Clarividencia sobre el territorio perdido

Al hablar del bicentenario del natalicio de Ignacio Ramírez El Nigromante, la historiadora Patricia Galeana recordó, la semana pasada en este semanario, que el intelectual decimonónico perteneció a aquella gran generación de liberales del siglo XIX a la cual tocó enfrentar la invasión estadunidense y la pérdida de más de la mitad del territorio, como resultado de esa guerra, en 1848.

De ello dejó testimonio Ramírez en el libro Apuntes para la historia de la guerra entre México y los Estados Unidos (1848), junto con otros autores como Manuel Payno, Guillermo Prieto, Napoleón Saborio, Ramón Alcaraz y Félix María Escalante.

México tuvo que aceptar ceder más de la mitad de su territorio, que exigió Estados Unidos para poner fin a la injusta guerra, mediante el Tratado de Guadalupe-Hidalgo firmado por Luis Gonzaga Cuevas, Bernardo Couto y Miguel de Atristain, por parte de México, y Nicholas P. Trist, representante del país del norte.

En el libro Ignacio Ramírez El Nigromante. Memorias prohibidas, editado por Planeta, en 2009 (Proceso 1710), en el cual el abogado Emilio Arellano da a conocer los archivos de su bisabuelo Ramírez, se cuenta que luego de la pérdida territorial, le preguntaron al llamado Voltaire mexicano su opinión sobre el tratado. Y respondió:

“El despojo de la Alta California, Texas y otros territorios mexicanos es consecuencia de un problema de demografía pura. El gobierno mexicano consideró ingenuamente que al permitir el ingreso de inmigrantes yanquis, de hordas del país vecino, resolvería la falta de atención y desarrollo de esos territorios, sin saber que a ese lugar tan árido no llegaría lo más sobresaliente de una nueva generación de ilustrados y prominentes empresarios.

“Tan sólo llegó a ocupar esa inmensa extensión territorial un grupo de mendigos y delincuentes sin la mínima gratitud, a quienes les proporcionó un futuro próspero y diferente por decreto. Llegó tal cantidad de aventureros sin oficio, que luego resultaron mayoría sobre los leales mexicanos.”

Ramírez lamentó que México fuera malo para las guerras y asonadas y “mucho más para los reclamos internacionales”, pero con extraordinaria visión de futuro dijo:

“…en un par de siglos México recuperará esos territorios y también lo logrará por un problema demográfico, esta vez a la inversa. Serán tantos los mexicanos en la Alta California, Texas y territorios anexados, que sin violencia ni guerra, pero sí legalmente y mediante un movimiento público lograrán su reincorporación tácita.

“Serán tantos los nuestros que difícilmente podrán confinarlos a todos. Se capitulará por medio de la justicia divina. Dos siglos en la vida de la nación es un instante. Mexicanos, paciencia, paciencia y a procrear.”