Teherán-Washington La guerra de los hidrocarburos

Según el gobierno de Donald Trump, Irán ya está vencido, sólo que no lo sabe. Para que se dé cuenta le hace falta llegar al 4 de noviembre, cuando sus ventas de petróleo llegarán a cero, eliminando su principal fuente de ingresos y precipitándolo en una crisis económica devastadora que podrá provocar la caída del régimen, a menos que se rinda ante las exigencias de la Casa Blanca.

La realidad es bastante diferente, sin embargo. De entrada, es improbable que se cumpla la exigencia estadunidense de que todos los países dejen de importar crudo iraní. China, el mayor cliente de los persas, enfrenta su propia ofensiva trumpiana y ya está viendo la oportunidad de devolver el golpe, sustituyendo sus compras de hidrocarburos de Estados Unidos por las de origen iraní. Otras naciones y la Unión Europea también analizan la forma de evadir el golpe.

Además, el impacto difícilmente quedará limitado a Irán: lo más probable es que se extenderá por el planeta, llegando incluso a golpear a los votantes de Trump, que lo sentirán en el costo de la gasolina. Aunque Washington ha tratado de convencer a los mercados de que existe suficiente combustible para reemplazar lo que deje de exportar Irán, analistas del ámbito financiero cuestionan tales aseveraciones y pronostican alzas en los precios por barril que pueden llegar a ser desmesuradas.

Las consecuencias no se quedarán en el ámbito de la oferta y la demanda, en todo caso.

Una amenaza latente es la de la guerra: Irán tiene capacidad de bloquear el estrecho de Ormuz, que lo separa de la Península Arábiga, es la boca del Golfo Pérsico y el punto inevitable de paso de 20% del petróleo mundial. La marina estadunidense asegura que tomará represalias si sus enemigos llevan a la realidad sus insinuaciones de interrumpir el tráfico marítimo. 

Y una consecuencia cercana es la inestabilidad nuclear. Aunque el objetivo declarado de Trump es evitar una escalada armamentista, su víctima inmediata apunta a ser precisamente el pacto que impide que se produzca, el que suspende el programa atómico iraní. La Casa Blanca argumenta que no está satisfecha con él, aunque todas las demás partes señalan que Irán lo está cumpliendo. Y los esfuerzos por sostener el acuerdo parecen estar haciendo agua en un entorno que se complica cada día más.

P5+1-1

Los representantes del grupo P5+1 (los cinco países con membresía permanente en el Consejo de Seguridad –Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Gran Bretaña– más Alemania) y los de Irán alcanzaron un acuerdo largamente discutido, superando un torpedeo duro y sostenido proveniente de una coalición inusual: coincidieron en ello desde los republicanos de Estados Unidos y el gobierno israelí hasta los conservadores iraníes, pasando por los monarcas sauditas y emiratíes.

Pese a todo, los signantes establecieron el Pacto Nuclear con el que Irán se comprometió a suspender su programa nuclear (del que nunca aceptó que tuviera carácter bélico, pese a las acusaciones de Washington y Tel Aviv) y aceptar inspecciones internacionales, a cambio del levantamiento de las sanciones comerciales impuestas por la ONU.

Era el 15 de julio de 2015, en Viena.

El pasado viernes 6, tres años después y en el mismo recinto, pero ahora con la ausencia de Estados Unidos, los demás firmantes se reunieron para tratar de salvar el convenio, a pesar de que Trump lo rompió unilateralmente. 

La oferta del ahora P4+1 es asegurarle a Irán que, pese a la ruda batería de sanciones en su contra que ya está imple­mentando Trump, el país podrá seguir exportando petróleo. 

No es nada fácil por el dominio que el sistema financiero estadunidense ejerce sobre el mundo: cualquier importador de petróleo, refinador, transportador, afianzador, intermediario, etcétera, que haga negocios con productos provenientes de Irán, será expulsado de ese sistema en cuanto detecten sus operaciones. 

Una alternativa que se ha barajado es que los pagos por la compra de hidrocarburos sean realizados por medio de instituciones financieras a nivel gubernamental: desde el Banco Central Europeo al de Irán. Así se podrían sortear las transacciones privadas y la amenaza de castigos para las empresas.

Esto no convence a algunos países. Además, la Unión Europea es sólo el tercer comprador de energéticos iraníes, con 22% en 2018: no puede garantizar lo demás. Lo peor, es que varias petroleras europeas no han esperado a ver si la Unión es capaz en verdad de protegerlas y ya están suspendiendo sus relaciones con Irán. 

“Lo que escucho de las compañías de petróleo y gas es que nadie se va a arriesgar a que lo excluyan del mercado financiero de Estados Unidos. Así es que creo que hay mucha distancia entre lo que dicen los gobiernos extranjeros y lo que dicen las compañías”, declaró Brenda Shaffer, de la Escuela del Servicio Exterior de la Universidad de Georgetown, al portal especializado priceoil.com

El factor chino 

Trump tampoco lo tiene tan fácil. En este tablero hay dos grandes jugadores con un papel clave y muchos otros, pequeños y difíciles de controlar.

China, con 28%, e India, con 26%, representan más de la mitad de las ventas de crudo iraní. La postura del segundo país todavía es motivo de especulaciones: no se sabe si se sumará al boicot y, si lo hace, en qué medida lo cumplirá y en qué otra aprovechará la situación para seguir obteniendo parte de ese petróleo en condiciones más favorables.

Quien está claramente más allá de las órdenes de Trump es China, país contra el que el estadunidense ha lanzado una guerra comercial. 

El lunes 9, Dongming Petrochemical Group, un refinador chino, anunció que deja de comprar petróleo de Estados Unidos y pasa a adquirir el de Irán. Aunque se trata de una compañía independiente, este movimiento sería parte, según la agencia iraní IRNA, de una maniobra mucho más amplia, ordenada desde Beijing, que no reconoce el boicot exigido por Washington. 

China ha respondido a los aranceles estadunidenses, por valor de 34 mil millones de dólares, con impuestos de represalia por la misma cantidad. Trump devolvió el golpe con creces, el miércoles 11 ordenó imponer 200 mil millones de dólares en nuevas tarifas. 

Ahora Beijing se prepara para imponer impuestos de 25% a los 400 mil barriles de crudo al día que le compra a Estados Unidos. Para no encarecer el combustible para los chinos, sus importadoras recurrirán a traerlo de Medio Oriente y África Occidental, lo que para Irán significará aumentar sus ventas a China. 

Esto significa que más que un estrangulamiento de Irán y de otros rivales, lo que están provocando las medidas de Trump es un reordenamiento del comercio mundial, que se vuelve a dividir entre Occidente y los demás, al estilo de la Guerra Fría… con costos para todos, como suele provocar el presidente estadunidense. 

Los analistas están alarmados por el impacto que esto tendrá en los mercados. 

“El previo episodio de sanciones (que impuso y retiró el gobierno de Barack Obama) sólo fue posible porque la producción estadunidense de petróleo de esquisto estaba creciendo rápidamente y porque la producción libia regresó al mercado, lo que sustituyó parte de los barriles iraníes faltantes”, aseguró Bank of America Merril Lynch.

“Además, otros miembros de la OPEP mantenían alguna capacidad extra y la demanda mundial de petróleo era débil. En contraste, ahora proyectamos que los equilibrios de oferta y demanda globales de petróleo permanezcan en déficit estructural durante los siguientes seis trimestres.”

Como el gobierno de Obama estaba pendiente de la repercusión de las sanciones en su mercado interno, solía conceder exenciones a los compradores de petróleo iraní. Como referencia informal, bastaba con que un país recortara sus adquisiciones 20% para que se considerara que estaba contribuyendo. 

En contraste, hoy Trump pretende aplicar una política de “tolerancia cero” que, si alcanzara el efecto deseado, le provocaría problemas: Bank of America Merril Lynch indica que el éxito de esta política se expresaría en precios de 120 dólares por barril (actualmente está en 73) o superiores.

“O la Casa Blanca lleva las exportaciones iraníes a cero o mantiene precios moderados de la gasolina en Estados Unidos”, escribió John Kemp, analista de mercado de Reuters, “pero no puede tener ambos”.