Reclamo en los Arieles

La noche del martes 6 se entregaron los premios Ariel a lo mejor de la cinematografía nacional en el Palacio de Bellas Artes. La ceremonia fue transmitida completa por TV–UNAM, y a medias por Canal 22 que se desencadenó una hora después del inicio para transmitir su acostumbrada serie de ficción. El corte incluyó la eliminación del logo de la pantalla y ocurrió poco después de que empezaran los reclamos de actores y cineastas.

La desaparición de los tres estudiantes de cine de Guadalajara dio pie a la primera alocución acerca de la violencia criminal imperante en el país.  En el fondo se desplegó un cartel con sus imágenes. Y se pidió un minuto de silencio. De pie, la asistencia completa recordó así a los jóvenes subrayando con este pequeño gesto su indignación.

Continuó la gala nocturna con nominaciones seguidas de la proyección de breves escenas de cada película. Subieron al escenario actores, vestuaristas, fotógrafos, directores galardonados. Varios, después de los agradecimientos, se refirieron a la necesidad de acabar con la infame situación de asesinatos, agresiones, impunidad, actos corruptos en la cual vivimos. Alto a la guerra, paz, justicia, solidaridad con las víctimas, cambio, fueron los términos más usados.

El presidente de la Academia, Ernesto Contreras, fue enfático en su discurso, exigió además de seguridad para filmar y producir, espacio suficiente para que las películas mexicanas se exhiban; apoyo gubernamental para competir en mejores condiciones con las obras extranjeras; mecanismos que aseguren no sólo la producción sino también el que las piezas se disfruten, ocupen salas hoy acaparadas por la cinematografía extranjera con bajos estándares de calidad. El cine nacional, dijo, no puede dejarse al vaivén de los mercados.

La entrega del máximo reconocimiento en el mundo del cine nacional transcurrió en un tono elevado de crítica a la violencia y también a la responsabilidad del Estado frente a lo que se muestra ya como un desastre. Sin perder el glamour de la pasarela roja, el escenario, los vestidos largos, trajes y smokings, se pudo ver en rostros, actitudes y gestos retratados por la pantalla chica el consenso: todas las áreas de la vida están siendo afectadas, todos podemos ser alcanzados por el terror.

De manera paralela, el gremio cinematográfico mostró su determinación de no dejar que el cine decaiga, sea engullido por los negocios trasnacionales, vecino de la censura, maltratado por los distribuidores. Hay talento, orgullo, diversidad en una industria con la cual las identidades se forman, se reafirman, nos distinguen del resto de culturas. Se pidió a la televisión, pública y privada, transmitir los filmes mexicanos; éstos resultan distinguidos en el país y el extranjero, mas no alcanzan a los públicos amplios, dejan de ser apreciados, no recuperan la inversión monetaria.