“México Textil”

Con un atractivo concepto curatorial que aborda la creación artesanal en sus vínculos con distintos imaginarios pasados y presentes –artísticos, cinematográficos y propios del diseño de moda–, la exposición México textil que presenta el Museo de Arte Popular en la Ciudad de México, se impone como una excelente propuesta que registra la riqueza creativa y fragilidad legal de las prácticas artesanales vinculadas con la producción textil.

Dividida en secciones que abarcan desde la época prehispánica hasta la contemporaneidad, la muestra, además de incluir materiales y procesos, aborda los siguientes temas:

El México prehispánico con exquisitas figuritas en cerámica en las que se representan distintos atuendos.

El pasado virreinal con indumentaria eclesiástica bordada en hilo de oro y barrocamente ostentosa.

El uso nacionalista y moderno de la vestimenta indígena en el cine nacional –con fragmentos de películas en las que aparecen Jorge Negrete y María Félix.

La permanencia y diversidad de indumentaria indígena tradicional, como huipiles y quexquemetls.

La diversidad del arte textil contemporáneo –un tapiz de Rufino Tamayo, un relieve de Marta Palau, vestidos-escultura de Miriam Medrez.

La colaboración contemporánea entre manufactura artesanal y prácticas artísticas o de diseño de moda.

Y la copia que han realizado diseñadores nacionales e internacionales de diseños indígenas. 

Por su actualidad, los dos últimos capítulos resultan especialmente interesantes. ¿Cuál es límite entre colaboración, apropiación, copia y plagio?  

Con un espléndido mantel de lino blanco bordado con hilos de algodón en tonos matizados entre el negro y el gris, el artista Francisco Toledo y la bordadora Julia Santos demuestran el resultado de una colaboración. Realizado en el contexto de los proyectos que se promueven en el Centro de las Artes de San Agustín Etla (CASA), en Oaxaca, el mantel mantiene un perfecto equilibrio entre los dibujos de changos con pelotas que realizó Toledo sobre el soporte de lino, y la expresiva reinterpretación que hizo Julia Santos con la sutileza de su bordado.

Otra colaboración interesante es la que presentan la artista textil Yosi Anaya y la artesana María Isabel Hernández. Diseñada como una instalación a piso, la pieza consiste en numerosas mujeres-campana realizadas por Hernández, que se cubren con sutiles huipiles de organza transparentes que estampó Anaya con diferentes diseños ornamentales. La vinculación entre la homogeneidad, diversidad y repetición características de las estéticas tradicionales, es discretamente alterada por la delicadeza de los estampados evidenciando dos horizontes femeninos que conviven en su alteridad.  

 Debido a que las prácticas artesanales se centran generalmente en las manufacturas ignorando a los creadores, los retratos de Lilia P. Correa sobresalen por la vinculación entre el personaje y su quehacer. Pertenecientes a una serie en la que el rostro del artesano está rodeado de un marco que reproduce su oficio, las reproducciones de las obras originales plantean y solucionan una problemática característica del consumo artesanal. 

En el rubro del diseño de moda, además de la presencia de la pionera Beatriz Russek y de algunas colaboraciones que inciden en la apropiación o reinterpretación de manufacturas artesanales –Carmen Rión, Fábrica Social, Carla Fernández–, se incluye una importante sección: las copias o plagios. 

Con imágenes que recuerdan la reproducción que hizo la marca francesa Isabel Marant de los bordados característicos de las blusas de Santa María Tlahuitoltepec, Oaxaca, en 2015, México textil abre la discusión sobre las políticas y procesos de protección, apoyo y defensa de los artesanos y sus saberes.