Fin a la guerra sucia contra Laureano Brizuela

Durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, El Ángel del rock fue encarcelado por defraudar a Hacienda. Pero probó su inocencia y en 2006, Brizuela emprendió una larga batalla ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), misma que en otoño podría sentenciar al Estado mexicano por violar sus garantías. De vuelta en México, el ídolo argentino declara: “No hay olvido ni perdón para los que ultrajaron tus derechos naturales de existencia, hasta que se reivindique tu dignidad”. 

El cantante, compositor y músico popular Laureano Brizuela, quien se encuentra en México como parte de su Tour Volveré, continúa en busca de la justicia “tras el daño” que le hizo el Estado mexicano hace 28 años y siete meses.

Esa petición la llevó el 2 de agosto del 2006 a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), órgano principal y autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), con sede en Washington, Estados Unidos, y a decir del artista dicha instancia llegará “a la sentencia final en los últimos días de septiembre y principios de octubre próximos”. 

El ángel del rock, como tambien es conocido, precisa en entrevista que la CIDH abordará su caso por la violación de siete de sus derechos “y quizá unos dos más que han aparecido en el escenario jurídico internacional en estos últimos años, y que han sido adheridos a todas las organizaciones del mundo”.

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público lo acusó por el delito de defraudación fiscal y la Procuraduría General de la República lo detuvo en el interior de un avión que aterrizaba en la Ciudad de México, procedente de Miami, el 15 de diciembre de 1989, siendo encarcelado al día siguiente en el Reclusorio Norte del entonces D. F. durante cuatro meses (Proceso, 680).

Enfrentó un juicio penal durante 6 años (“combatí para no ser mancillado con una acusación falsa”), hasta que se le declaró inocente y absuelto (Proceso, 1010). Después, el creador de las melodías “Solo”, “El ángel del rock”, “Volver a empezar”, “Amándote” y “Sueños compartidos”, demandó a la Secretaría de Hacienda y durante nueve años reclamó la devolución de los impuestos que pagó a inicios de los noventa (“lo que el gobierno me cobró anticipadamente”); pero no pasó nada.

 Por ello, Brizuela acudió a la CIDH, la cual ha decidido que existen causales reales de violación a sus garantías y ha lugar de la demanda al Estado mexicano. Cuatro años duró el litigio y a finales del 2014, informa el rockero, “el gobierno mexicano queda responsable de siete violaciones fundamentales a los derechos y garantías del artista”, de acuerdo al llamado Pacto de San José de Costa Rica. El también actor resalta tajante su propio triunfo: 

“¡Laureano le ganó al Estado mexicano! Queda expuesto este sistema jurídico en México, tan manoseado. Es esta organización de la OEA que condena los abusos de Estado cometidos por los funcionarios.”

Andar y andar los caminos

Laureano Brizuela eligió regresar a México “porque aquí he conocido gente maravillosa que me brindó todas las posibilidades de poder continuar con mi carrera, cuando llegué hacia 1985 desde Puerto Rico, ya que salí de mi natal Argentina porque la conducían los militares”. 

Añade con arrebato:

“¡El pueblo de México es otra cosa! He recibido del público abrazos, aplausos y agradecimiento. Este cáncer de los abusos de Estado lo han padecido muchos países de Latinoamérica y ya es hora de que nos empecemos a limpiar de ellos.”

Al hablar de “borrar el pasado”, tópico plasmado indirectamente en su melodía “Volveré”, señala:

“No hay olvido ni perdón para los que ultrajaron tus derechos naturales de existencia, hasta que se reivindique tu dignidad. Eso te acompaña todo el tiempo hasta que aterriza aquella utopía que denominamos justicia, que no tiene nada que ver con la ley.

“La ley se manipula, el sentido de la justicia no se manipula nunca. Entonces, uno pelea a veces por el sentido de la justicia más allá de que te toque pelearla en campos de batalla, en donde la ley está ensuciada, monoseada y aplicada a intereses que no tiene nada que ver con la sublime idea de la justicia.”

–Usted llega a México cuando es electo un candidato de izquierda para presidente del país, Andres Manuel López Obrador, ¿qué opina?

–Me parece maravilloso entrar en el pasillo del cambio de esta nación y disfrutarlo, porque precisamente lo que se va camino al cementerio histórico, ideológico, político y jurídico, no ha sido bueno. Yo soy una víctima de todo eso que está yendo al cementerio; entonces, de alguna manera lo festejo.

De joven, aparte de sus estudios musicales, había ingresado a la carrera de leyes, que suspendió  al tercer año; pero Brizuela comenta que volvió a estudiar derecho “para poder defenderme, porque no había abogados que entendieran cómo se llegaba a la CIDH”.

En el informe de admisibilidad de la CIDH de su caso (con fecha del 25 de julio del 2014 y número 64/14. Petición 806-06), Brizuela denuncia que el Estado mexicano es responsable por la violación de los derechos consagrados en los artículos: 

5 (integridad personal), 7 (libertad personal), 8 (garantías judiciales), 9 (principio de legalidad), 10 (derecho de indemnización por condena errada), 11 (protección de la honra y dignidad), 14 (derecho de rectificación y respuesta), 21 (derecho de propiedad) y 25 (protección judicial) de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. La Comisión declara admisibles los artículos 5, 7, 8, 9, 11, 21 y 25.

En otro punto de este documento, el intérprete manifiesta que “al momento de los hechos, particularmnte durante la administración de Carlos Salinas de Gortari, el Estado mexicano ejercía una especie de ‘terrorismo fiscal’ desde la Secretaría de Hacienda y la Procuraduría General de la República, movilizando actos y procedimientos en total transgresión de la ley con el supuesto fin de perseguir y presionar a determinados contribuyentes”.

Se lee: “En consecuencia, vio truncada su carrera profesional de manera irreparable, justo en su época más productiva, además de sufrir serias pérdidas patrimoniales y la desintegración de su núcleo familiar”. 

–En ese 2014, ¿cómo fue el litigio?

–Se le da al gobierno mexicano y a mí de entrar en una instancia de arreglo amistoso. Responde a ese informe de la Comisión en el año 2014 y otro que acaba de emitir a principios de este 2018. No se llegó a ningún acuerdo porque en realidad me sentí ofendido en esas reuniones (con asesores y abogados del gobierno) porque no tuvieron voluntad juridica ni política. México siempre dilata la justicia, la estira hasta que de pronto no da más y, bueno, justo coincide con el cambio del gobierno y se lo asignan al que viene.

“Tampoco vi una reacción de altura de quienes defienden al Estado, que es el Departamento Jurídico y de Derechos Humanos de Cancillería. Con quien yo a estos niveles litigo, no me tengo que poner a discutir con nadie de la Secretaria de Hacienda y Crédito Público, ni con la Procuraduría General de la República que son los imputados, no. 

“Al recibir este organismo mi asunto es porque aceptan las implicaciones que hago de abuso de poder, y ahí empieza el litigio entre las partes. La CIDH actúa como mediador y ve cómo se van presentando las situaciones entre las partes, hasta que me levanté un día y dije: ‘Yo no tengo nada más que decir, ya lo expuse todo’.”

Enfatiza:

“La Comisión tiene la obligación de cerrar el caso. Poner a todos los expertos a estudiar conclusiones y emitir una sentencia de inadmisibilidad o admisibilidad. Esto es una manera de dialéctica para no decir que el gobierno es culpable o el gobierno es inocente, porque acusar al gobierno es como acusar a un ente abstracto. Los que violan los derechos son los funcionarios. Presenté la moción de cierre de la instancia amistosa y apertura de la instancia del fondo que está a punto de celebrarse ya en los próximos dos o tres meses”. 

En todos estos años nunca ha dejado de escribir canciones ni producir música: “Ahora lo que quiero es cantar y volver a mis shows. Voy a dejar todo en manos de la CIDH”.

En el 2006 Brizuela publicó el libro Infamia del poder en México: su terrorismo fiscal, sus tácticas, y sus inquisidores, editado por Grijalbo y Random House (Proceso, 1552), y adelanta que que ya tiene prácticamente cerrado el segundo volumen. 

“Saldrá una vez que ya tenga la resolución final de la Comisión para contar los 12 años que faltan”, agrega.

El pasado 14 de este mes se presentó en el Teatro del Parque Interlomas; el 30 de agosto próximo participará en el Auditorio Nacional para el concierto Grandes de los 80s con otros artistas y el 31 de ese mismo mes, en la Arena Monterrey.