Víctima del “Príncipe”

Santiago.- El director de Prisiones Littré Quiroga no tenía escapatoria. Además de su gordura, gran altura y tez morena, que lo hacían fácilmente reconocible, en las horas posteriores al golpe militar del 11 de septiembre de 1973 fue uno de los hombres más buscados de Chile.

Cargaba con el odio que le tenían los uniformados de ultraderecha, que lo hacían responsable de los supuestos maltratos que habría recibido en prisión el general Roberto Viaux Marambio, principal referente del golpismo previo al derrocamiento de Allende.

Viaux fue condenado en junio de 1972 por su participación en el asesinato del comandante del ejército, René Schneider, el 22 de octubre de 1970, en una acción que pretendía impedir que el recién electo Salvador Allende asumiera la Presidencia, acción que contó con el respaldo de la CIA.

Pero no sería Viaux quien cobraría venganza. Lo hizo un grupo de oficiales que participaron en “El Tanquetazo”, la intentona golpista encabezada por el comandante Roberto Souper y otros ocho oficiales, entre quienes estaban los tenientes Edwin Dimter Bianchi y Raúl Jofré González, recientemente condenados por las muertes de Víctor Jara y Quiroga.

El Tanquetazo

El 29 de junio de 1973 Souper, al mando de su regimiento, realizó una violenta arremetida contra La Moneda. Los tanques abrieron fuego a las 08:58 horas: 500 balas impactaron la sede del gobierno; 16 oficinas de la Cancillería fueron destruidas. Pero fueron repelidos. Aquella jornada, Dimter entró con un tanque al Ministerio de Defensa para liberar al capitán Sergio Rocha Aros, detenido dos días antes al ser descubierto en un complot contra Allende. 

“El Tanquetazo” sería finalmente sofocado por tropas leales al gobierno, encabezadas por el general Prats. Éste, en una de las acciones más memorables de la historia militar chilena, enfrentó sin más protección que la dignidad de su cargo a un batallón de tanques que apuntaban a La Moneda. 

El alzamiento fue coordinado por Patria y Libertad, cuyo líder, Pablo Rodríguez, esperaba que la acción detonara una reacción en cadena que deviniera en la caída del gobierno. Constatado el fracaso, Rodríguez se asiló ese mismo 29 en la embajada de Ecuador.

Aquella jornada el general Pinochet se pondría su uniforme de combate y se mostraría abiertamente partidario de la preservación del gobierno, lo que le significaría ganarse la confianza del comandante Prats y del presidente Allende. Menos de dos meses más tarde lo colocarían al frente del ejército. 

El Príncipe malo

El 11 de septiembre de 1973 Quiroga estaba con licencia médica en su casa. Pero decidió presentarse en su oficina de la Dirección de Prisiones luego que la Junta Militar ordenara a una serie de autoridades del defenestrado gobierno de la Unidad Popular, entre las que se encontraba él, que se entregaran. 

Allí fue detenido por carabineros que lo trasladaron al Regimiento Blindados Nº. 2. “Ahí comenzó la dureza contra él”, dice el abogado Nelson Caucoto. 

Dimter y Jofré, que desde el día del “Tanquetazo” estaban detenidos en la Escuela de Telecomunicaciones del Ejército en Peñalolén, fueron liberados el 11 de septiembre. Junto con el coronel Souper fueron destinados a cumplir funciones en el Estadio Chile. Ahí desataron toda su furia contenida.

“Dimter y Jofré fueron los más ‘perros’ en el estadio. Tenían sangre en el ojo. Venían con mucha odiosidad por haber estado presos. Salen libres el día del golpe y se enfrentan a miles de detenidos, completamente a su merced. El ensañamiento para con los presos se explica por el estado psicológico con que venían”, explicó otro oficial de ejército que fue instructor de Dimter en la Escuela Militar y que tuvo reiteradas oportunidades de encontrarse con él en los meses previos al golpe militar.

Aunque su identidad no se revela, su relato aparece citado en el artículo sobre Dimter, el sádico “príncipe” del Estadio Chile, de la periodista estadunidense Pascale Bonnefoy.

En este reportaje otro oficial anónimo entrega su testimonio sobre el proceder de Dimter: “‘¿Me escucha la cloaca marxista? ¿Me oyen los comemierda? ¡Ahora se acabaron los discursos, chuchas de su madre! Ahora van a tener que trabajar. Los que se nieguen a trabajar, los fusilaremos. ¿Me escuchan los vendepatria?’. El oficial, con su vozarrón, no necesitaba usar el micrófono dispuesto en el pasillo del segundo piso del Estadio Chile. ‘¡Tengo voz de príncipe!’ exclamó ante miles de detenidos. Así, el arrogante teniente de 23 años quedó como el Príncipe, y su cara redonda y bonita permanecería grabada en la retina de los prisioneros políticos para siempre”.

Osvaldo Puccio Huidobro, que estuvo detenido en ese centro deportivo presentó testimonio en la causa 16.379-2005 por la muerte de Jara y Quiroga. Allí afirmó que vio la noche del 11 a Quiroga en el Regimiento Blindados N° 2. Juntos fueron llevados al Estadio Chile, donde pudo observar “las salvajes golpizas que Quiroga recibía por parte de varios grupos de uniformados, quienes lo agredieron con los pies y las culatas de sus armas, reprochándosele que hubiera tenido preso al general Viaux”. 

Relata Puccio que el malogrado jefe de Prisiones fue sacado varias veces, “probablemente para ser interrogado, volviendo siempre en peor estado, emitiendo a veces sonidos guturales ininteligibles, destacando que era el detenido más maltratado físicamente”. 

El exconscripto de ejército Claudio Armijo declaró en esta causa que habitualmente vio a Dimter “portando un linchaco con el cual golpeaba a los detenidos, siendo testigo que entre ellos, maltrató especialmente a Littré Quiroga, al que le gritaba: ‘Éste era el que torturaba al general Viaux en la cárcel’”.