Edson Ramírez, la joya de tiro deportivo que la Conade no ve

Su historia es peculiar: ahijado del ligamayorista Ismael El Rocket Valdez, Edson Ramírez en la infancia se debatió entre el beisbol y el tiro deportivo. Gracias a la visión del entrenador Gerges Chiprut, la joven promesa eligió el rifle de aire, aunque por un tiempo usó su uniforme de beisbol en el campo de tiro. Con la llegada de Blas Ruiz, el chico mejoró su habilidad a tal grado de que ganó tres medallas de oro, impuso un nuevo récord y venció a rivales experimentados en la pasada edición de los Juegos Centroamericanos. Hasta el momento, ninguna autoridad federal se ha acercado a él. 

Es una persona con alta capacidad de concentración, perfeccionista, perseverante. También es tolerante a la frustración y disciplinado, capaz de fijarse metas y cumplirlas. Se trata del perfil psicológico de Edson Ramírez, campeón centroamericano en rifle de aire 10 metros y ganador de dos medallas de oro más en las modalidades por equipo y mixto. 

En Barranquilla, Colombia, sus primeros Juegos Centroamericanos, el mejor prospecto mexicano en la disciplina de tiro deportivo enseñó que el país cuenta con un atleta exitoso para los próximos Juegos Olímpicos de la Juventud y rumbo a Tokio 2020. 

Originario de Ciudad Victoria, Tamaulipas, con 18 años recién cumplidos, el tamaño de los sueños de Ramírez contrasta con su 1.70 de estatura. Tiene cara de niño. Sus ojos son tan rasgados que todos lo apodan El Chino. Edson Ismael Ramírez Ramos, quien quiso ser pelotero, terminó de tirador; 243.5 puntos le dieron el oro por encima de los veteranos cubanos Reynier Estopiñán, campeón de esta prueba en Veracruz 2014, y Alexander Moleiro. 

La marca no está ni cerca de la mejor que obtuvo este año en la Copa del Mundo en Alemania, 623.9 puntos, pero fue suficiente para derribar el récord centroamericano que pertenecía a Estopiñán. Está a un selectivo nacional de ganarse el lugar para representar a México en los Juegos Olímpicos de la Juventud que tendrán lugar en octubre próximo en Buenos Aires. 

Con apenas tiempo para descansar, Ramírez ya está de regreso en Saltillo, donde entrena con Blas Ruiz. En noviembre lo esperan los Juegos de las Américas, en Guadalajara, la competencia continental en la que buscará la calificación a Tokio.  

“Esto es un escalón muy importante en su preparación. Ahorita, a la Conade (Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte), al país, le toca apoyarlo con un programa bien estructurado. A Edson le falta madurar, competir, tirar más, pero va por buen camino. Encontrar un atleta que luche tanto, sea exitoso y quiera ser el mejor del mundo es muy difícil. Él tiene mucha disposición. Si consigue la plaza para los Juegos Olímpicos, tendrá un ciclo muy importante en desarrollo. 

“Sus mejores resultados, es decir, estar en finales de copas del mundo, sería hasta el siguiente ciclo (rumbo a París 2024)”, explica Blas Ruiz, exatleta, retirado desde 2011.

Para posicionarse entre los ocho mejores tiradores a nivel mundial en copas del mundo se necesitan unos 627 puntos. Los primeros rankeados tienen entre 629 y 631. Para tener 18 años, las puntuaciones que alcanza Ramírez están por encima de la media. 

La prueba de rifle de aire 10 metros consiste en disparar 60 veces durante 1 hora con 15 minutos con la mayor precisión posible para darle al 10. Mientras mejor sea el disparo, los tiradores ganan décimas. Un 10.1 es un centro de centros. Un 10.9 es un disparo perfecto. Antes del inicio, los tiradores cuentan con 15 minutos para calentar. Ya con el traje puesto, que pesa siete kilos y medio, el atleta busca su dirección corporal. No dirige el rifle con la mirada, sino con su cuerpo hasta encontrar más equilibrio. El arma alcanza a pesar 4.6 kilos. 

Además de la concentración, un tirador requiere piernas fuertes. Ramírez cuenta con un equipo multidisciplinario de parte del Instituto del Deporte de Coahuila. Tiene una preparadora física que le pone sus rutinas de ejercicios de fuerza. Además, debe trotar y nadar. Cuenta con un fisiatra, un médico y con su abuela que es su psicóloga. A ella nadie le cubre el costo de sus servicios. 

Desde el diamante

Edson Ramírez es el producto de un programa de desarrollo correcto que han aplicado los entrenadores Blas Ruiz, en Saltillo, y Gerges Chiprut, en Ciudad Victoria. Desde hace nueve años, ellos administran el talento de este atleta. 

Este joven de 18 años nació en la capital tamaulipeca. Hijo de un pelotero de cepa, el niño pasó su infancia en la Liga Municipal de Beisbol. Su padre soñaba con que se pareciera a su padrino, el exjugador ligamayorista Ismael El Rocket Valdez, también tamaulipeco. Pero en su destino se cruzó Chiprut, un jugador de beisbol en el equipo del señor Ramírez y amigos desde la infancia.

Chiprut seguía jugando beisbol, pero ya era el entrenador estatal de tiro deportivo, disciplina en la que los tamaulipecos históricamente han destacado en las olimpiadas nacionales y también en justas internacionales. Desde que vio al niño sentía que tenía las condiciones para el tiro. Prácticamente rogó durante años para que lo llevaran a la cancha de tiro. 

Tendría unos nueve años cuando Chiprut lo recibió por primera vez. 

Imposible desarraigarlo del beisbol, Edson disparaba con el uniforme de pelotero puesto. Soltaba el rifle y asía el bat. De la cancha de tiro al diamante, todos los días, hasta que se enamoró del tiro. 

“Cuando le empezó a gustar ya no lo solté. En su primer triunfo conmigo en la categoría infantil tiró 28 de 30 siluetas. Fueron tres años de estire y afloje hasta que se comprometió a entrenar sólo tiro deportivo. En lugar de descansar prefería entrenar. Eso hizo la diferencia. Siete años lo entrené hasta que su papá se mudó a Saltillo por trabajo y me despedí de él”, recuerda. 

Con casi 15 años, Edson Ramírez pasó sus vacaciones de Semana Santa en Saltillo, con un amigo que lo invitó a un campamento para entrenar con Blas Ruiz. Entrenador y atleta quedaron fascinados. El primero se deslumbró con el talento del chico; además, no podía creer que un adolescente cambiara un viaje a la playa por ir a entrenar. El segundo, con las instalaciones porque en Ciudad Victoria no tienen la tecnología que sí existe en Coahuila, como los blancos electrónicos suizos. El cambio de residencia sirvió para pulir el trabajo de su primer entrenador. 

“Todos hacemos un trabajo. Los estados aquí ya hicieron el suyo. Hay que hacer que Edson llegue a lo más alto. Los padres son quienes impulsan más al niño. Ahora le toca al gobierno federal terminar el trabajo que ya se hizo”, dice Chiprut.

Riesgo para Edson

El rifle de aire de la marca Walther, de los mejores del mundo, cuesta alrededor de 70 mil pesos. El arma la paga el papá de Edson. El traje de lona y piel ronda los 40 mil pesos. Consiste en un pantalón cuya cintura está 10 centímetros por encima del ombligo y evita lesiones en la columna vertebral por la posición antinatural. La chamarra protege la espalda alta.  El conjunto da estabilidad, lo que permite tener un control más efectivo del arma. Equipar a un tirador cuesta entre 130 mil y 150 mil pesos. 

Es un deporte aún más caro cuando se trata de desarrollar talentos en competencias internacionales. Por eso, Blas Ruiz no se explica cómo la tiradora jalisciense Goretti Zumaya desapareció del plano deportivo, después de haber sido medalla de plata en la Copa del Mundo y de posicionarse entre las ocho mejores en un preolímpico, un resultado histórico para el país. 

“No sólo está Edson. Han salido muy buenos tiradores de la Olimpiada Nacional, chavos que tienen entre 16 y 19 años. Hay un grupito muy bueno que merece un plan de desarrollo bien estructurado, pero que no los obliguen a irse a la Ciudad de México porque no van a lograr nada, se van a perder.  En el tiro ayuda estar tranquilo, hacer las cosas habituales. México perdió a una de las mejores tiradoras porque Goretti ni calificó a Centroamericanos y ahí está ya en el olvido”, lamenta Ruiz.

El entrenador coahuilense dice que la Conade recluta a los atletas que los estados ya construyeron, lo cual no estaría mal si no los echaran a perder, como ocurrió con Goretti Zumaya. 

Si califica a Juegos Olímpicos, Edson Ramírez obtendría una beca del gobierno federal y, en teoría, el respaldo de un equipo multidisciplinario de primer nivel. Por ahora, señala Ruiz, nadie trata con él. No le preguntan qué necesita. Pero las tres medallas que obtuvo se suman a la cosecha de oros con la que México ganó los Juegos Centroamericanos por primera vez desde 1966 con Cuba participando. Los resultados de Ramírez ayudan a que los funcionarios se paren el cuello. 

Por lo pronto, Ruiz es optimista. Confía en que Edson Ramírez ganará el control interno y calificará a Buenos Aires. La posibilidad de que se convierta en campeón olímpico juvenil es alta, según sus marcas. 

Incómodo

A Barranquilla, Ramírez viajó sin su entrenador. Tampoco lo acompañará a los Juegos Olímpicos de la Juventud. Blas Ruiz no es bienvenido en la Conade desde que rechazó mudarse a la capital del país. Le quitaron el puesto de entrenador nacional. Además, sus quejas por el trato a Zumaya terminaron por cerrarle cualquier puerta. 

Cuando Ramírez es convocado a la selección nacional se debe presentar en la Ciudad de México. Por teléfono, Ruiz le pasa y vigila sus entrenamientos. Confía en el talento de su alumno y en lo disciplinado y empeñoso que es. Tiene el perfil para ser un tirador excepcional porque es decidido, un muchacho inteligente y analítico. 

Le ha metido en la cabeza la idea de que durante las competencias no volteé a ver la pizarra donde aparecen los resultados parciales. Ya genera suficiente estrés estar ajustando el arma y pensar en corregir su postura corporal como para todavía preocuparse de si va en primer lugar o en último. 

“Él en su monitor va viendo su competencia. Podría voltear a ver la pizarra, está preparado para que, aunque la vea, el resultado no haga mella. Su atención y concentración deben estar en su trabajo. No me gusta que vea la pizarra porque él tiene que asumir la responsabilidad de quién es y qué hace contra sí mismo. Nadie influye en su resultado. Si no, entra en un mar de inseguridad y deja de pensar en su técnica.” 

Con Gabriela Martínez de Guanajuato, Edson Ramírez ganó la medalla de oro en la misma prueba, pero en la modalidad de mixtos. Martínez es otro talento en ciernes que en el corto tiempo deberá destacar a nivel internacional. 

Frida, la hermana menor de Edson, ya entrena con Chiprut. El entrenador ve en ella un gran futuro deportivo. Y en las manos de Blas Ruiz está Rocío Carrera, otra riflera de gran categoría que forma parte de la nueva generación de tiradores mexicanos.