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Un hecho verdaderamente extraordinario en materia operística se dio el fin de semana pasado cuando, en el brevísimo lapso de 30 horas, se presentaron, profesionalmente, tres óperas de tres autores distintos en tres recintos diferentes de nuestra ciudad. El hecho es de tal manera inusitado que, hasta donde alcanza la memoria, nunca antes se había dado aquí.

El sábado a la una de la tarde, en el oficialmente llamado Auditorio Ingeniero Alejo Peralta –pero que todo el mundo lo conoce como “El queso” (Proceso, 2021)– del Politécnico, se ofreció la simpática ópera bufa Don Pascuale, de Gaetano Donizetti, con la Orquesta Sinfónica del Politécnico Nacional (Osip), bajo la dirección de Christian Gohmer.

A las siete de la noche de ese mismo sábado, en el lado opuesto de la ciudad, en el Teatro de las Artes del Centro Nacional de las Artes, se produjo el estreno en México de Satyricón, obra contemporánea del italiano Bruno Maderna, con el ensamble del Centro de Producción y Experimentación de Música Contemporánea (Cepromusic), con la dirección de José Luis Castillo.

Y el domingo a las cinco de la tarde, en Bellas Artes, se pudo ver El juego de los insectos, del compositor mexicano Federico Ibarra, presente en la función, desde luego con la orquesta y coro de la ópera de Bellas Artes, bajo la batuta del invitado especial para esta ocasión –pero que fuera ya titular de esa orquesta– Guido María Guida.

El fenómeno, como puede observarse, también lo fue en el aspecto territorial, ya que prácticamente recorrió toda la geografía de nuestra ciudad del norte, Politécnico, al sur, Centro de las Artes, y al centro, Bellas Artes. Una distribución no planificada pero que, involuntariamente, demuestra que es algo que se puede hacer y que no tendría que quedarse como hecho aislado motivante de nota periodística como ésta que, por lo extraordinario, resulta imprescindible.

Otra agradable coincidencia: no puede hablarse puramente de estreno en las tres diferentes óperas si definitivamente lo fue en una, Satyricón, que nunca antes se había presentado en México. Un medio estreno fue lo de El juego de los ínsectos, ya que, por primera vez, se presentó con orquesta, coros, escenografía, ballet, vestuario y, en fin, todo lo que se requiere para –como en este caso– lograr un gran montaje cuyo mérito debe atribuirse a Claudio Valdés Kuri. La más conocida, Don Pascuale, pese a lo gustada que es, no es nada frecuente en nuestros escenarios y de hecho tenía años de no escenificarse en esta ciudad, por lo que si no es un estreno como tal, sí lo fue para la gran mayoría de los jóvenes que acudieron a verla y que llenaron “El queso”. Por cierto en esto se dio también una coincidencia en todos los escenarios.

Los elencos: En Don Pascuale, sólo viejos conocidos como Rosendo Flores, Claudia Cota, Hugo Colín y Jesús Suaste, con la dirección escénica de Miguel Alonso Gutiérrez. En Satyricón, bajo la dirección de escena del joven David Gaitán, los también jóvenes cantantes Cynthia Sánchez, Graciela Morales, Victoria Amaro, Gabriela Thierry, Orlando Pineda, Hugo Colín, Daniel Cerón y Vladimir Rueda. Y en El juego de los insectos, con libreto de Verónica Musalem, el ya citado Valdés Kuri, el muy buen actor Joaquín Cosío y, entre otros cantantes, Orlando Pïneda, Enrique Ángeles, Rosa Muñoz, Dhyana Arom, Alberto Albarrán, Gabriela Thierry, Cynthia Sánchez, Norma Vargas y Raúl Román.