La izquierda y la sociedad civil. Armando Bartra: Respeto a la diversidad

El panorama político al cual se asoma el país tras las elecciones del 1 de julio, si bien inédito en la vida contemporánea, debe situarse, sin duda, dentro de una línea de izquierda cuyos antecedentes históricos analiza, con sus diferencias y similitudes, el sociólogo Armando Bartra, mientras que Héctor Castillo Berthier, especialista en movimientos sociales juveniles, delinea la historia de la participación ciudadana hasta la notable irrupción actual, que sitúa como protagonista para el cambio.  

En opinión del sociólogo Armando Bartra, catedrático de la Universidad Autónoma Metropolitana, entre el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y las luchas sociales y políticas encabezadas en su momento por personajes como Valentín Campa, Othón Salazar, Rosario Ibarra de Piedra y Cuauhtémoc Cárdenas sí hay una continuidad histórica “dentro de las necesarias rupturas, virajes y diversidad, que no sólo es ideológica”.

Así responde luego de que en sus discursos de cierre de campaña y el pronunciado la noche del domingo 1 de julio en el Zócalo, el líder de Morena y ahora presidente electo Andrés Manuel López Obrador mencionó a dichos líderes. Considera que no obstante las condiciones específicas que han definido a cada uno de estos personajes, se puede hablar en sentido amplio de una izquierda histórica mexicana, una izquierda social, ideológica y una izquierda política. Sin embargo, aclara:

“No debe entenderse, de ninguna manera, como la repetición del mismo discurso o las mismas prácticas sino como una definición –quizás suena muy pacifico– espiritual, una actitud, un pathos, una pasión pues, que es la identificación con las causas de las mayorías populares: Justicia, equidad, libertad, soberanía y, en un sentido más específico –cuando menos a partir del México independiente–, el respeto a la diversidad.”

A manera de ejemplo de cómo dentro de las evidentes diferencias de las izquierdas hay una continuidad que las une, habla de la Revolución Mexicana, en la cual convergieron desde las posturas más radicales del anarquismo magonista del Partido Liberal Mexicano hasta las ideas políticas del zapatismo de Morelos, “que no era doctrinariamente anarquista… sino lo que hoy llamaríamos social-demócrata”, y tuvieron un claro acercamiento porque la coyuntura lo exigía.

“Y podríamos generalizar esto a otros momentos y circunstancias. En el 68, que es otro parteaguas, es reconocible. No necesitamos poner nombres, pero hubo quienes lo vivieron protagónicamente y pagaron por ese protagonismo con cárcel, con represión, muchos exmilitantes de base murieron y hubo una enorme diversidad de izquierdas participando: una izquierda comunista que estuvo y sigue estando en la marginalidad extrema, pero también el cardenismo del viejo Lázaro Cárdenas, y también las corrientes nuevas vinculadas a la Revolución Cubana. Todo esto es patrimonio de nuestras izquierdas.”

Siguió, recuerda, el cardenismo del ingeniero Cuauhtémoc, a fines de los años ochenta del siglo pasado, a quien el PRI y el sistema le arrebatan el triunfo electoral, pero hace posible después la aparición del Partido de la Revolución Democrática. En ese proceso permanecen las izquierdas radicales, socialistas, comunistas, marxistas, revolucionarias y la izquierda social de las insurgencias campesinas, obreras, de los colonos:

“Y creo que toda esta herencia histórica, más la presencia viva de múltiples expresiones de la izquierda, define lo que hace mucho rato llamamos obradorismo, encarnado hoy en un partido formal, que es Morena, y obviamente en un personaje que ahora será presidente de la República, que ya lo es porque triunfó. Será electo en unos cuantos días y finalmente entrará en función, aunque –y no es broma– ya está ejerciendo funciones desde hace varios días porque está acostumbrado a un ritmo intensísimo.”

Expresa su molestia por aquellos que no quieren dar su “bendición de izquierda” a López Obrador. El investigador ha señalado en varias ocasiones que la lucha anticapitalista o antineoliberal es global, como lo es ese sistema que está muy vivo y en su etapa salvaje.

Y en ese sentido el tabasqueño no la tendrá fácil. Sin embargo, no deja de reconocer la importancia de que “nuestro dinosaurio de por acá agonice”. Y destaca que, dentro de la izquierda –definida en cada momento de la historia de manera distinta–, un político impulse “un cambio justiciero, en términos de libertad, equidad y soberanía”:

“Creo que ésta es la izquierda viable en este momento. Una izquierda que responde a la correlación de fuerzas, a las necesidades profundas de la población que no estamos inventado o suponiendo en un cubículo o en un discurso político, se ha expresado, es la izquierda real en este momento.”

Refiere que “es inaceptable” la idea de quienes creen que no impulsar acciones para confrontar el capitalismo va en contra de la ideología de izquierda. Enfatiza:

“Tendremos un gobierno de izquierda, la izquierda que en este momento el país demanda, con una visión estratégica más radical de lo que hasta hoy se podía hacer. La pregunta es qué se podrá hacer y qué no. La respuesta es una: todos tenemos algo que aportar en este lugar y en este momento.”

Cuenta que fue testigo hace unos días de una reunión del gabinete ampliado de López Obrador, en la colonia Roma, donde se reiteró que el imperativo es el combate a la corrupción dentro del gobierno, pues es una lacra que impide la acción gubernamental:

“Lo dijo con una fórmula que comienza a repetir: ‘No habrá consideraciones con nadie, ni con los amigos, ni con los no amigos, pueden ser compañeros, pueden ser luchadores, pueden ser parientes, no vamos a consentir la corrupción’. Es una propuesta que tiene que ver con lograr que el Estado mexicano, sus aparatos, instituciones y funcionarios, los que van a quedar y los nuevos, puedan hacer su trabajo. Si no tenemos un gobierno en el marco de un Estado con posibilidad de ser eficiente, de utilizar los recursos racionalmente, para lo que realmente se necesita y con trasparencia, no hay nada que hacer.

“El Estado mexicano va a ser una palanca importante del cambio y no puedes trabajar con un Estado que ha renunciado a sus funciones de soberanía porque así dice el neoliberalismo: ‘cuanto menos Estado mejor’, sino que ha asumido funciones de servir a una burguesía facciosa, a los negocios turbios y a transformarse en trampolín del enriquecimiento de políticos que pasan de la iniciativa privada a la política y de la política a la iniciativa privada.”

Lo que se puede ahora lograr, remata, es un Estado apto para el desarrollo, pero debe hacerse también una profunda transformación de la sociedad mexicana, que sea más orgánica.

“Hay ya movimientos sociales, resistencia, la gente no está pasiva sino protestando, hoy hay una ciudadanía que no ceja en resolver el caso del paradero de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. Tenemos un magisterio muy afectado por una reforma educativa puramente represiva que sigue en la calle, y en todo el país, ¡en todo el país!, hay gente defendiendo los territorios contra los megaproyectos. Necesitamos pensar un nuevo sindicalismo para equilibrar la relación capital-trabajo; un nuevo proyecto de crecimiento para las organizaciones campesinas, reactivar el campo y lograr la soberanía alimentaria que perdimos con los neoliberales, y cómo vamos a enfrentar los problemas en las colonias populares. Todo eso es cuestión de la sociedad, no del gobierno, sin una sociedad organizada esto no va a funcionar.”