No más megaproyectos en la ciudad: Suárez del Real

Será el exdelegado de Cuauhtémoc por la Ciudad de México y expresidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, Alfonso Suárez del Real, quien conduzca los destinos culturales de la capital a través de ocho programas, cuyo eje es la llamada cultura comunitaria. Además, adelanta a Proceso, frenará la desmedida construcción de inmensos centros comerciales y recuperará el Zócalo.

La jefa de gobierno Claudia Sheinbaum será la primera representante del Poder Ejecutivo del régimen constitucional de la Ciudad de México, y –como consecuencia– el aún diputado Alfonso Suárez del Real encabezará la primera Secretaría de Cultura que cuente con una Constitución (promulgada el 5 de febrero de 2017) y con un marco de derechos culturales “puntual”, que la respalde y permita su reconstitución administrativa.

Así lo señala el también periodista y político, exdelegado sustituto en la Delegación Cuauhtémoc, y expresidente de la Comisión de Cultura de la LX Legislatura en la Cámara de Diputados, al esbozar su futuro proyecto de política cultural, en ocho programas generales, cuyo eje central será la cultura comunitaria, además de centros de innovación, grandes festivales, fomento a la lectura, al cine, educación artística, museos y teatros, y patrimonio cultural.

El nombramiento de Suárez del Real como titular de la secretaría, el domingo 22, causó sorpresa pues se esperaba la designación del escritor Paco Ignacio Taibo II, quien elaboró con un equipo la propuesta cultural de Sheinbaum (Proceso, 2163). El propio escritor explicó el viernes 27 en un artículo en el diario La Jornada que para ello se reunió con más de mil 200 creadores e hizo “largas investigaciones, debates y mucha imaginación”.

En su texto hace una suerte de despedida al mencionar que volverá a la lectura y seguirá apoyando a los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y Sheinbaum. Manifestó que apoyará al diputado (“mi gran amigo”), “fuera del aparato” institucional, y expresó que su nombramiento es “un claro acierto; lo hará sin duda mucho mejor que yo, que soy poco apto para lo políticamente correcto y las formalidades de la vida de funcionario”.

En su oficina de la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México, en la cual es diputado desde el 15 de septiembre de 2015, donde proliferan los libros, algunas obras de arte y justo detrás suyo un cuadro con los Sentimientos de la Nación de José María Morelos, Suárez del Real reconoce dos de los grandes problemas de esta enorme capital: la pobreza que –cita al sociólogo Zygmunt Baumann– considera la peor figura de la violencia, y la gentrificación (fenómeno por el cual se expulsa de un barrio a los habitantes originales para construir con mayores alturas u otros usos de suelo) que ha dado pie a los megaproyectos.

Por ello se compromete a trabajar por la reconciliación, impulsar una nueva forma de concebir la urbanización dentro de la cual ya no se permitan más megaproyectos para plazas comerciales o grandes edificios. Y a recuperar para la ciudadanía la Plaza de la Constitución; no es que se le vaya a prohibir su uso a empresas de espectáculos como Ocesa o CIE, pero considera que hay eventos que pueden realizarse en otros espacios públicos.

Parte del hecho “fundamental” de que la política cultural es impulsada por la propia Sheinbaum, quien además de haber estudiado danza y tener sensibilidad, “tiene mucha claridad de lo que quiere en materia de cultura”:

“En primer lugar, nuestro gobierno va a tener filosofía. O sea, por qué llegamos a gobernar, para qué queremos ser gobierno y qué vamos a hacer para lograrlo. Estamos convencidos de que, si el país necesita un proceso de reconciliación para lograr la paz, la ciudad no está exenta de ese proceso, tal vez con menos aristas violentas que ciertas áreas de la república, pero la violencia se ha expresado en muy diversas formas. La peor es la pobreza y nos preocupa y ocupa tratar de equilibrar las carencias.”

Respeto a la ciudad

Subraya el diputado que la gentrificación es también una forma de violencia. Y, además, va contra los compromisos de México ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) de preservar el paisaje urbano e histórico y el patrimonio cultural:

“Ahí tenemos una gran forma de violencia. Esta ciudad se vició mucho a través de la proliferación de espacios que nos son ajenos, como las plazas comerciales. ¡Oiga, 108 plazas comerciales en el territorio de la Ciudad de México! Y si sumamos la zona conurbada llegamos a casi 300, con los malls de Lerma, etcétera. Es una forma contraria a nuestros usos y costumbres como civilización aún en procesos de modernización, somos más de mercado.”

Aclara que no se trata de tener ciudades museo, pero que el desarrollo urbano debe ir de la mano de los habitantes de la capital e insertarse en la cultura urbana. No sólo se han construido múltiples y monumentales centros comerciales, sino también macrotorres de departamentos u oficinas. Un caso emblemático ha sido el Paseo de la Reforma (Proceso, 2068). En este sentido, Suárez del Real recuerda que la primera estructura en la emblemática avenida fue la Torre Mayor, que en su opinión “respetó la isóptica”, metiéndose siete metros para dejar el arbolado y la visual libre hacia el Castillo de Chapultepec.

Pero inconcebiblemente, fue la ya de por sí controvertida Estela de Luz la que comenzó a meter “desorden”:

“Me estaba muriendo más del coraje que del cáncer. Los dos palillos son un horror. Yo sí le pediré a la Federación, de manera muy comedida, que valoremos la pertinencia de desmontar las dos estructuras, no tienen utilidad. El centro digital, donde aquel hombre (Felipe Calderón) quiso hacer un mausoleo, es una maravilla, no necesita las torres para hacerse notar, y al estar en la hondonada ha hecho redimensionar el edificio de la Secretaría de Salud.”

Siguieron una serie de construcciones que han cambiado por completo la imagen de Reforma. Pero sucede igual en otras zonas como la avenida Insurgentes. Recientemente, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) vio amenazada la declaratoria de su Campus Central como Patrimonio de la Humanidad, por un par de edificios de cerca de 90 metros de altura que serían construidos frente a la Biblioteca Central, por la compañía Be Grand (Proceso, 2157). Se ha repetido que las delegaciones dan los permisos para este tipo de megaproyectos.

Suárez del Real precisa que la naciente Constitución de la Ciudad de México establece que todo lo relativo a licencias para megaproyectos y construcciones superiores a determinado metraje corresponderá al gobierno central. Y a más tardar en 2020 quedará establecido el Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva, en el cual participará también la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda, y la idea va “en el sentido de que no se puede permitir una megaobra más. Está ciudad ya no da para ello”.

Al preguntarle si entonces la UNAM ya no tendrá problema con Be Grand, aclara que por desgracia hay varios proyectos autorizados desde antes, pero habrá que pelear y ahí se apoyará al Instituto de Investigaciones Jurídicas y la Facultad de Derecho de la Universidad. En otro orden –añade–, habrá que revisar y pedir que el gobierno actual deje extintos los fideicomisos del Corredor Chapultepec y del Centro de Transferencia Modal (Cetram), donde el gobierno de Miguel Ángel Mancera construiría una torre más en la zona.

Líneas generales

Además de contar con la Constitución, el futuro titular estará respaldado por las leyes de Derechos Culturales de los Habitantes y Visitantes de la Ciudad de México y la ley General de Cultura y Derechos Culturales. Él participó directamente en la elaboración de ambas. El paso siguiente, dice, será construir la estructura que garantice el acceso a la cultura, el respeto a la diversidad y la libertad creativa, propósitos de su gestión.

Se hará uso de los derechos culturales para el tema de la cultura comunitaria, complemento de lo que en la Delegación Tlalpan se operó como ciberescuelas, cuyo fin será recuperar espacios. El lema será “más cultura, menos policía”. La meta es tener al menos 150 Centros Comunitarios de Innovación Social con cinco talleristas que ayuden a los participantes en los talleres a elaborar productos, pues a los chavos ya no les basta con participar en procesos culturales: necesitan producir, trabajar y allegarse recursos.

Otra propuesta es el programa de festivales. Ya se planea uno de danza para llenar las plazas públicas de danzón, cumbia, folclor, y los teatros de danza clásica y contemporánea. Otro más de ciencia y tecnología que no compita con el del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), sino que tenga otro enfoque. Se fortalecerá la Feria Internacional del Libro del Zócalo, que aspira a superar a la de Guadalajara, no sólo por la oferta de libros sino con mesas, conferencias y las brigadas Para Leer en Libertad.

En materia de fomento al cine, afirma que se darán facilidades para que la ciudad siga siendo escenario de filmaciones, pero cuidarán que productores, directores y actores comprendan que es de los habitantes, y que las autoridades sólo la administran, y la autorización y el pago de derechos no permite entorpecer la cotidianeidad de los vecinos –como reportó Proceso en su edición 1810– con la filmación de telenovelas de Televisa en el barrio de La Conchita, Coyoacán.

Pero, añade, se pueden encontrar términos medios y conciliación. Ya le tocó con una producción de Epigmenio Ibarra convencer a los vecinos, quienes hasta terminaron colaborando de extras. En este rubro se buscará asimismo impulsar más cineclubes para ampliar la oferta, no sólo de exhibición sino de cine-debate.

Tiene el proyecto de abrir el Museo de la Ciudad de México a las expresiones culturales de toda la urbe, dejando el primer nivel a la época colonial. La prehispánica ya puede apreciarse en el Templo Mayor, dice (a cargo del Instituto Nacional de Antropología e Historia). Y quedará lo hecho respecto al siglo XIX por Joaquín Clausell.

Se pedirá que el programa “Becario, no sicario” para jóvenes se aplique también a los alumnos del Centro Cultural Ollin Yoliztli. Y de igual manera que en el gobierno federal, una parte del proyecto capitalino estará enfocado al rescate del patrimonio cultural dañado por los sismos de septiembre de 2017.