Elecciones: un balance

En el sector cultural relacionado con las artes visuales, las campañas presidenciales 2018 no sólo sirvieron para que los candidatos de las coaliciones Juntos Haremos Historia –Andrés Manuel López Obrador–, Todos por México –José Antonio Meade– y Por México al Frente –Ricardo Anaya– se ofendieran, descalificaran y comunicaran sus propuestas. También permitieron ubicar algunas características, no muy positivas, del escenario artístico, tanto en su relación con los creadores como con el sector político.

En el contexto de los creadores fue evidente la ausencia de comunidades artísticas sólidas y de presencia permanente –o protagonistas individuales–, que se involucraran con la coyuntura política convocando a la sociedad. La propuesta de realizar carteles para promover el voto por López Obrador que, bajo el título de “Vota por el amor”, impulsaron el promotor y artista Guillermo Santamarina en conjunto con el escultor conceptual Pedro Reyes a finales de mayo, si bien conjuntó algunas imágenes en su plataforma digital –muchas sin ningún valor plástico–, no logró resonancia ni en la sociedad ni en el entorno artístico.

Considerando que el Sistema Nacional de Creadores subvenciona actualmente con becas mensuales a por lo menos 200 artistas visuales con 15 salarios mínimos diarios y a 12 Creadores Eméritos con 20, es evidente que el programa asistencialista que diseñó el expresidente priista Carlos Salinas de Gortari en 1989, bajo la operación del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), ha sido un éxito clientelar que anestesia el pensamiento y enmudece las voces.

Si la apuesta social y política es por la igualdad en democracia, ¿qué diferencia a los productores visuales de otros profesionales cuyas actividades no son subvencionadas?

Al margen del candidato que haya salido victorioso –y que al entregar esta nota todavía se desconoce–, ¿se atreverá su equipo a reformar el sistema de subvenciones de los programas mencionados? ¿Aceptarán los artistas transparentar sus ingresos para financiar un sistema de pensiones, o también se eximirán de los pagos que hacen otro tipo de trabajadores al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) o al Instituto
de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE)?

Si se diseñan programas efectivos de construcción de valor y promoción para el mercado artístico, el sistema de becas podría reformarse: ¿De qué le sirve a los artistas y a la sociedad acumular obras que no tienen posibilidad de ser consumidas, ya sea admirándolas o comprándolas?

Otro rubro que debe atenderse es la operación de un sistema riguroso de rendición de cuentas que incluya no sólo objetivos y metas, sino principalmente las sanciones adecuadas. En el escenario de las artes visuales, la opacidad no sólo se encuentra en el mercado, sino también en la operación museística, en el otorgamiento de las becas mencionadas, en la selección de creadores para eventos internacionales, como la Bienal de Venecia. ¿A qué instancia le corresponde evaluar la pésima gestión de la actual secretaría de Cultura, María Cristina García Cepeda, incluyendo a su equipo dedicado a la administración de las artes visuales?

La gestión presidencial del priista Enrique Peña Nieto no ha terminado, así como tampoco el desempeño de los funcionarios culturales vinculados a su administración.