En realidad, el Kremlin los tolera por puro pragmatismo. Prefiere dejarlos pelear en los bosques para tenerlos siempre en la mira.

–Según pudo investigar, ¿son o no son politizados los hinchas radicales rusos? 

–Manifiestan ideas patrióticas en el marco del futbol. En ese sentido se inscriben en la tendencia política dominante, que es la de un fuerte patriotismo e inclusive de un nacionalismo exacerbado. Pero no son militantes. No pertenecen a partidos de ultraderecha como lo afirman en forma equivocada reporteros y analistas de la prensa occidental. 

“En Rusia de todas maneras la ultraderecha tiene muy poca fuerza y está dividida en capillas que pelean entre sí. Varias de ellas intentaron instrumentalizar a los fanats. No lo lograron. Para los aficionados radicales lo que cuenta antes que nada es su afiliación a su firma.”

Simples patriotas

Después de un breve silencio, Ronan Evain confía:

“Los fanats son realmente apegados a su autonomía e impermeables a toda influencia política exterior. Dicho eso, descubrí contactos esporádicos muy peculiares entre ciertos grupos de radicales y algunos políticos. Eso se dio en los años noventa, cuando el caos imperaba en Rusia. En ese entonces, algunos grupos de esos fanáticos actuaron como milicias privadas para garantizar la seguridad de mítines políticos y de manifestaciones. También fueron ‘utilizados’ para romper protestas, agrediendo a manifestantes. No actuaron por convicciones ideológicas. Vendieron sus servicios.”

Cita el ejemplo de los aficionados violentos del Spartak de Moscú contratados en 2009 por la alcaldía de la ciudad, entonces dirigida por Iuri Lujkov, para acabar con la resistencia de habitantes de un barrio histórico de la capital que se oponían a la destrucción de edificios antiguos. Su movilización paralizaba la puesta en marcha de jugosos negocios inmobiliarios. Terminó después de la intervención de los grupos de choque del Spartak.

“Ese tipo de arreglo ya no existe porque el clima político y el ámbito de los negocios cambiaron. Sin embargo, no se puede descartar que algún político local recurra a la fuerza disuasiva de grupos de fanats. Por eso los poderes regionales también se muestran tolerantes con ellos”, destaca Evain.

El experto francés insiste sobre otra característica muy especial de los hooligans rusos:

“Su perfil social nada tiene que ver con el de los hooligans ingleses –que por lo general pertenecen a clases populares– ni con el de los polacos involucrados con grupos mafiosos. En su amplia mayoría, los fanats rusos son profesionistas bien integrados a la sociedad. Pueden estar casados y ser padres de familia. Vienen de la clase media, inclusive media alta porque se necesita dinero para cumplir con todas las obligaciones de los fanats. La primera, y la más importante, es seguir a su club de futbol en todas sus giras por la inmensa Federación de Rusia. No se debe perder de vista que 6 mil kilómetros separan las fronteras occidentales del país de las orientales; eso implica enormes gastos en viajes. 

–¿No existen fanats pobres? 

–Sí. Y es un fenómeno interesante. Las firmas de fanats funcionan como “aceleradores sociales”. Son medios bastante cerrados y hay que hacer méritos para ser cooptado. Pero una vez que un aficionado se integra el grupo, puede contar con mecanismos de solidaridad muy eficientes. Un fanat de origen social modesto, pero “tremendo” en los fights, tiene a su disposición todas las redes de palancas de la firma para conseguir trabajo o para lo que quiera. 

–En otras palabras, el darse trompadas en los bosques, lejos de marginar a un fanático, puede favorecer su integración e inclusive su ascenso social. 

–Así es.

Tolerancia cero

Asombrosa también resulta la facilidad con la que la sociedad rusa acepta a los fanats.

“Es una situación insólita. Los aficionados comunes y corrientes que asisten a los partidos en familia tienen buenas relaciones con los radicales de su equipo. Fanats, ultras y simples aficionados se sienten parte de la ‘misma galaxia’. La sociedad rusa dista de censurar los fights que considera como enfrentamientos viriles entre ‘adultos y por acuerdo mutuo’.

“Lo mismo pasa por supuesto en los clubes de futbol de todo el país que no sólo toleran a los fanats, sino que hasta hace muy poco tiempo les confiaban puestos de responsabilidad. 

–Esa tolerancia se reflejó en las primeras reacciones oficiales rusas después de los enfrentamientos de Marsella. Lejos de condenar la demostración de fuerza de los hooligans rusos, Vladimir Putin ironizó sobre la desbandada británica. 

–Fueron tan consternantes como excesivas estas reacciones. Pero muy pronto Putin midió el impacto devastador de los enfrentamientos de Marsella sobre la imagen de Rusia dos años antes del Mundial. El Kremlin aceleró entonces la puesta en marcha de reformas enérgicas en el campo de la seguridad y exigió de la Federación Rusa de Futbol que hiciera una ‘gran limpieza’ en todas sus instancias.”

Según cuenta Evain, Alexandre Shprygin y otros famosos líderes de firmas de fanats fueron apartados manu militari de la esfera futbolística. Tienen, inclusive, prohibido el acceso a los estadios durante el Mundial. 

El mismo Shprygin asegura que estará fuera de Rusia del 14 de junio al 15 de julio para estar seguro y vivir en paz.

En todo el país agentes de los servicios de inteligencia visitan a los fanats para recordarles que la orden de Putin es “tolerancia cero” con cualquier connato de violencia. Alrededor de 400 ultras conocidos por haber sembrado desorden en los estadios fueron impedidos de comprar boletos para asistir al Mundial.

Por otra parte, los servicios de seguridad rusos colaboran plenamente con sus homólogos de Europa Occidental. Antes de los acontecimientos de Marsella, esa cooperación distaba de ser fluida. Ahora, según Ronan Evain, es estrecha.

Prueba de ello es lo que acaba de pasar a Mikhail Ivkin, hooligan ruso de 31 años, considerado por la justicia francesa como el principal agresor de Andrew Brache, un aficionado inglés de 51 años que fue golpeado en repetidas ocasiones con una barra metálica y que aún padece graves lesiones cerebrales. 

Después de haberlo identificado formalmente, los jueces de Marsella emitieron una orden de detención internacional contra Ivkin.

“Rusia no extradita a sus nacionales, señala Evain. Sin embargo, las autoridades ‘omitieron’ señalar a ese individuo que estaba en la lista de Interpol. Es una señal importante.”

El pasado 20 de febrero Ivkin tomó el avión en Moscú para ir a Bilbao. Su meta era asistir al partido de la Europa League entre el Spartak de Moscú y el Athletic-Bilbao. El vuelo hizo escala en Múnich, donde lo detuvo la policía. Tres semanas más tarde Alemania lo entregó a Francia. 

Acusado de “violencia en reunión con armas, habiendo provocado una minusvalía permanente”, Ivkin espera su juicio en una cárcel marsellesa. Se enfrenta a una pena máxima de 15 años.