Castillo Berthier: Conciencia sobre la desigualdad

La idea de una sociedad civil organizada, política e independiente, a la cual se refirió el periodista y escritor Carlos Monsiváis tras los terremotos de 1985, surgió nuevamente luego de que el hartazgo de la población, y su rechazo a las políticas neoliberales y a la violencia apabullante, lograron llevar a Andrés Manuel López Obrador a la presidencia, con una copiosa votación calificada por el Instituto Nacional Electoral de histórica.

Académico del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, donde es coordinador de la Unidad de Estudios sobre la Juventud, Héctor Castillo Berthier indica que además de los factores mencionados hay cada vez una mayor conciencia sobre los pésimos resultados de la llamada macroeconomía, y una indignación contra el gobierno de Enrique Peña Nieto, “cuya marca central es la corrupción”.

Todo esto generó la movilización de la gente, y destaca en particular: “No quitaría del renglón que en estas elecciones de 2018 votaron por primera vez cerca de 17 millones de jóvenes. Y ahí sí hay una historia, todo un proceso de aglutinamiento y de participación. Si vemos lo sucedido en el terremoto de septiembre de 2017, en donde aparecieron estos miles de jóvenes millennials, socializados, con sus teléfonos, sus nuevas tecnologías a querer sumarse, a apoyar, finalmente tuvieron un peso en las elecciones”.

–¿Y realmente están organizados, aunque sea a través de las redes?, ¿se puede hablar de un movimiento?

–Pues no están organizados en un movimiento, sino a través de las redes o de múltiples redes que conjugan sus experiencias. Lo cierto es que tienen una mayor capacidad de acción, de reacción, y de comunicación que generaciones anteriores, y se traduce inmediatamente en grupos que sin tener que incorporarse a un movimiento, sin estar registrados o afiliarse, participan con un sentimiento y con una visión.

Precisa que esa visión se enfoca particularmente en la desigualdad:

“Es el eje que los corta a todos. Es decir, hay una conciencia sobre la desigualdad y sobre la pobreza, sobre el clasismo que se ha asimilado en la sociedad y sigue ejerciéndose, sigue vivo. Para muchos jóvenes es un punto que vencer, lo quieren interpretar de forma distinta, no es que vaya a desaparecer pero hay un porcentaje de jóvenes que están pensando en que vale la pena enfrentarlo.”

Se le pregunta si hay un parangón entre el movimiento con el cual triunfó Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, con muchos jóvenes que se movilizaron por la ineficacia del gobierno tras los terremotos de 1985, y los jóvenes que actuaron en el terremoto de 2017 y quizá son los mismos que decidieron por López Obrador.

“Me parece que sí. Hay un paralelismo entre las dos circunstancias porque, finalmente, en términos generales es una población mejor educada que la de hace treinta años, y mejor comunicada, lo cual genera mayor integración. Y el peso de los jóvenes ha sido importante.”

Advierte, sin embargo:

“Tampoco se trata de sacar las campanas al vuelo y decir que ya tenemos una enorme movilización nacional. Hubo una alta participación, un 63% de la población votó, de estos casi 54% en favor de AMLO, la otra mitad no votó por López Obrador. Lo que tenemos entonces es el desarrollo de un proceso, si el nuevo gobierno lo toma bien, asume bien el cargo y toma acciones, se puede ir incrementando, se puede fortalecer y subir sus números. Hay otro porcentaje que seguirá retrasando el proceso y seguirá con estos términos de ‘chairos’ que no van.”

Castillo Berthier entiende cuando López Obrador criticó a la sociedad civil, “porque una parte de ella se volvió ‘fifí’, eran los elegidos, los representantes de la sociedad, y hoy lo que tenemos son muchos grupos que trabajan de manera aislada, pero a través de esta forma de participación hay mecanismos de interacción. Un caso que me llama mucho la atención es el de Pedro Kumamoto, candidato independiente en Guadalajara, qué lástima que no llegó al Senado, pero la movilización que organizó a través de los llamados wikis, la wiki política, es muy positiva; encontraron la forma de derribar la firme pared de la política”.

En su opinión hay una historia de la participación ciudadana perfectamente identificable. En el caso de los jóvenes, desde el movimiento estudiantil del 68 que logró una movilización “hasta la fecha presente” y que se amplifica con el fraude a Cárdenas. Y más tarde el levantamiento zapatista. Considera que todo ello ha sumado al triunfo, que no se dio sólo por tratarse de López Obrador, ni de un día para otro.

Concluye que hay un elemento de participación, vital, palpable y “tenemos que encontrar los hilos para conducirlo, poder incorporarlo, aunque no sea como un actor político, necesitamos gestionar esta continuidad de la movilización de esta sociedad que está en crecimiento. Y para decirlo con Monsiváis: Creo que esta sociedad civil, no sé si nueva, es la que debe de cambiar al país en un momento tan especial como éste para romper con un modelo económico y abrir un modelo de participación comunitaria”.