“Promesa al amanecer”

La personalidad y la obra de Romain Gary produjeron una pócima alucinante en la historia de las letras francesas; lituano de nacimiento, de origen judío, tuvo por lengua maternal el ruso, aprendió polaco mientras creció, y realizó sus estudios básicos en Varsovia; una vez instalado en Niza comezó su carrera literaria en francés, y cuando ganó el Premio Goncourt por Las raíces del cielo en 1956, la crítica gala lo maltrató por su prosa bizarra y excesiva.

Acusado de mal escritor, volvió a ganar el Goncourt bajo el pseudónimo de Émile Ajar, con una novela aclamada por sus detractores, La vie devant soi (La vida ante sí). La mejor venganza literaria de un escritor.

Promesa al amanecer (La promesse de l’aube; Francia-Bélgica, 2017) es la adaptación de la novela autobiográfica del mismo nombre, que adapta y dirige Éric Barbier; reto insólito para un director de thillers, esta épica que entrelaza la vida personal de Gary (Pierre Niney), el amor descomunal de su madre, Nina (Charlotte Gainsbourg), el exilio después de la Revolución rusa, la Segunda Guerra Mundial en la que Gay (nacido Roman Kacew) participa como piloto, y aventuras en varios países, México entre ellos. 

Este es ya el segundo intento de llevar a la pantalla la trama escrita a manera de zig-zag, rebosante de narcisismo, heroísmo, y sobre todo la imagen de la madre más devoradora que pueda imaginarse en la literatura y el cine; en 1970, Jules Dassin dirigió la primera versión con Mélina Mercuri en el papel de Nina, menos sofisticada que la interpretación de Gainsbourg, pero más visceral, más cercana al retrato original. La propuesta de Barbie es académica, y el formato –reconstrucciones de época en cinco países– atenúa la mezcla de amor, odio, vergüenza y culpa en torno al amor fusión con su madre que trasmite el autor.

En mi opinión, es imposible desasociar el monumento a la fuerza volcánica, capaz de mover montañas, el espíritu de sacrificio de esta madre dispuesta a todo porque su hijo se convierta en el nuevo Victor Hugo, diplomático francés y héroe de Guerra; todo esto, de la denuncia implícita del amor abusivo, sobre todo cuando narra infancia y adolescencia; Romain Gary, quien alguna vez retó a balazos por una mujer (Jean Seberg) a Clint Eastwood, vaquero de vaqueros, se pitorreó cuanto pudo del psicoanálisis, y en su versión más ingenua negó cualquier forma de complejo edípico porque nunca deseó (conscientemente) a su madre. Se requiere aún de tiempo y distancia para explorar este laberinto en el cine.

Por lo pronto, vale la pena disfrutar la propuesta de Éric Barbier que introduce al controvertido y genial escritor para las nuevas generaciones, un amor apasionado (amour fou), en el filo de lo insano, entre madre e hijo, bellas secuencias de época, y las tretas formidables de Nina para lograr que su hijo se sobreponga a la adversidad, heridas de guerra, racismo y desamparo paterno.