Se congratula por el fin de las campañas

Señor director:

Las campañas políticas están por terminar y con ello, el martirio que significa escuchar el mundo de mentiras de los candidatos de todos los partidos y de todos los niveles. Durante este proceso hemos visto cómo la denostación, el insulto, la burla y el ninguneo a los ciudadanos han sido las herramientas preferidas de quienes quieren cambiar el país. Hemos escuchado hasta el cansancio frases llenas de hipocresía, llenas de odio.

Los talk shows (debates) organizados por el INE mostraron que en realidad el circo tendría que variar el espectáculo, pues se buscaron moderadores a modo, interrogantes a modo, evadiendo los problemas que verdaderamente se deben atender, como hacer valer la ley electoral y aplicarla a quien la viole. ¿No les dará pena a los consejeros electorales ser marionetas caras para el pueblo, que es quien verdaderamente paga y quien verdaderamente es ignorado, confirmando con ello que estos funcionarios están al servicio del mejor postor? El pueblo está cansado de toda esta simulación. 

¿Por qué si Ricardo Anaya está acusado, según la prensa, de lavado de dinero y de pedir moches en su gestión como legislador, no se actúa legalmente contra él? ¿Por qué si Meade es cómplice de pérdidas millonarias –Pemex, Hacienda, Sedesol, etc.– se le permite contender como candidato y no es inhabilitado?

Por otro lado, ¿quién audita a las autoridades municipales que se enriquecen inexplicablemente de la noche a la mañana? ¿Y quién a los diputados locales que bien saben hacer transas?

Mientras esto ocurre, Enrique Peña Nieto se atrevió a hacer oficial la privatización del agua, condenando al pueblo a morir de sed. De verdad, ¡qué políticos tenemos! Siendo un pueblo tan católico, diría yo que Dios nos ha abandonado. 

Atentamente,

Hugo Ocaña Hernández