“Si tan sólo Solitario estuviera en casa”

Solitario es el nombre de un niño que se queda solo en casa porque sus papás trabajan hasta muy noche. Sufre su soledad y tiene dificultades para relacionarse con las personas del pueblo y en particular con una niña que después será su amiga.

Si tan sólo Solitario estuviera en casa, escrita por el autor australiano Finegan Kruckemeyer y llevada a escena por la Compañía Teatro Luna de Papel, es un acercamiento a la vida infantil en solitario. Ya no es un tema tabú, pues esta problemática se ha abordado desde distintos aspectos y ha generado múltiples historias dentro del teatro. En esta propuesta dramatúrgica no hay grandes aventuras, como en otras, ni significativas verdades. Es una obra para mostrar una realidad a través de situaciones sencillas y describir el contexto de Solitario.

Las obra de Kruckemeyer nos muestra quién es Solitario y quién es su amiga: qué hacen, qué les gusta y cómo son sus papás. Enumera a algunos de los habitantes del pueblo y es hasta en la última parte que se plantea el conflicto: unos cuervos han corrido un chisme que perjudica a Solitario y lo han hecho encerrarse en su casa. Para la resolución, los del pueblo han dejado en la puerta de la casa de Solitario distintas cosas: una foto del viento, una canción que cantas en el coche y un rayo en un frasco. La niña nos muestra cada una de ellas y después, junto con Solitario, nos las vuelven a mostrar, pero ahora en acción.

A lo largo de la obra se hacen variadas enumeraciones; de personajes, de objetos y de acciones, lo cual la vuelve un poco cansada. Los niños se distraen, a pesar del esfuerzo de pretender hacerla divertida, exagerando o caricaturizando lo que se muestra.

La directora Sandra Rosales opta por enfatizar cada uno de los acontecimientos y las actitudes que adoptan los personajes. Esta necesidad de creer que a los niños hay que dejarles muy claro lo que están sintiendo los personajes o lo que les está pasando, corre el riesgo de tener una visión simplista del imaginario infantil. Tal vez se pensó que era necesario, para así diferenciar a los 18 personajes que Mariana Moyers y Bruno Benítez realizan, aunque los personajes femeninos tienden a ilustrar y a hablar como lo podría hacer una maestra en un salón de clase.

Es ingeniosa la resolución escenográfica de Ismael Carrasco a través de gran cantidad de hilos para tejer, al igual que la idea de la directora de usar el tejido tanto en el vestuario como en distintos objetos de utilería. Otros objetos son como de peluche; como los que los niños pequeños tienen en su casa y con los que los personajes juegan como si estuvieran en su habitación.

Es importante que la Compañía Teatro Luna de Papel cuente la historia de Solitario, porque la sensación de abandono que los niños tienen con padres trabajadores es muy común, aunque habría que refinar las formas. En una pequeña población como la que muestran, es más factible que la comunidad apoye a un niño que se aísla, pero en las grandes urbes se potencializan esta soledad.

Si tan sólo Solitario estuviera en casa se presentó el año pasado en la Sala Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque del INBA y actualmente se encuentra en cartelera en el Teatro Benito Juárez del Sistema de Teatros de la Secretaría de Cultura de la CDMX.