El milagro llamado Croacia

Croacia no acababa de proclamar su independencia cuando ya existía su selección de futbol. Si algo tiene este deporte es la capacidad de darle identidad a los pueblos, sobre todo a aquellos que nacen de entre las cenizas en las que los chicos un día corren detrás de un balón y al otro tienen que pegar la carrera para refugiarse del fuego de los morteros. 

La Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) admitió al naciente país como miembro afiliado; 26 años más tarde, Croacia está a 90 minutos de conquistar su primera Copa del Mundo. El rival que enfrentará, Francia, le trae buenos y malos recuerdos. En su primera cita mundialista, en 1998, los croatas finalizaron en la tercera posición. 

Los galos, con dos goles de Lilian Thuram, eliminaron en semifinales a Davor Šuker, Zvonimir Boban, Robert Prosinečki, Robert Jarni y Mario Stanić, quienes en el duelo de consolación vencieron a Holanda. Šuker, con seis goles, fue Bota de Oro y el naciente ídolo de la generación de muchachos que, en ese entonces, estaban anonadados frente al televisor. 

Entre esos jóvenes se cuentan los mediocampistas Luka Modrić, Ivan Rakitić e Ivan Perišić; el portero Danijel Subašić y el delantero Mario Mandžukić. A diferencia de hace algunos años, cuando muchos jugadores habían nacido fuera de Croacia por los conflictos bélicos, la actual selección, que el bosnio Zlatko Dalic dirige desde hace siete meses, sólo cuenta con dos elementos de doble nacionalidad: Rakitić, hijo de madre bosnia y padre croata, nació en Möhlin, una comunidad de 10 mil habitantes en el norte de Suiza, donde se habla alemán, y Mateo Kovacic, en Linz, Austria. 

Croacia disputó la eliminatoria mundialista con una plantilla de jugadores que en su totalidad pertenecen a un equipo extranjero. Por nada y se quedan fuera de Rusia 2018. El extécnico Ante Čačić dirigió al equipo hasta octubre del año pasado. Cuando estaban en la lona, la Federación Croata de Futbol –que Davor Šuker preside desde 2005– no dudó en cesarlo después de una retahíla de malos resultados y puso la escuadra en manos de Dalic. 

Sin contrato de por medio, el entrenador guió a sus muchachos a un triunfo sobre Ucrania, que le aseguró el segundo lugar de su grupo y un boleto al repechaje de la Unión de Federaciones Europeas de Fútbol (UEFA). Un mes después, en partido de ida y vuelta, Croacia se impuso 4-1 a Grecia. Con el pase amarrado se le contrató hasta 2020 a cambio de 550 mil euros anuales, uno de los salarios más bajos entre los entrenadores mundialistas. 

Eliminatoria sufrida

Los croatas ven de una manera particular el futbol. Es tema de interés nacional. Es el deporte más popular entre los cuatro millones de habitantes. Unos 100 mil jugadores están afiliados a su federación. Antes de que la Guerra de los Balcanes permitiera ordenar administrativamente a Croacia, la liga croata de futbol, conocida como Prva HNL, ya operaba en vías de ser un miembro de la UEFA. El Dinamo Zagreb, con 19 títulos, es el club más representativo. 

Con una sufrida eliminatoria, estos balcánicos llegaron con pocas oportunidades; cuatro años atrás, cayeron en la fase de grupos tras perder contra México. Ubicada en la posición 20 de la FIFA y con Argentina como compañero de grupo, Croacia no estaba para sumar 9 puntos y calificar a octavos de final como primero. Mucho menos para clavarle un 3-0 histórico a los sudamericanos con todo y Lionel Messi. 

El equipo que más ha corrido en Rusia 2018 disputó el primero de tres partidos que se fueron al alargue contra Dinamarca: Subašić fue el héroe que atajó tres penaltis. En los cuartos de final, el cobro desde los 11 pasos de Rakitić los puso en las semifinales. Y ante Inglaterra, el padre del futbol, el gol de Mandžukić en los tiempos extras les compró un lugar en la historia. 

Croacia llegó al Mundial pensando en que las selecciones modestas han acortado distancias. Con el ánimo de que sería una competencia cerrada al inicio y al final, como siempre, los grandes debían imponerse. No se vieron menos en ningún momento. Orgullosos de sí mismos transitaron por el aparente camino fácil de una llave lejos de España, Francia, Brasil y Bélgica. Por poco y se quedan fuera. 

En una época en la que el futbol se impone y las ganas salen sobrando,  Croacia nunca paró de correr. Dalic, con el rosario empuñado en su bolsillo derecho, pidiendo la ayuda divina. En el campo, el capitán Modric, con el equipo a lomos. El ejemplo del líder moral que hace mejor a sus compañeros. 

Pese a su 1.72 de estatura, se planta como un gigante en el campo. “Es nuestro líder y lo que necesitamos. Nosotros tuvimos a Boban en el 98 y ahora a Luka. A veces, necesitas gente como él para llegar lejos”, dijo Šuker tras el triunfo ante Rusia. 

Robert Prosinečki, el otrora héroe de Luka Modric, considera al actual mediocampista de la selección como “el mejor futbolista de la historia de Croacia” por su juego. Ese que siempre contagia de ganas a sus compañeros, el de los sprints interminables, a quien el dolor y el cansancio no pueden fundir. Croacia ya es grande porque es el país más pequeño en alcanzar una final mundialista. Modric está en proporción. 

Un abrazo para todos

Dalic reza que reza. No pierde su fe. Se ocupa de regalar Biblias a sus jugadores. Sime Vrsaljko con un cabezazo en la línea de gol regala vida a los suyos en dramático remate de John Stones que los ingleses ya festejaban. Entonces, Mandzukic, Súper Mario, apareció con su gol 32 en selección nacional. Un hijo de la liga croata, el goleador del Dinamo Zagreb, de manufactura balcánica, firmó el gol más tardío que ha marcado Croacia en un Mundial. 

Sin importar dónde vivan. el futbol es para los croatas el lazo que los ata a la tierra devastada por la guerra. Al pequeño Ivan Rakitić no le tocó ver los horrores. De rebote escuchó la pérdida de familiares y amigos que no pudieron escapar como ellos. Su padre le obsequió una camiseta de esas ajedrezadas que cualquiera sabe que es de Croacia. Pensó en no quitársela jamás hasta que vistió la suiza como Sub 17.

El niño suizo se debatió entre una selección y otra hasta que decidió vestir la de cuadros rojos y blancos. Su país lo necesitaba y lo llamó. Vio llorar a su padre, un futbolista frustrado, cuando le contó que representaría a Croacia. Por eso no quiere quitársela nunca. Así lo escribió Rakitić para el portal The Player’s Tribune. 

“La mayor parte de mi corazón pertenece a Croacia. Siempre lo ha hecho (…) Hay una presión que viene con el uso de esa camiseta. Pero es una buena presión. Quieres mostrarle al mundo lo que Croacia puede hacer. Unos años después del final de la guerra mi hermano y yo finalmente pudimos ir a Croacia con mis padres. Y cuando llegamos allí era casi como un ‘tenemos que olvidarlo. Tenemos que continuar y dejarlo atrás’.