Golf y cine, en la táctica de la selección alemana

Más allá del talento, disciplina y de un programa de entrenamiento de alto nivel, la selección alemana que enfrentará a México el domingo 17 tiene una serie de herramientas que la convierten en una de las más profesionales de mundo. A su disposición están desde aplicaciones para tablets con las que analizan a sus rivales hasta la proyección de películas, cursos de golf y salidas para conocer puntos turísticos de las ciudades en las que se encuentran. Lo cierto es que la llamada Mannschaft tiene una banca cuya calidad es la misma a la del cuadro titular que busca refrendar su campeonato en Rusia 2018. 

 BERLÍN.– En su eslogan “Best NeVer Rest” (Los mejores nunca descansan) está explícito el objetivo que tiene para Rusia 2018 la selección alemana de futbol y actual campeona del mundo: llevarse por quinta ocasión la Copa Mundial. La V en mayúscula no es casualidad, representa la meta de igualar al gigante Brasil con cinco campeonatos logrados, siendo dos de éstos consecutivos. 

Para eso, los alemanes llegan a Rusia con uno de los equipos más completos en su historia: una base de jóvenes jugadores campeones de la Copa Confederaciones 2017, arropados por la madurez y experiencia de una decena más de jugadores campeones mundialistas.

Aunque el título se ganará en la cancha, antes de que inicie el torneo las estadísticas y previsiones apuntan al equipo germano como el favorito para refrendarlo. 

No sólo encabeza la lista de selecciones de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) como la mejor del mundo, también, en cuando menos un par de ejercicios de simulación hechos por especialistas internacionales, los alemanes se colocan a la cabeza de lo previsible. 

El banco suizo UBS, por ejemplo, realizó un ejercicio con 10 mil simulaciones del torneo para determinar qué equipo sería el campeón. Su resultado arroja que Alemania cuenta con 24% de posibilidades de revalidar el título, seguido de Brasil, con 19.8%, y España, con 16.1% de posibilidades. 

México, al igual que Uruguay y Suiza, tienen
–según esta predicción– sólo 1.8% de oportunidades de ganar. 

A su vez, el astrofísico inglés Laurie Shaw, de la Universidad de Harvard, realizó otro ejercicio similar y tras otras 10 mil simulaciones sus cálculos colocan a las selecciones de Brasil y Alemania en la gran final. Pero más allá de conjeturas científicas, la realidad es que la selección alemana llega fuerte, completa y motivada para ser campeona. 

En este torneo, como en ninguno otro, el entrenador nacional Joachim Löw cuenta con una plantilla que el resto de las selecciones desearían: 23 jugadores de primer nivel, físicamente enteros, motivados tras haber logrado una calificación sin derrota y aún con el sabor a triunfo en la boca del segundo torneo más importante de la FIFA. 

En pocas palabras: Löw dispone de una banca cuya calidad es la misma a la del cuadro titular. “Alemania llega con un equipo cuyo núcleo es el mismo que ganó en Brasil, pero, a diferencia de hace cuatro años, esta vez llegan todos sus jugadores intactos. 

“Manuel Neuer –portero y capitán del equipo– se recuperó a tiempo de su lesión en el pie y Marco Reus e Ilkay Gündogan, los grandes ausentes la vez pasada por lesión, llegan en buena forma.

“Pese a que ya no están jugadores emblemáticos como Philipp Lahm o Miroslav Klose, el actual plantel puede considerarse mejor gracias a la irrupción de jugadores como Joshua Kimmich y Timo Werner, que le aportan una velocidad y explosión que el equipo no tenía en Brasil”, explica en entrevista con Proceso Jaime Duque Cevallos, especialista en futbol y colaborador del portal de la Bundesliga en inglés. 

“De todos los equipos favoritos en esos intentos por calcular quién será el campeón, Alemania es la que más profundidad tiene en su plantel y la que sufriría menos debido a bajas que puedan darse antes y durante el torneo”, agrega. Y sí. Löw contará con un sinfín de combinaciones en la ofensiva y con variantes que no tuvo hace cuatro años en Brasil y que, sin duda, será de ventaja para su escuadra. 

Y es que, si hay una palabra que diferencia al equipo campeón de los otros adversarios, es colectividad. La Mannschaft carece de estrellas en quien se concentre la fuerza del equipo. En ella, priva la colectividad por encima de la individualidad y cada elemento es importante y cumple con una función especial. 

El antiguo mediocampista del Liverpool Steven Gerrard lo resume en una frase que se lee en el libro Die Nationalmannschaft. One night in Rio, editado en Alemania luego del campeonato mundial de 2014: “Brasil tiene a Neymar; Argentina, a Messi; Portugal, a Ronaldo, y Alemania tiene un equipo”. 

Ascenso exitoso 

Pero el brillo y la fuerza con los que hoy llegan los alemanes a Rusia 2018 no los acompañaron siempre. No al menos al inicio de este milenio. En la reciente historia de la selección alemana hay dos puntos de inflexión que son el germen de lo que hoy es el poderoso conjunto que enfrentará México el próximo 17 de junio, en Moscú: 

Por un lado, la Eurocopa del año 2000 y, por el otro, la llegada de Jürgen Klinsmann, como técnico, y de Joachim Löw, como su asistente, en 2004. Fue en el torneo europeo realizado en Bélgica y los Países Bajos en el que la Mannschaft tocó fondo. Una desastrosa participación los dejó eliminados durante la primera ronda. Tras realizar un recuento de los daños, la Federación Alemana de Futbol (DFB, por sus siglas en alemán) y los representantes de la liga profesional alemana, Bundesliga, tomaron cartas en el asunto: la prioridad sería de ahora en adelante reinventar al otrora poderoso futbol alemán. Y lo hicieron. 

Invirtieron millones de euros para construir un cimiento profesional para su liga, pulir a los jugadores de primer nivel y, sobre todo, fomentar el desarrollo de nuevos talentos. 

Una de las primeras acciones fue la implementación obligatoria, para todos los equipos profesionales de la Bundesliga, de centros de formación de nuevos talentos. Urgía formar nuevas generaciones de futbolistas. 

Al mismo tiempo, también crearon un nuevo modelo de gestión que les permitiera crecer como una liga profesional atractiva, pero con finanzas sanas y estables. Así fue que nació la sociedad registrada Liga Alemana de Futbol (DFL, por sus siglas en alemán), que desde entonces se encarga de supervisar rigurosamente el funcionamiento de los 36 equipos profesionales, desde el punto de vista económico y de finanzas, deportivo y de vinculación con la afición. 

El trabajo de la DFL revolucionó de tal manera el balompié alemán que 18 años después lo ha convertido en una marca mundial de éxito y lo colocó desde hace unos años dentro de las tres ligas más importantes del planeta, junto con la inglesa Liga Premier y la española Primera División. 

En este contexto, es que en 2004 el alemán Jürgen Klinsmann se convirtió en director técnico de la selección nacional. El exjugador había sido también integrante de la Mannschaft y ganó con ella el Mundial 1990 y la Eurocopa en 1996. 

En dos años, Alemania tendría la sede de la Copa del Mundo 2006 y la misión de Klinsmann era clara: ganar el título. Para ello, invitó a trabajar con él a dos antiguos jugadores alemanes: Oliver Bierhoff, como gerente del equipo, y a Joachim Löw, como entrenador asistente. 

Klinsmann había estado los años previos en Estados Unidos y traía una visión innovadora del futbol que tendría que jugar su selección nacional. Joachim Löw fue la pareja perfecta para implementar y desarrollar ese proyecto. El trío Klinsmann-Bierhoff-Löw fue la punta de lanza de la revolución que entonces comenzó. 

Si bien Alemania no logró ser campeón mundial –se quedó con el nada despreciable tercer puesto– sí sorprendió al mundo y a su afición con otro tipo de juego: más dinámico, ligero, ofensivo y, sobre todo, bello. 

Ese Mundial fue para Alemania, como la prensa alemana lo tituló, un sommermärchen (cuento de hadas de verano). 

Tras la partida de Klinsmann de la dirección técnica de la Mannschaft en 2006, el sucesor natural fue Löw, quien no sólo continuó con el proyecto comenzado dos años antes, sino que lo amplió y perfeccionó hasta coronarlo en Brasil 2014 con la Copa del Mundo. 

La palabra clave que ha caracterizado este periodo de oro de la selección alemana es la constancia. Pues, pese a no haber alzado los títulos en un Mundial y dos copas europeas en los que estuvo ya como encargado principal del equipo, Löw mantuvo siempre la confianza de la DFB, que periodo tras periodo le ha prolongado su contrato. 

Hoy, con 12 años en el cargo, tiene el récord de ser el entrenador con más años frente a una misma selección. 

Profetas en su tierra 

Sin duda y por mucho, el futbol es el deporte favorito de los alemanes. Los datos oficiales indican que cuando menos 6 millones y medio de ellos son miembros de alguno de los 27 mil clubes que hay en el país. Eso representa 8% de la población. 

Así que la pasión y cariño por su selección nacional, Die Mannschaft, no es menor. Y los datos lo explican: Desde 1954 ha estado presente en la justa mundialista, en la que ha sido cuatro veces campeona, cuatro veces subcampeona y cuatro veces también tercer sitio del torneo. 

En Europa ha sido tres veces campeona y tres veces subcampeona, y es el representativo nacional que ha estado presente en el mayor número de ediciones de la Eurocopa, con 11. Todo ello la ubica dentro de los mejores equipos del mundo y como el más querido por los alemanes. A Rusia 2018 llega como una de las más profesionales. 

Según describe el periodista alemán Tobias Escher, en su libro El tiempo de los estrategas, la escuadra alemana –más allá de cumplir con un programa de entrenamiento de alto nivel– cuenta con una serie de herramientas que la hacen una de las más profesionales de mundo. 

Antes de Brasil 2014, por ejemplo, la DFB desarrolló una herramienta audiovisual en la que no sólo el cuerpo técnico, sino también los jugadores tuvieran acceso a videos para analizar detalladamente a los contrincantes. 

Durante el Mundial, la app fue instalada en las tablets de cada miembro del equipo, de tal manera que siempre, antes de un encuentro, pudieran conocer de cerca al enemigo y analizarlo a detalle aun en su tiempo libre. 

La selección alemana cuenta, además, con un equipo profesional de observadores de jugadores y escuadras contrincantes, quienes viajan permanentemente por el mundo para poder suministrar todo el tiempo de información a la plantilla. 

Así, siempre previo a un torneo, los jugadores no sólo son adiestrados en las virtudes y defectos del contrario, sino que también se les empapa de la cultura del país anfitrión. 

La profesionalización del equipo está presente en todos los ámbitos: cuentan con un cocinero que viaja con ellos para cuidar con esmero de su alimentación; cada entrenamiento es filmado y posteriormente analizado por el equipo entero, y en grandes torneos, como el Mundial, los jugadores disponen de tiempo libre suficiente para evitar explosiones emocionales generadas por la convivencia diaria y la poca libertad de movimiento que dicta una concentración. 

La oferta que les da la DFB puede ir desde la proyección de películas, cursos de golf e incluso salidas para conocer puntos turísticos de las ciudades en las que se encuentren. Y es que, los alemanes lo tienen claro: van por el título. Y contra ellos, la Selección Mexicana tendrá que medirse este domingo 17 de junio. Suerte.