“Villa Dolorosa…”, a partir de Chéjov

Una familia en decadencia, estancada en sus insatisfacciones, su aburrimiento y su incapacidad para abrir las perspectivas a futuro. Cuatro hermanos, anclados en un pasado que ya no está, sin facilidades económicas para sobrevivir ni anhelos que realizar, se reúnen cada cumpleaños para celebrar a la menor.

Viven en la villa que les dejaron sus padres después de haberse gastado la fortuna heredada. Olga, la mayor, y Andrei, son los únicos que trabajan y sostienen la casa; Magda vive con su esposo cerca de ahí e Irina estudia eternamente saltando de una carrera a otra. Un amigo de Andréi los acompaña en este festejo y está enamorado de Magda, sin poder concretar sus sentimientos mutuos. Janine se integra a la familia como la nueva esposa de Andréi con un hijo y luego otro de por medio.

Rebekka Kricheldorf (1974) es la joven dramaturga que se aventura, y con mucho éxito, a trasladar a la época contemporánea los personajes y la situación emocional en la que se encuentran Las tres hermanas, de Chéjov. No es una adaptación, sino una inspiración desde la esencia de los personajes, para ubicarlos dentro de una familia de ninis y pseudo-intelectuales de hoy que no saben qué hacer con su vida; frustrados y en conflicto permanente entre ellos por no encontrar la forma de satisfacer su vida.

La estructura que propone la autora es la repetición de tres cumpleaños, el mismo día, año con año, hasta que Irina cumple 30. Son tres actos donde se constatan cambios, algunos sucesos nuevos que marcan el paso del tiempo, pero donde todo termina siendo igual.

No hacemos más que reírnos de los límites a los que han llegado los personajes; de su ebriedad o su desesperación; sus manías y obsesiones. Es una comedia con la que Silvia Ortega Vettoretti juega asertiva y arriesgadamente. A partir de un naturalismo, la directora se mueve entre la farsa, el absurdo y hasta el ridículo. La comicidad y el drama se mezclan en una aparente simplicidad del personaje, con una complejidad psicológica que se va revelando chejovianamente.

Daniela Zavala/Paula Watson (Olga), Mahalat Sánchez (Masha), Sheila Flores (Janine), Renata Wimer (Irina), José Carriedo (Andréi) y Salvador Hurtado (Georg), consiguen con fortuna mezclar tonos y géneros en un ritmo siempre activo y sin estancamientos. La actuación de cada uno de ellos es fuerte desde su particularidad, y si nos reímos de Masha, también nos compadecemos por su incapacidad de seguir a su corazón; o de Andréi, que con tantas ideas y proyectos en su cabeza no tiene el ímpetu para lograrlos, y de Olga, quien nos sorprende en su borrachera, o de Janine en su desparpajo para imponerse dentro de esa familia.

Y así como el mundo de los personajes se reduce cada vez más y lo único que les queda es tenerse y aceptarse entre ellos, la obra también se desarrolla en un espacio reducido. La escenografía e iluminación de Carolina Jiménez resuelve y propone estéticamente, colocando pilas de libros, muebles disímbolos de la época y cortinas grises que permiten la entrada y la salida al escenario. La producción es de Perra Justa, Caja Negra, Alquimia Arte y Cultura y Teatro del Mundo.

Villa Dolorosa. Tres cumpleaños frustrados es una versión más a partir del rico universo chejoviano que se ha visto. Cada versión enriquece este universo, pero esta interpretación es una de las más originales y contemporáneas que hemos encontrado en la Ciudad de México. Acaba de terminar su primera temporada en la Teatrería, pero se estarán presentando en otros foros.