“El Nigromante”, cúspide del liberalismo

Ignacio Ramírez perteneció a la generación de los liberales más puros, luchó contra el ejército invasor de Estados Unidos, y participó activamente en la elaboración de las leyes de Reforma. Hoy, a 200 años de su nacimiento se evocó en varios homenajes y se anunció la recuperación de su obra compilada en nueve tomos por el investigador Boris Rosen. Por lo pronto, el pasado 18 de junio se le recordó en el centro cultural del INBA que lleva su nombre en San Miguel de Allende, Guanajuato, y el día 27 se presentó la edición conmemorativa Biografía de Ignacio Ramírez El Nigromante, de Ignacio Manuel Altamirano. A continuación, la historiadora Patricia Galeana evalúa en entrevista al intelectual incorruptible.

Considerado como el liberal por excelencia, el más brillante de los intelectuales y políticos de su generación, Ignacio Ramírez, El Nigromante, es descrito como un “hombre de pensamiento y acción, el incorruptible e intransigente ideólogo y la voz más progresiva y radical de la Reforma” por el fallecido investigador Boris Rosen, quien compiló su obra.

Y así es recordado en el marco de las conmemoraciones que, con motivo del 200 aniversario de su nacimiento –el 22 de junio de 1818, en San Miguel el Grande, hoy San Miguel de Allende, Guanajuato–, han organizado diversas instancias. Entre ellas el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), dirigido por la historiadora Patricia Galeana, especialista en el estudio del siglo XIX.

Doctora en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México, dice vía telefónica que el instituto está dedicado a difundir su vida y obra. El pasado 20 de junio organizó el Foro “Ignacio Ramírez, El Nigromante” con la participación de los investigadores Liliana Weinberg, David Maciel, Vicente Quirarte y la propia Galeana.

Adelanta que el INEHRM reeditará la biografía de El Nigromante, escrita por David Maciel, investigador de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA, por sus siglas en inglés), quien junto con Rosen investigó y compiló los nueve tomos de su obra.

“Vamos a reeditar la biografía escrita por David Maciel y a publicar una nueva obra donde estarán los textos de Vicente Quirarte y Liliana Weinberg (investigadores de la UNAM), acompañados de las intervenciones de Ignacio Ramírez en el Constituyente de 1857, porque esta obra de Boris Rosen y David Maciel ya sólo se puede consultar en las bibliotecas, no se ha hecho una nueva edición. Por lo pronto vamos a poner al alcance de la ciudadanía sus magníficos escritos para el Constituyente, esas participaciones y sus ideas lo hacen sin duda el mejor representante del liberalismo social mexicano”

En el sitio web del instituto (https://www.inehrm.gob.mx) pueden consultarse y descargarse de manera gratuita diversos materiales acerca de Ramírez, quien a decir de Galeana es “uno de los intelectuales más destacados de la generación más brillante de la historia de México, o sea la generación de la Reforma, que se creció en la adversidad”.

Explica:

“Es la generación a la cual le tocó la invasión estadunidense y la pérdida de la mitad de territorio. Ignacio Ramírez participó en esta guerra, en la batalla de Padierna, y fue coautor de esta obra que debemos leer todos los mexicanos, Apuntes para la historia de la guerra entre México y los Estados Unidos (1948). Le tocó la ocupación de más de cuatro años del ejército francés y Ramírez también participó no solamente con la pluma sino yendo a Mazatlán a defender al puerto del ataque del barco La Cordelière (1864).”

No escatima elogios; además de lo dicho, lo considera un magnífico orador, prosista, ensayista y poeta, además de científico. Estudio botánica, física, geología, meteorología, química y fue un gran educador, un personaje “realmente brillante”. Y considera que hay tres aspectos fundamentales en la vida de El Nigromante que lo hacen sobresalir de la generación de liberales puros, “como ellos se hacían llamar”:

La libertad de pensamiento. Era realmente el único ateo y desde su juventud, cuando ingresa a la Academia de Letrán a los 19 años, pronuncia el célebre discurso que comienza con la frase: “No hay Dios; los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos”.

Pensamiento revolucionario

Los otros dos aspectos destacados por la historiadora son la defensa de los indios y la defensa de las mujeres, que hacen sus ideas de “una vanguardia impresionante”. Es reconocido su texto “A los indios”, publicado en su periódico Themis y Deucalión, en el cual les hace un llamado a las armas, pues “consideraba que no había otra forma para salir de la marginación”.

Relata Galeana que por ese artículo fue encarcelado. De hecho, estuvo en la cárcel en más de seis ocasiones, por diversos motivos, todos políticos, e incluso Antonio López de Santa Anna lo tuvo encadenado, pero por su inteligencia y estudios de derecho él mismo se defendió y salía libre.

En cuanto a la defensa de las mujeres, El Nigromante consideraba que había tres etapas en la vida de ellas. Describe la historiadora: Todas nacían esclavas, en la segunda eran liberadas por sus esposos, y la tercera era donde se liberaban a sí mismas.

“En el 57 dice que es inconcebible que la Constitución no contemple los derechos de los indios y de las mujeres. También de los hijos de las mujeres y de aquellos que se consideraban hijos naturales. Le parecía vergonzoso que para los ricos las mujeres fueran un objeto de ornato y para los pobres el primero de los animales domésticos, ¡imagínese usted lo revolucionario de sus planteamientos!”.

Cooperó con diferentes gobiernos liberales, y cuando se sintió desencantado –“porque como buen intelectual no se sometía al poder”– renunciaba. Así sucedió con Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada, de quienes se distanció por sus pretensiones de reelegirse, y de Porfirio Díaz.

Colaboró también con el gobernador del Estado de México, en donde estableció becas para jóvenes indígenas, con el fin de que pudieran estudiar en el Instituto Literario de Toluca. Uno de los beneficiarios fue su discípulo Ignacio Manuel Altamirano.

Galeana distingue también a El Nigromante porque, como los liberales europeos, no sólo defendió las libertades individuales sino los derechos sociales, de ahí su defensa de los indígenas y de las mujeres.

–Además de la obra compilada por Boris Rosen hay otros estudios y publicaciones, como los libros de su descendiente Emilio Arellano, los estudios de Weinberg… ¿su estudio es inagotable?

–Todo estudio puede agotarse, le lleva a uno la vida entera y él era un verdadero sabio, un erudito, dominaba el latín, el francés, que era la lengua de la intelectualidad, sino también el náhuatl y el sánscrito. Si lee sus discursos encontrará que lo mismo cita a los grandes liberales franceses como Voltaire y Rousseau, que a los españoles. Su discípulo Altamirano escribió que se devoraba las bibliotecas.

Agrega:

“Cada generación reescribe su historia porque tiene nuevas preguntas que hacerle al pasado para entender el presente, si no los historiadores nos quedaríamos sin trabajo. En este momento creo que la defensa del gran legado de los hombres de la Reforma liberal, entre quienes tiene un papel muy destacado Ignacio Ramírez, es la defensa de la libertad de pensamiento, de creer o no en una religión y del Estado laico.”

–Boris Rosen lo consideró un ideólogo intransigente, la voz más importante de la Reforma. ¿Estaría por encima del resto de los liberales, de Juárez, que fue presidente?

–Sin duda era el más radical. Diría que tuvo una formación más universal… lee a todos los autores más importantes del mundo occidental y además se dedica a defender con la pluma. Fundó un sinnúmero de periódicos, el primero con Manuel Payno y Guillermo Prieto, Don Simplicio (donde usó por primera vez el pseudónimo de El Nigromante), era el arma que tenían los intelectuales para difundir sus ideas y tratar de que la realidad fuera adecuada a los ideales que defendía; Themis y Deucalión, y fundan La chinaca para oponerse a la invasión francesa.

Estudiosa de Melchor Ocampo, dice que también fue brillante si bien habrá quien considere a otros liberales decimonónicos como más importantes:

“Sin embargo, dentro de esta generación, Ignacio Ramírez sí tiene singularidades que deben reconocerse, son únicas, no solamente su gran cultura: ¡atreverse a decir no hay Dios cuando tenía 19 años! Y lo reiteró antes de morir”.

Cita el fragmento de uno de sus  poemas:

Madre naturaleza…

Nací sin esperanza ni temores;

Vuelvo a ti sin temores ni esperanza.