Argentina, cuando el solista y la orquesta no se entienden

La albiceleste está en las sombras. Su empate a un gol contra Islandia y el descalabro sufrido ante Croacia la tienen con un pie fuera de la Copa del Mundo. En la máxima competencia deportiva, sus jugadores históricos flaquean –la frustración tiene por símbolo a Messi– y los nuevos no hallan una base sólida a la cual aferrarse. En el primer encuentro contra los nórdicos falló la propuesta del astro del Barcelona y contra los balcánicos, la del entrenador. El martes 26, la escuadra sudamericana sellará su suerte ante Nigeria.  

BUENOS AIRES.– La selección argentina degusta el fracaso. Un equipo ordenado –Islandia– y otro competente –Croacia– la han dejado sin respuestas. El problema de la selección no son los adjetivos que se encuentren para alabar a sus rivales. Ante todo, es el equipo –o la falta de él– lo que hoy pone al subcampeón del mundo de cara a la eliminación en la primera ronda.  

La esperanza estaba puesta en Lionel Messi. La frustración lo tiene por símbolo. “El futbol –como decía Borges– es orden y aventura”. Es como una orquesta. Si aparece un solista tocando el violín, cuando termina ese solo, que es el permitido que le da la orquesta, tiene que volver al sonido de la orquesta. “Si se pasa todo el día haciendo solos no tenemos sonido”, decía César Luis Menotti al diario Clarín, el 4 de mayo. 

El problema de la selección no es el solista, es el sonido de la orquesta. No se puede achacar al rosarino el bajo nivel de juego del equipo. Con mayor o menor éxito, Messi siempre busca dar una proyección grupal a su protagonismo. Los factores de la debacle lo exceden. 

Argentina no celebra un título desde la Copa América de 1993. El hecho de contar con Messi, y con varios jugadores de peso, dio alas a la esperanza en la última década. Pero al mismo tiempo reforzó el nivel de exigencia de la prensa y el público. 

El equipo tuvo su oportunidad en el Mundial 2014 y en las ediciones 2015 y 2016 de la Copa América. Las tres veces quedó a las puertas del cielo. Desde entonces está en un pozo. Arrastra como un verdadero lastre el mandato de ganar y llenar los ojos. Por la conducción pasaron tres técnicos en cuatro años. Los jugadores históricos flaquean. Los nuevos no encuentran una estructura sólida a la que aferrarse. Para Messi, sin alivio, el juego se vuelve tarea. La presión realza las fallas individuales y colectivas, tal como se vio en los dos partidos de la albiceleste. 

Ente autómata

Argentina llegó a Rusia como un equipo en formación y varios puestos clave sin consolidar. “Sin duda contamos con enormes jugadores de futbol, pero la selección va como vacía de contenido futbolísitico, en relación a lo que quiere jugar, a una identidad y a una conformación de grupo, que es fundamental para jugar al futbol y que yo creo que no la tenemos”, decía a Proceso Mónica Santino, pionera entre las entrenadoras del futbol femenino en Argentina, días antes de comenzar la contienda.

Jorge Sampaoli asumió el desafío de encontrar el verdadero equipo durante la competencia. Con la selección quería jugar un 3-5-2, ya que los laterales con los que cuenta son correctos, pero no excepcionales. A partir de un asado que comió en la casa de Messi, en Cataluña, Sampaoli entendió que la estrella del Barcelona es tan obsesivo como él a la hora de analizar el juego. 

Fue Messi quien lo convenció de jugar con un esquema de 4-4-2, ya que de este modo él tendría más espacio de maniobra, tanto para recibir como para encontrar líneas de pase. En el debut, el experimento no rindió frutos. Contra Croacia se volvió al esquema que prefiere el técnico. A Messi casi no llegó la pelota. El resultado habla por sí mismo.

Futbol enfermo

El presente del equipo en Rusia es inseparable de la descomposición que vive el futbol argentino. La corrupción abarca los derechos de transmisión de los partidos, la transferencia de jugadores, la designación de árbitros, las penas del tribunal de disciplina. 

En el contexto del escándalo de sobornos conocido como FIFA-gate, en 2015 fueron detenidos cinco empresarios argentinos.  El propio Messi volvió a ser noticia antes del partido contra Croacia por una cuenta offshore revelada en los Panamá Papers. 

Hay más. En 2016, la elección llevada a cabo para elegir autoridades de la Asociación del Futbol Argentino (AFA), con 75 miembros de la mesa ejecutiva habilitados a votar, culminó con un empate ¡38 a 38! 

Debido a la violencia desatada por las barras bravas, en connivencia con dirigentes, políticos y policías, desde 2014 las porras de los visitantes ya no pueden acudir a los estadios. 

La asociación civil Salvemos al futbol contabiliza 323 víctimas mortales en el balompié argentino desde 1922 hasta la fecha. Los seleccionados juveniles, con varios logros mundiales, transitan por la mediocridad absoluta. Meses atrás se produjeron varias detenciones en medio de la trama de una causa por prostitución y abuso de jugadores de las divisiones inferiores de grandes clubes. 

“La organización del futbol argentino está completamente destruida, no hay un destino, no hay un futuro, no hay un plan, y en ese contexto la selección ha sido siempre una excepción, ha sido algo que funciona como un ente autómata”, dice a Proceso el periodista deportivo Andrés Eliceche. 

En Brasil 2014, el equipo pudo soltarse del barro y mostrar un compromiso serio. En este 2018, el empate ante Islandia y la goleada ante Croacia han devuelto a la selección argentina a la ciénaga. 

Exitismo

La selección llegó a Rusia como candidata en las sombras. Por el potencial que aún mantiene más que por lo que demostró en las eliminatorias. “Yo siempre divido entre participantes, protagonistas y candidatos”, dice César Luis Menotti en la entrevista mencionada. “Participantes son Panamá, Islandia, los que se conforman con el solo hecho de ir”, dice. “La categoría de los protagonistas es más decadente: no sé si Suecia o Dinamarca, como en una época. Croacia no se sabe, México tampoco. Y los candidatos son los de siempre, eso se sabe claramente”, sostiene. “Los que seguro son competitivos son los alemanes, España, Brasil, también Argentina”. A Argentina, el peso de ser candidata –incluso a pesar de sí misma– le ha jugado en contra. 

En los hechos, el equipo argentino se ha mostrado frontal y previsible. Con más voluntad que futbol. La modesta Islandia fue una barrera infranqueable. ­Contra Croacia no hubo forma de sobreponerse a la adversidad. Ahora es el momento de las cuentas desesperadas y las combinaciones de resultados que habiliten el milagro. El martes espera a Nigeria, que el viernes 22 derrotó 2-0 a Islandia, resultado que le da oxígeno puro a la albiceleste. 

Pocos avizoran una jornada que repare la ilusión perdida. Periodistas y aficionados se preguntan si no sería preferible acabar de una buena vez con el martirio. El problema de fondo, sin embargo, permanece. El exitismo autóctono desdeña cualquier puesto que no sea el primero y olvida que son siempre los procesos los que coronan lo que se logra. Ya sea un éxito o este presente.