La ópera es puro cuento: “Chip y su perro”

Los cuentos han sido siempre la delicia de los niños. Y es que los cuentos pueden ser de una enorme sencillez y totalmente digeribles mayor o ningún esfuerzo. La narración oral no escrita (y la escrita) se dan al borde de la cama sin ninguna complicación, al contrario de otras expresiones artísticas que se han presentado tradicionalmente por sus manejadores como algo de no fácil acceso, y sólo para “iniciados”.

Este es el caso de la ópera que si bien nació en el seno de un minúsculo grupo de cortesanos, rapidísimamente se convirtió en algo de reclamo y disfrute popular. Tanto es así que a los pocos años de estrenada la que se considera ya como ópera-ópera, La fabola d’Orfeo de Claudio Monteverdi, ya en la bella Venecia funcionaban por lo menos tres teatros de paga a los que el público asistía entusiasta.

Pese al tratamiento que a la ópera se le dio después, y particularmente en México en donde se convirtió en un espectáculo de élite, la ópera no es tan “misteriosa” como para que no pueda ser disfrutada por cualquiera, niños incluidos, siempre y cuando se le dé el tratamiento apropiado y se ponga al nivel de la normal mentalidad infantil.

Este es el afortunado principio que guía al programa “La ópera es puro cuento”, que con gran éxito viene presentándose desde el 2010 en la época vacacional. Tan buenos resultados ha tenido esto que la idea se amplió al ballet y el programa se llama “La ópera es puro cuento, y el ballet, también”.

De lo que se trata es de tomar obras que en estos géneros ya existan, y recrearlas o adaptarlas, y presentarlas como un cuento escénico fácilmente asimilado y disfrutado por los peques a los que, sin decirlo, se está introduciendo al maravilloso mundo de la música culta, el ballet y la ópera. 

Este año el programa se desarrolla en el Teatro de las Artes del Centro Nacional de las Artes, sábados y domingos al medio día, y se prolongará hasta el domingo 26 de agosto. Ofrecerá cinco títulos, dos de los cuales, Rey y Rey, con la Compañía Nacional de Danza, y Simbad, serán estrenos mundiales; otro, El niño y la noche, es estreno nacional, y Chip y su perro –que abrió la temporada–, y El día que María perdió la voz –que cerrará el ciclo–, son reposiciones.

No se crea, sin embargo, que los “cuentos” no se tratan con la seriedad profesional requerida. Así, Chip y su perro es creación de uno de los más importantes compositores de ópera estadunidense del siglo pasado, Gian Carlo Menotti, y fue puesta en escena con la adaptación al español de Alfredo Mendoza por solistas y coro de una entidad profesional, la Schola Cantorum de México, bajo la dirección escénica de Luis Martín Solís, y la musical de Rodrigo Cadet.

El próximo fin de semana, empezando viernes a las seis de la tarde, sábado y domingo a las doce del medio día y a las dos de la tarde, la Compañía Nacional de Danza ofrecerá Rey y Rey, el clásico cuento del rey y la reina, sólo que aquí, como el título indica, no hay reina sino otro rey. Hay que verla.